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sábado, 19 de julio de 2014

Alberto Benegas Lynch, 7 de Septiembre de 2013, Hotel Sheraton, Colonia, Uruguay.


Como se dijo recién, quiero reflexionar con ustedes y me gustaría oír después sus opiniones, sus críticas y sus reflexiones en el periodo de preguntas. Es, como ustedes saben, muy higiénico y muy saludable la crítica a los gobiernos para mantenerlos en brete, para que el Leviatán no se salga de cauce. Es también saludable muchas veces la crítica a la oposición cuando no hace verdadera oposición. Pero para poner las cosas en su justo término creo que es importante comprender y creo que ustedes compartirán esto que los políticos son, en última instancia, cazadores de votos, esto es, tienen que olfatear cuáles son las demandas de la gente para articular un discurso en esa dirección. En realidad la función del político y la función del académico y del profesor están cruzadas. Si el profesor, antes de entrar a dar una cátedra o una clase, ausculta qué es lo que los alumnos quieren oír está perdido como profesor. Y al revés, si un político asume en la tribuna y dice cosas completamente distintas de lo que la gente es capaz de digerir está perdido como político. Entonces pongámoslo de esta manera. El político o los políticos o los gobernantes que criticamos están embretados a pronunciar un discurso en determinada dirección según sea capaz la audiencia de digerir o de aceptar lo que está diciendo. Vamos a ponerlo de esta manera… Supongamos que hay un límite de máxima libertad y un límite de mínima libertad. Si el liberal, en la arena política, pretende un discurso más allá del punto de máxima empieza a perder votos. Si la izquierda, para ponernos, de alguna manera, esa tradición de pensamiento, pretende un discurso que restrinja la libertad más abajo del punto de mínima empieza a perder votos, de manera que el político en funciones está embretado entre un plafón o una banda de máxima y de mínima en el discurso. Y ahora viene la pregunta de fondo: ¿de qué diablos depende ese punto de máxima o ese punto de mínima? ¿De qué depende ese plafón del clima de ideas? Se ha dicho, con razón, que hemos vivido en tal o cual época la era de Keynes o la era de Marx. No es que el político haya estudiado o haya ni siquiera conocido los libros de Marx o Keynes, sino que la opinión pública demanda cierto discurso como consecuencia del trabajo intelectual previo. Entonces está en el debate de ideas. Es un tema esencialmente educativo para ampliar o achicar ese margen. Entonces está bien y es higiénica la crítica, pero para no cargar demasiado las tintas tenemos que hacer un sub en otro lado, es decir, en la arena educativa, en el debate de ideas. Entonces nosotros observamos, ustedes observan seguramente que muchos colegas economistas, con la mejor de las intenciones, describen cuadros, muestran series estadísticas, por ejemplo en el caso argentino que las reservas bajan, que se incrementa la base monetaria, que tales y cuales ratios con el producto, que tales y cuales cuentas del balance de pagos, pero dejan sin analizar lo que está atrás de esas estadísticas, lo que está atrás de esas mediciones. Entonces con eso no corremos el eje del debate. Si hubiera sido un problema de estadísticas y de mediciones ya hace mucho tiempo que se hubieran entendido las ventajas de la sociedad abierta. Incluso en situaciones semejantes, como era Alemania Oriental y Alemania Occidental o como es ahora Corea del Sur y Corea del Norte, simplemente con desarrollar estadísticas se hubiera resuelto y ese no es el tema. El tema es entender nexos causales, es entender qué está atrás de esas estadísticas y, más aún, en ejemplos extremos, si nosotros fuéramos a hacer una crítica a esa isla-cárcel llamada Cuba y queremos discutir con Raúl y Fidel Castro sobre las ratios con el producto bruto y la expansión de la base monetaria, se van a reír de nosotros porque les importa un bledo…, los que quieren expandir simplemente el poder y tener una estructura hegemónica. Ahora, para modificar lo que está ocurriendo, acá viene una cosa muy curiosa, la gente, alguna, está disgustada con lo que ocurre en este o en aquel país, con lo que hace este o aquel ministro, etcétera… Sin embargo hay una especie de apatía por modificar las cuestiones de fondo. Entonces yo quisiera plantear algunos temas y, como ha dicho Einstein, es absurdo pretender obtener respuestas y producir consecuencias distintas aplicando las mismas recetas. Entonces ¿qué queremos? Si se mantienen las mismas estructuras institucionales, si se mantienen las mismas estructuras económicas los resultados van a ser los mismos. No podemos esperar milagros. Entonces empiezo con este primer punto, si se quiere menor, y es el tema en la Argentina del INDEC, de las estadísticas falseadas. Yo a veces pienso si no hubiera estadísticas falseadas y no hubiera inflación ¿qué pasaría en la Argentina? Yo creo que la mayor parte de la gente, por ese tema del déficit educativo, estaría de acuerdo con el modelo vigente, léase el manotazo al fruto del trabajo ajeno. La mayor parte de la gente, la mayor parte de la oposición lo comparte. Entonces vamos al tema del INDEC. Yo me acuerdo cuando Alfredo Canavese, colega mío en la Academia Nacional de ciencias Económicas, me sugirió que pusiera mi nombre para adherir a una solicitada mostrando estas falacias del INDEC, yo le dije “bueno, está bien Alfredo, te doy mi nombre, pero hay algo saludable y hay algo bueno en las falsedades de los números del INDEC”; “¿pero cómo es eso?”. Dejando de lado los contratos y los arreglos contractuales que hay a raíz del establecimiento del INDEC, que había que modificar en otra dirección, dejando de lado eso, digo ¿por qué los gobiernos tienen que producir estas estadísticas? A raíz de los problemas graves de las falsedades del INDEC le dije yo a Alfredo “sería bueno que aparezcan universidades e instituciones que fabriquen sus estadísticas y eso en competencia, en un mercado abierto, nos va a dar series estadísticas y nos va a dar números y nos va a dar índices confiables” que, en alguna medida, es lo que ha ocurrido. Ahora, no todos los colegas, no todos los consultores económicos se limitan a la cuestión de las series estadísticas y los cuadros. Afortunadamente hay colegas y hay consultoras que trabajan en los fundamentos, en lo que está atrás de esas estadísticas y un ejemplo, que me ha sorprendido muy gratamente, es Inversor Global. Los informes de Inversor Global, que no los he leído todos, pero los que he leído es muy interesante ver como conectan lo que está ocurriendo, la descripción de la coyuntura con los fundamentos. Yo descubrí a Inversor Global gracias a mi amigo Manolo Mariño, acá presente, y he leído varios de esos documentos que, como digo, me han producido un gran estímulo. Ahora ¿qué puntos, creo yo, algunos, que deberíamos de tratar y debatir y espero poder debatir con ustedes en el periodo de preguntas? Bueno, se me ocurre lo siguiente, primero el concepto de igualdad. No estoy hablando de igualdad ante la ley, sino igualdad patrimonial o igualdad de resultados o una tendencia a achicar el delta o la diferencia de patrimonios y rentas. Yo creo que es importante subrayar que en una sociedad abierta, en el plebiscito diario del mercado, los consumidores al asignar sus recursos, al comprar o abstenerse de comprar, están estableciendo esas diferencias según creen en la eficiencia para atender sus necesidades, tanto al chocolate, tanto a la lechuga, tanto a tal o cual bebida. Ahora resulta que a la salida de sus votaciones en el supermercado están políticos diciendo “vamos a redistribuir ingresos”, lo cual quiere decir “volver a distribuir por la fuerza lo que ya se distribuyó voluntariamente en los procesos de mercado”. Y como los recursos no crecen en los árboles y no hay de todo para todos, todo el tiempo, la mala asignación de esos factores productivos va a implicar bajas en la tasa de capitalización y, por lo tanto, menores salarios e ingresos en términos reales. Entonces los “gene ratios” y equivalentes pueden ser útiles para ver la dispersión del ingreso, pero no a los efectos de juzgar si eso está bien o está mal. Es lo que es. Es lo que determina la gente que sea. Es completamente irrelevante cuáles son esas diferencias. Lo que pasa es que me parece que cuando se decide establecer determinada marca para igualar rentas y patrimonios ocurren dos cosas. Uno, los que está debajo de la marca van a esperar que se los redistribuya de una redistribución que nunca llega, porque los que están arriba de la marca, si son conscientes de lo que les puede ocurrir, van a disminuir sus inversiones y van a disminuir la asignación de los factores productivos, por una parte. Por otra parte, si los llevamos a un extremo y decimos que hay que igualar todas las rentas y patrimonios, esto quiere decir que estamos inmersos en un sistema necesariamente totalitario, puesto que habría que aplicar la fuerza cada vez que alguien salga de la marca establecida. Ahora, esto está conectado con lo que en teoría de juegos se llama la suma cero. Se piensa “fulano de tal tiene un don y esa es la razón por la cual yo soy pobre. Es como si hubiera una cantidad dada de riqueza, que lo que gana uno necesariamente lo pierden otros y es precisamente lo contrario lo que ocurre en los procesos de mercado donde necesariamente las dos partes ganan. Por eso habitualmente en un quiosco, en un supermercado tanto la cajera como el va a comprar se agradecen recíprocamente, porque ha aumentado la cantidad de riqueza. No ha aumentado necesariamente en cuanto a lo material. Como ustedes saben los que han visto física, Lavoisier ha dicho y ha explicado que nada se pierde, todo se transforma. El tema son incrementos de valores. Si uno ve un teléfono moderno, tiene mucha menos materia que un teléfono antiguo; sin embargo el servicio que presta el moderno es mucho más alto. Hay un autor, que es profesor en la Universidad de Oxford, Anthony de Jasay, que ha dicho incluso este razonamiento, haciendo una metáfora, un paralelo con el deporte… Se dice, bueno, pero ¿por qué el tema de la herencia?, ¿por qué algunos nacen con ventajas respecto a otros?, ¿por qué no hacemos un paralelo con una carrera de cien metros donde todos nacen con las mismas posibilidades y el que llega primero es su mérito, por su esfuerzo y no porque heredó de su padre? Bueno, esa metáfora es autodestructiva porque el que llega primero y se esforzó en esa carrera, alargar la segunda carrera de nuevo hay que nivelar ingresos y patrimonios, es decir, si se sigue con el razonamiento que los padres no pueden transmitir los recursos a sus hijos, quiere decir que hay nivelaciones en todas las carreras y, por lo tanto, es inútil el esfuerzo. Se ha establecido y es muy común la crítica al impuesto progresivo. Por supuesto que los que más tienen tienen que pagar más en tasas progresivas. Como ustedes saben hay básicamente dos sistemas fiscales. Uno es el sistema proporcional, es decir, todo el mundo paga la misma tasa, todos los que están acá el diez por ciento. Desde luego que el que gana un millón el diez por ciento es más que el que gana mil, pero la tasa progresiva implica que a medida que progresa el objeto imponible, progresa la alícuota o la tasa, lo cual produce varios efectos muy contundentes. Primero es un privilegio enorme para los ricos, porque si nosotros nos imaginamos una pirámide patrimonial y los que están en el vértice de la pirámide se instalaron antes del impuesto progresivo, los que vienen ascendiendo trabajosamente desde la base les cobran el veinte, el treinta, el treinta y cinco, setenta, setenta y ocho…, no llegan en la perra vida al vértice. Con esto se estableció un sistema feudal. El que nace rico nace y muere rico y el que nace pobre nace y muere pobre. La movilidad social es indispensable. Los que juegan al ranking saben lo que significa el hand off; los que están en el vértice le están haciendo un hand off a los que vienen de abajo y, en los sistemas abiertos y competitivos, el que está en el vértice y no sirve tiene que bajar con la velocidad necesaria y el que está en la base y sirve tiene que subir con la velocidad necesaria. Primer efecto. Segundo efecto, altera las posiciones patrimoniales relativas, esto es, todos nosotros vamos al supermercado, compramos, nos abstenemos de comprar, estamos asignando recursos de esa manera, entonces tenemos una relación, como los que estamos en este cuarto, de dos a seis, tres a uno, cuatro a ocho en nuestras relaciones patrimoniales… si se establece un impuesto proporcional vamos a tener en las carteras y en las billeteras menos recursos, pero las posiciones patrimoniales relativas quedaron inalteradas; sin embargo si es progresivo se alteraron todas la posiciones relativas. ¿Y qué importa alterar las posiciones relativas? Importa que se han reasignado recursos respecto de lo que prefería el consumidor y por lo tanto es tirar recursos al mar; consumir capital, lo cual se traduce, como dije antes, en menores salarios e ingresos en términos reales. Resulta muy importante el ver los problemas de este impuesto progresivo. Por último podría agregar que todo impuesto progresivo es regresivo, esto es, le cobramos el noventa por ciento al que más patrimonio tiene; probablemente tenga una úlcera, una discusión con el contador, pero no va a bajar su tren de vida, lo que va a bajar es su ritmo y sus tasas de capitalización, lo cual está perjudicando los salarios del de la otra punta, el individuo que estaba ganando dos podría haber ganado tres si se hubiera aumentado la tasa de capitalización, pero no aumenta precisamente porque no hubo ese incremento en la tasa de capitalización. Un segundo punto muy vinculado a este es el tema sindical. ¿Qué es un sindicato? En una sociedad abierta un sindicato es una asociación de personas que se forma para lo que les dé la gana a los asociados, siempre y cuando no lesionen derechos de terceros. Sin embargo hay lugares, como la Argentina, que se copió la “Carta del Lavoro” de Mussolini, donde una ley de asociaciones profesionales y convenios colectivos, que ningún gobierno militar ni civil de ningún partido quiso derogar, porque todos quieren usar el movimiento sindical en provecho propio… Esto significa no la personería jurídica de una asociación libre y voluntaria, sino la personería gremial, que implica representatividad coactiva de hecho que perjudica especialmente a los más necesitados. Yo acá quiero decir… Viene un debate paralelo a esto y es que, en realidad, si hacemos un zoom sobre el tema laboral vamos a ver que todas aquellas legislaciones que llamamos o se llaman conquistas sociales, perjudican muy especialmente a los que menos tienen. Ponemos el caso del salario mínimo. Como todos ustedes saben sería muy interesante que por decreto se pudieran aumentar salarios y, más aún, para no ser tímidos y empezar con el ochenta y dos por ciento y esas pavadas, sería mejor, por un buen decreto, de alguien con real sensibilidad social, hacernos millonarios todos de golpe, pero lamentablemente eso no se puede. Entonces, si las tasas de capitalización, que es lo que diferencia los salarios en Uganda y Canadá…, tasas de capitalización distintas, no es ni cuestiones raciales ni climáticas… Es tasas de capitalización. Si las tasas de capitalización marcan diez y se pone un salario mínimo de cien, aquellos cuya productividad esté entre diez y cien no van a encontrar trabajo. Pongamos un ejemplo acá, en el Uruguay. Supongamos que el presidente actual, en un rapto de intensa sensibilidad social, establece un salario mínimo vital y móvil, para todos los uruguayos, de cuarenta mil dólares mensuales y el poder de policía funciona bien, esto es, nadie puede contratar debajo de ese salario. ¿Qué hizo este presidente bienintencionado? Condenó a la muerte por inanición a todos los uruguayos, porque nadie encuentra empleo. Los salarios mínimos habitualmente no son de cuarenta mil dólares mensuales, pero afectan a los que más necesitan trabajar. El gerente de finanzas, el gerente de personal, el gerente administrativo no se entera del problema, a menos que el salario mínimo y la conquista social supere su salario…, entonces sí se va a enterar porque él no encuentra trabajo. Si los salarios dependen de la tasa de capitalización se necesitan marcos institucionales que permitan maximizar esas tasas de capitalización, lo cual quiere decir maximizar el ahorro interno, maximizar el ahorro externo. Cuando era asesor de una de las cámaras empresariales en la Argentina me acuerdo que hablando de temas laborales un empresario bastante prominente en esa época me dijo “bueno, pero usted está elaborando sobre el tema de las huelgas…, si no se pueden hacer huelgas ¿cómo se aumentan los salarios?” Esto para mostrar que no tiene nada que ver con una cuestión de obreros. Un empresario muy encumbrado no tenía la más perra idea de cómo se aumentan salarios. Y los salarios, otra vez, son consecuencia de la tasa de capitalización y de la inversión “per capita”. Si un pintor de brocha gorda de Bolivia se muda de Huston, Texas, gana trescientas veces más. ¿Qué pasó con este pintor? ¿Tuvo más virtudes o más defectos o es más generoso el texano? No, está obligado a pagar salarios más altos porque la tasa de capitalización se lo demanda. Es típico en los países subdesarrollados, supongamos algún país africano, de una persona que lo abaniquen a la hora de la siesta diez personas; eso es típico debido a las bajas tasas de capitalización. Ahora, si esa persona se muda a Nueva York y sigue con la manía de que lo abaniquen diez personas tiene que pagar cinco mil dólares mensuales o quince mil y es muy caro. Por eso es que en los países de altas tasas de capitalización, por ejemplo Canadá o Estados Unidos, no existe o existe en grado mínimo el servicio doméstico. ¿Pero qué le pasa al ama de casa? ¿No le gusta tener servicio doméstico? Es que no puede porque las tasas de capitalización están haciendo que los seres humanos estén empleados en lugares de mayor productividad. Y hay una serie de cosas que están enganchadas a esto. Yo me acuerdo de Enrique Braun, que fue el fundador de “Qualitas” y “Médicos” en la Argentina, dos mutuales de medicina, me decía que habían estudiado un proyecto para ampliar las mutuales de medicina a gentes de muy bajos ingresos, pero no se lo permitió el curro de las obras sociales sindicales. Los sindicatos si alguien dice ¿son buenos o malos? Asociaciones libres son buenas. ¿Para qué ese sindicato? Para todo lo que le dé la gana a los que estén afiliados. Pero lo que no se puede es afectar derechos de terceros con afiliaciones obligatorias o afiliaciones de facto obligatorias a través de la representatividad. Otro punto que me parece muy importante es el tema, el triste célebre tema de la banca central. Otra vez tratemos de abrir la cabeza, usar las neuronas y decir “si estamos en problemas”, y no es una cuestión solamente de la Argentina, es un problema de Europa, es un problema de Estados Unidos, “tenemos que tener el coraje, la capacidad y la imaginación para cambiar algunas instituciones”, y no esperar, como decía antes, que se obtengan resultados distintos con las mismas instituciones. El banco central puede operar sólo en tres direcciones, sólo en tres direcciones: decidir a qué tasa va a expandir, a qué tasa va a contraer o si deja la masa monetaria igual. Cualquiera de las tres decisiones está necesaria e inexorablemente afectando a los precios relativos respecto de lo que hubiera sido si no hubiera intervenido el gobierno en tema monetario. Y afectar a los precios relativos es algo gravísimo porque, si el tablero son las señales que tenemos para operar en el mercado y si están distorsionadas, estamos asignando recursos equivocadamente y por lo tanto estamos otra vez derrochando factores de capital. Eso de que la banca central tiene que ser independiente es un cuento chino. No un cuento chino porque no pueda ser independiente. Un cuento chino porque siendo independiente va a meter la pata independientemente, porque si no recibe instrucciones del parlamento, del secretario del tesoro o del presidente… Acá estamos nosotros, supongamos, un directorio de la banca central, bastante numeroso por cierto, y otra vez estamos necesariamente en el brete de decidir a qué tasa expandir, contraer o dejar la masa monetaria, cosa que vamos a afectar los precios relativos independientemente. Por suerte ha habido premios Nobel, como Hayek, que ha sugerido que es indispensable eliminar la banca central. La gente piensa que es una vaca sagrada y que fue de toda la vida. Es de hace relativamente poco tiempo. El del siglo XX, salvo el Banco de Inglaterra y otros cuentos paralelos, pero básicamente es del siglo XX. Dice Hayek: “esperemos que no tengamos que demorar doscientos años, como pasó en la separación de la religión y el Estado, para separa la moneda y el aparato estatal”, que para lo único que sirve, a pesar de que en las cartas orgánicas sea preservar el valor de la moneda…, no ha habido ningún banco central que haya preservado nunca ninguna moneda. El caso argentino, como ustedes saben, desde que se creó en 1935 hay que sacarle trece ceros a la moneda; en el caso de Estados Unidos, en la administración considerada más prudente, de Alan Greenspan, aumentó según el indicador de los precios al consumidor, oficial, dieciocho años estuvo Alan Greenspan, setenta y cuatro por ciento es la depreciación del dólar en ese periodo. Pero ¿cómo, cómo vamos a hacer si el papá Estado no nos dice cuál es la moneda?, hablando de soberanía monetaria, que es un insulto a la inteligencia, lo mismo sería hablar de la soberanía de la zanahoria… La gente elige los activos con los que quiere operar. Esa es en realidad la historia de la moneda si nosotros analizamos esta secuencia que terminó con el oro y la plata. Conectado con esto de la banca central se me ocurre decir que debido al aumento de las regulaciones gubernamentales en el sector privado, los miembros del sector privado empiezan a convertirse en burócratas. Entonces la gente empieza a decir “¡pero no me digas que el sector privado es más eficiente que el sector estatal! Mira el servicio pésimo que me dieron en este o en aquel sector”. Y tienen razón; se convirtieron en burócratas. Y ya que estamos hablando de la banca central, en la mayor parte de los casos los bancos privados son ventanillas del banco central y, muchas veces, con la agitación de las regulaciones, reglamentaciones, disposiciones y circulares…, ni siquiera se pueden imprimir, son circulares telefónicas y, cuando hay cosas horrendas, como la incautación de depósitos, resulta que los banqueros se escudan en el Leviatán y no asumen su responsabilidad frente a los ahorristas. En esto de las mediciones y las estadísticas además hay un problema, no sólo de limitarse a las estadísticas y los cuadros, sino un problema inherente a lo que se está mostrando. Por ejemplo el uso y abuso y, a veces, el muy mal uso de las matemáticas o del álgebra o de la geometría. Se usa en varios “papers” economistas el signo igual y estrictamente y en rigor está mal. Se dice “la papa está en el mercado a treinta centavos”, o sea, 1 papa = 30 centavos…, está mal el igual. Si fuera igual no habría ninguna transacción. El individuo que entrega su dinero está valorando más la papa que su dinero y viceversa con el vendedor. Cuando se habla de función tiene un sentido preciso algebraico, conociendo las constantes se conocen las variables, cosa que no sucede en economía. Incluso más. Cuando viene el profesor de macro o micro-1 entra con una tiza en la mano y en el pizarrón dibuja las curvas de oferta y demanda. Están mal las curvas de oferta y demanda porque son variables discretas, no continuas. No se puede hacer una línea continua, sino que son puntos. Nadie hace una diferencia entre un gramo de manteca y un gramo cero cero uno. Y para terminar quiero hacer una distinción institucional fuera de la órbita económica y es esto. Ha habido varios juristas que han hecho propuestas para el poder judicial, para el poder legislativo y para el poder ejecutivo. Otra vez, si nos quedamos con los brazos cruzados, simplemente quejándonos, ¡qué barbaridad lo que pasa en Europa!, ¡qué barbaridad Estados Unidos!, ¡qué barbaridad la Argentina!, no vamos a ningún lado. Y si las propuestas que voy a hacer yo, en boca mía pero de estos autores que voy a señalar ¿no les parece o les parece muy fuerte...? ¡Piensen en otras, pero no nos quedemos quietos! Entonces, lo que sugiere Bruno Leoni en “La libertad y la ley” es que en el poder judicial se abra la competencia para arbitrajes privados; arbitrajes privados en todos los acuerdos contractuales. Se mantenga solamente la justicia estatal para donde no hay arreglos contractuales. Donde hay arreglos contractuales se estable la primera, la segunda y la instancia definitiva entre personas: mi padre y mi abuelo y mi tío, por ejemplo, el que fuera. Como era, en cierto sentido, en el derecho romano durante la república y en el “common law” inglés. Competencia entre fallos judiciales en un proceso de descubrimiento del derecho y no de diseño y de ingeniería social. Sin ninguna obligación, reglamentación de ningún tipo. Incluso pueden no ser abogados y en algunos casos es mejor que no lo sean si los contratos son de cuestiones tecnológicas u otro asunto… Entonces los que están cobrando y los que profesionalmente están haciendo de árbitros van a tener éxito o no según sea la calidad de sus fallos. Esto con respecto al poder judicial. Con respecto al poder legislativo Hayek, este premio Nobel que acabo de mencionar antes, en “Derecho, legislación y libertad”, en el primer tomo, en las primeras doce líneas de la edición inglesa primera, que es de 1973, dice: “tengo que reconocer lamentablemente que todos los esfuerzos liberales hasta el momento para poner bridas al Leviatán han sido un completo fracaso”. Sugiere varias cosas para el poder legislativo, pero una de ellas es que no haya reelección para ningún cargo en ninguna de las dos cámaras, a los efectos de incentivar que estén trabajando en el presente y no pensando en una futura elección. Y viene por último el tema del poder ejecutivo, que esto les puede resultar chocante, pero meditémoslo. Montesquieu, en “El espíritu de las leyes”, en el segundo capítulo del segundo libro dice que está en la índole de la democracia elegir al gobernante por sorteo. La gente piensa “¿pero cómo puede ser?, ¿por sorteo?, ¡pero esto es una locura!” Y si uno lo medita ve que el tema de los incentivos es clave. Si nosotros acá dijéramos, en la próxima elección, de cualquier país que sea ustedes, “se va a elegir al miembro del poder ejecutivo por sorteo…”, esto es, puede ser el portero de acá, puede ser el mozo, el taxista, puede ser alguno de ustedes… ¿Cómo? ¿Puede ser cualquiera? ¿Cuál es el incentivo nuestro? Proteger nuestras vidas y nuestras haciendas, ergo limitar el poder, y es eso lo que se necesita y no estar perdiendo el tiempo con anécdotas personales y, eventualmente, sexuales de los candidatos, sino ver que el tema son las instituciones y no las personas. Por eso Popper, en “La sociedad abierta y sus enemigos” dice que la pregunta que se formuló Platón sobre quién debe gobernar está mal formulada. El tema no son las personas, sino las instituciones para, como dice Popper textualmente, para que el gobierno haga el menor daño posible. Volviendo al origen de lo que planteé respecto de los políticos y los intelectuales, lo cito mucho a un marxista muy conocido, que tiene toda la razón del mundo en su conclusión, y es “tomen la cultura y la educación y el resto se da por añadidura”. Muchas gracias.

RONDA DE PREGUNTAS

-Escuchamos (yo soy argentino) que cada diez o trece años en Argentina llegamos a una mega-crisis, ahora creo estamos de camino a otra, creo que todos creemos eso, y usted nos dice que los políticos no se pueden mover desde esa granjita que le deja el pensamiento del pueblo… ¿Qué nos pasa a los argentinos?

A. B. L.: Bueno, yo creo que es eso. Muchas gracias por esa pregunta. Yo creo que es el no haber dedicado suficientes esfuerzos al tema educativo, al debate de ideas. De todas formas en el caso argentino hay jóvenes, hay nuevas instituciones… Yo ahora voy a rosario nuevamente a un seminario en la “Fundación Libertad” y luego voy a una mesa redonda que tengo con Juan José Sebreli en Tucumán, invitado por la fundación “Federalismo y Libertad” y los chicos que rodean esas instituciones…, también en Córdoba, también en Mendoza…, son notables. Es cierto que corren la coneja, que no tienen suficiente financiación, que es increíble cuando se compara la financiación de otras tradiciones de pensamiento. Pero es lo que hay, es lo que tenemos y creo que hay que reforzar esto y en distintas cátedras también. No un tema ideológico. Para mí la palabra ideología es una palabra soez, porque no es en el sentido inocente del diccionario, de conjunto de ideas, ni siquiera en el sentido marxista de falsa conciencia de clase, sino como algo cerrado y algo terminado… Y nunca en los humano está terminado y cerrado, nunca llegamos a una meta. Estamos siempre en ebullición, en un proceso evolutivo. Por eso sugiero estas precisamente modificaciones que he sugerido antes. Pero lo que pasa en argentina es el tema educativo. Para terminar esta respuesta Tocqueville en “The Old Regime and the Revolution” dice que muchas veces, en sociedades donde hay un gran progreso moral y material, la gente lo da por sentado y ese es el momento fatal y eso es lo que pasó en la Argentina, con la generación del treinta y siete, lo que pasaba en las facultades, en fin…, las generaciones siguientes pensaron que por tener determinado apellido o por estar en la Argentina esto iba a suceder automáticamente y no se ocuparon ni preocuparon, y esas cátedras y esas instituciones fueron ocupadas por los nacionalismos, por los “cepalinos”, por los marxistas, por los keynesianos, etcétera. Este debate está resurgiendo ahora tímidamente pero, lamentablemente, con recursos ínfimos comparados con lo que debería de ser. Para ponerlo en una forma que no me parece que sea exagerada, uno podría decir “bueno, me estoy quejando de lo que pasa, ahora, “¿qué estoy haciendo yo?, ¿estoy como en una especie de platea esperando que me resuelvan los problemas otros?” Porque si la pregunta es ¿qué hice hoy para que me protejan?, y la respuesta es ¡nada!, bueno, para usar términos académicos, porque no puedo usar otros, digamos “embromémosnos”.

- Buenos días. La consulta es la siguiente. En una sociedad que aparentemente tendría los mismos problemas que hoy le asignamos a los políticos, porque de ahí salen, porque vemos que se necesita, para recomponerla y demás, de la educación ¿qué sería la primer medida, o algo así, que a mí me daría la impresión de decir “bueno, de acá a quince años esto se mejora?” ¿Cuál sería esa primera medida a tomar?

A. B. L.: Yo, para hacer una respuesta telegráfica…, gracias por esa reflexión…, es que usted y yo, hoy, nos ocupemos. Que no deleguemos en ningún otro ni pensemos un factótum que va a tomar una medida o va a lanzar algún decreto. ¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros para influir, no por una cuestión generosa…, por interés personal, para que no nos invadan y nos atropellen los derechos?




 


jueves, 17 de julio de 2014

Palabras de Henry James (1843-1916) aplicables a cualquier momento o lugar.


La intensa inverosimilitud de una cosa tan estéril y tan infame, en una época en que hemos estado viviendo y haciendo nuestra como si fuera un gran refinamiento de la civilización, a pesar de todas sus incongruencias conscientes; descubrir que después de todo llevaba esta abominación en la sangre, descubrir que de esto se trataba todo el tiempo, es como tener que reconocer de pronto en nuestra familia o en el círculo de nuestros mejores amigos a una banda de asesinos estafadores y villanos: es exactamente una conmoción así”.

Henry James (al declararse la Gran Guerra de 1914)

domingo, 22 de junio de 2014

Barbaridades selectas de la España eterna, 21/06/2014.


Hosanna, hosanna, gloria a Marx en la cumbre de su gloria ingente,  y paz, dicha y ventura a los trabajadores en el llano de su existencia” (cántico entonado los militantes de UGT durante la II República, Santos Juliá «Raíces religiosas y prácticas sindicales», p. 63, Revista de Occidente, 23, Abril, 1983)

domingo, 15 de junio de 2014

El mundo en que vivimos


El prepucio de Cristo lo he visto yo personalmente el Roma, Burgos y Amberes y tan sólo en Francia hay ya quinientos dientes del niño Jesús. En muchos lugares de conserva la leche de la Virgen y en otros las plumas del Espíritu Santo.” (Alfonso de Valdés)

miércoles, 5 de febrero de 2014

Dr. Armando de la Torre “La ética del lucro” 29 de enero de 2009 | Casa Popenoe - Antigua -Guatemala



PDF en Archipiélago Libertad

Archipiélago Libertad
 
lucro. (Del lat. lucrum). 1. m. Ganancia o provecho que se saca de algo. “Diccionario de la lengua española” (DRAE).


Con frecuencia se oyen ataques, unos abiertos y otros velados, contra el lucro. Para los hombres y mujeres condicionados por el modo de pensar marxista, probablemente no hay palabra en el vocabulario social de connotación emocional más sucia que la de lucro, sinónimo, para ellos, prácticamente, de plus valía o explotación del que trabaja por el que no trabaja.
Para los propugnadores del evangelio Social de principios de siglo y la Teología de liberación de hoy, parece que el lucro epitomiza lo que de peor aflora en el hombre al relacionarse con otros hombres.
Detrás de todo esto hay una larga historia de mal entendidos y de, -¿por qué no decirlo?- muchas veces de obstinada ignorancia.
Por Ética entendemos el estudio de la acción deliberada desde el punto de vista de lo que debe ser moralmente, no de lo que es. Ese debe ser de la conducta moral entraña dos grandes áreas de debates: la de los valores a realizar y la de las fuentes de la obligación moral. Yo me atendré a la primera de ellas.
Por lucro se entiende aquí lo que comúnmente se tiene como tal: lo que resta en caja después que se han pagado todas las facturas.
El lucro empresarial, históricamente hablando, es un elemento de la economía de mercado, en cuanto ésta se contradistingue de una consuetudinaria o de una de mandatos, es decir, en cuanto el mercado surge identificado desde un primer momento con el grupo de personas especializadas en el intercambio de bienes y servicios que por eso se llaman mercaderes.
Todo esto es imposible sin libertad de contratación. Pero tampoco lo es sin una garantía de obligatoriedad de ciertas reglas de juego, las dos principales de las cuales son: el respeto a la propiedad privada y el atenerse ambas partes a lo libremente contratado.
La necesidad de reglas plantea el primer gran problema para los mercaderes: el someterse a soberanos que refuercen con su poder coactivo la obligatoriedad de los contactos, y el subordinarse, simultáneamente, a los juicios de valor de los profetas y sacerdotes de las vanas religiones constituidas. Es decir, que son los no mercaderes quienes van a decidir y valorar, más allá de las propias decisiones y valoraciones de los mercaderes, el cómo y el para qué de la actividad mercantil.
Y no es menos obvio que el hombre mensajero o custodio de lo divino tenderá a ver el mismo proceso desde la exclusiva perspectiva del consumidor, y no de la del productor o del intermediario.
Siendo ello así, las transacciones para intercambio de lo producido y su ampliación en las operaciones de ahorro, inversión y crédito les resultarán mucho más misteriosamente remotas y sospechosas, que las mismas exacciones fiscales del monarca, tan destacadas por todos.
Las principales objeciones que muchos teólogos han levantado modernamente contra el concepto y la práctica del lucro y que, desde otras premisas, esta vez materialistas y ateas, comparten también los ideólogos marxistas y los socialistas en general, son:
1) La motivación del lucro reconoce la prioridad suprema al egoísmo, y no al servicio al prójimo.
2) La competencia de los que buscan lucrar en el mercado es la antítesis de la cooperación; sustituye la confianza mutua por la hostilidad mutua; hace a los hombres mentir y engañar y, en ocasiones, hasta matar.
3) Un sistema de lucro resulta en grandes desigualdades económicas y sociales, lo que da el poder a unos pocos de explotar a los demás. Esto es una afrenta al clamor universal por la justicia, y además, despersonaliza al hombre al dejarlo a la merced de los vaivenes impersonales del mercado, al mismo tiempo que mina las bases de la compasión hacia los que fallan y fracasan en la carrera competitiva.
4) El lucro alimenta nuestras tendencias materialistas, que hoy se traducen en un consumismo desenfrenado, o sea, en la obsesión por tener más a cambio de ser menos.
5) Lleva, además, el sistema donde el lucro es permisible, al menor aprecio y aun a la hostilidad hacia la actividad reguladora del Estado, que, a sus ojos, es el encargado de velar porque el bien común prime a fin de cuentas sobre el particular.
¿Es esto así? De ninguna manera. Para refutar esas aserciones, permítaseme extenderme algo en las siguientes consideraciones:
1) Un sistema de ganancias (o pérdidas, que también ellas son parte del mismo) es un instrumento moralmente neutro para la formación de capital. Sin lucro, tampoco podrían darse esas otras actividades no lucrativas, tan alabadas con tanta santimonia, sea el culto religioso, la beneficiencia hospitalaria o aun el mero hecho de gobernar. Porque de alguna parte ha de salir el dinero para sufragarlas.
2) Un sistema de lucro y pérdidas es más individuos que entran pacíficamente en obligaciones mutuas, de su entera y libre voluntad. Es decir, que el ámbito de la actividad lucrativa se extiende hasta donde llega el ámbito de la libertad. Y es bien sabido que sin libertad se extingue la responsabilidad moral o ética. Por lo tanto, sólo en un sistema productivo, donde se acepta el riesgo de lucrar o perder, se puede aspirar a ser éticamente bueno o malo, tener una conducta moralmente aceptable o rechazable. Por el contrario, en un sistema donde el lucro (o la pérdida) del individuo es hecho imposible por la voluntad política de los que detentan la fuerza, cesa, en esa misma proporción, aun el mero concepto de toda conducta ética.
3) Sólo lucra quien bien sirve a los consumidores desde el punto de vista de los consumidores. La imaginación popular olvida este punto y se pinta cuadros fantásticos de las supuestas enormes ganancias de las grandes empresas. Históricamente hablando, la tajada del león del precio al consumidor va a retribuir al factor trabajo. Cuando una compañía o corporación logra lucrar, de una tercera parte a una mitad del lucro que le queda después de tributar al Estado, normalmente, de reinvertir en la empresa. La misma experiencia histórica muestra que a largo plazo y con una tasa de inflación inferior al 4%, las utilidades de las empresas ya de largo tiempo establecidas oscilan entre un 3 y un 6% sobre el total de ventas. Una equivocación muy popularizada por ciertos demagogos es la de que las utilidades o ganancias han sido añadidas por el productor y el intermediario al precio de venta, a costa del consumidor. Nada más falso. En realidad, lucra quien ha logrado deducir ese lucro de los costos de producción, generalmente gracias a una mayor eficiencia en la asignación de los recursos. De lo contrario, muy probablemente, sería barrido del mercado por sus competidores más eficientes y en un lapso más o menos breve. Dejado a sí mismo, el mercado amplía la oferta y baja los precios, y el consumidor resulta siempre de este proceso el mejor servido.
4) El poder tiende a corromper –decía Lord Acton- y el poder absoluto corrompe absolutamente. Esta frase lapidaria, producto de una larga y dolorosa experiencia de la raza humana, apunta hacia otra de las importantes ventajas que desde la perspectiva exclusivamente ética ofrece el sistema de lucro y pérdidas. En el mercado libre nadie está asegurado en un poder que lo pueda hacer peligroso para la libertad ajena, por muy nobles o innobles que sean sus motivos En cambio, cuando el mercado es absorbido por las prioridades políticas de los que detentan el poder público, los peores - como dice Hayek- llegan a la cúspide Y es que en la medida en que el poder se hace más abarcador y total, más seductor se vuelve para los ambiciosos sin escrúpulos, como lo atestiguan las dictaduras totalitarias de nuestros días. El mercado, por necesidad, descentraliza el poder y somete a quienes lo logren a que redoblen sus esfuerzos diarios para mantenerse en el favor del voto anónimo e inmisericorde de los consumidores.
5) En una sociedad de mercado libre, cada uno adquiere los bienes y servicios que él puede pagar con la oferta, por su parte, de otros bienes y servicios. El sistema de mercado distribuye los bienes con una justicia aproximada, según la utilidad marginal que para la producción tienen sus varios factores (la tierra, el capital, el trabajo y la iniciativa empresarial). Esta justicia distributiva del mercado es viciada cada vez que los grupos de presión, ya sean los empresarios industriales o agrícolas, ya sean los sindicatos obreros, multiplican, a través del Estado, las tarifas, aranceles, cuotas, subsidios y demás barreras desalentadoras de la competencia y, por tanto, obstaculizadoras de un servicio de mejor calidad y menor precio, al consumidor.
6) En contra de la tesis de la dialéctica marxista y del darwinismo social, otrora tan en boga, de que el progreso es el fruto del conflicto, la experiencia enseña todo lo contrario; que el progreso es el fruto de la cooperación pacífica Y en las sociedades donde los hombres puedan perseguir su lucro pacífica y honradamente, la cooperación ha llegado a su cúspide humana.
7) Un hecho indiscutible para todos es el de la abundancia generada por la productividad del mercado. El mismo Marx se hizo loas de ello en el Manifiesto Comunista. La realidad comparativa de los mercados más libres con la de los más rígidamente centralizados del bloque socialista, nos muestra a todas luces la superioridad de un sistema de riesgos a la hora de satisfacer las demandas del consumidor. La tesis de la abundancia material fue expuesta por los primeros socialistas -por Marx llamados utópicos como ventaja ética sobre el mercado creador de las masas urbanas depauperizadas de los primeros años de la Revolución Industrial. La evidencia histórica ha mostrado exactamente lo contrario Y las migraciones contemporáneas de millones de personas de los países sin riesgos detrás de la cortina de hierro a este lado de la misma lo confirman. El problema del hambre y de la pobreza ha comenzado a ser un tema para los textos de historia en las sociedades que se desarrollaron en alas del riesgo, para continuar siendo una realidad devastadora en aquellas otras, como las nuestras, donde se antepone por mucho la seguridad del ingreso a la aventura de acrecentarlo.
Generalmente, los enemigos de todo aquello que se encierra en el logro de un lucro contable (pues los hay intangibles, como los de la verdad, la belleza o la bondad), son hombres y mujeres muy preocupadas por los fines últimos de la actividad humana. Sacerdotes, intelectuales y artistas tienden a preocuparse por esos valores llamados por algunos intrínsecos que no suelen tener nada de utilitarios, al menos para esta vida. Son contemplativos por idiosincrasia, poco habituados al rudo dar y tomar de los mercados y la acción. En cambio, los defensores del riesgo de lucrar o perder tienden a ser, por lo general, más bien hombres de acción, hombres de medios, que tienen la puntillosa y molesta costumbre (para los hombres de valores) de desinflar con sus preguntas prosaicas de costo/beneficio o de rentabilidad a corto o mediano plazo las burbujas de ilusión creadas por los primeros.
A ello hay que añadir el desconocimiento que se tiene de los costos de oportunidad de los que lucran. Esos costos son, para muchos, tan altos, que prefieren refugiarse en la seguridad de un ingreso menor pero constante. Son los eternos asalariados. Son también los que muchas veces se quejan de la injusticia del galardón del lucro excesivo que derivan los arriesgados, los hombres de empresa, cuando el éxito corona sus esfuerzos muchas veces heroicamente disciplinados. Nuestra sociedad ha crecido en los últimos sesenta años en un ambiente de ataques incesantes al riesgo, a la aventura, a la explosión, en una palabra, a la libertad individual. La panacea que se nos ha propuesto una y otra vez es la de la seguridad entre iguales, es decir, la seguridad del rebaño, donde el rasero de lo alcanzable no se mide por el de los que triunfan sino por el de los que fracasan, o, al menos, no se atreven al riesgo de un fracaso.
No es de sorprender, pues, que nuestro siglo nos haya regalado repetidas veces las dictaduras totalitarias, la inflación galopante y el resentimiento terrorista, que han sido y son la negación de todos los valores éticos de nuestra cultura. Es el miedo a la libertad del que nos previene Eric Fromm. Y que las idiosincrasias a veces antipáticas de los que lucran no nos hagan perder de vista quién de veras sirve y quién de veras es el servido, que somos todos, por que todos consumimos.
El Centro de Estudios Económico-Sociales, CEES, fue fundado en 1959. Es una entidad privada, cultural y académica, cuyos fines son sin afán de lucro, apolíticos y no religiosos. Con sus publicaciones contribuye al estudio de los problemas económico-sociales y de sus soluciones, y a difundir la filosofía de la libertad.



martes, 28 de enero de 2014

Ron Paul. Lo Inmoral del Aborto Financiado por Contribuyentes (The Immorality of Taxpayer Funded Abortion) - 27 de julio del 2009.





La Atención de la Salud continúa dominando la agenda en el Congreso, mientras los líderes de la Cámara de Representantes y la Administración tratan de empujar a topetazos su plan gubernamental de salud. Afortunadamente todavía no han tenido éxito, al haber tantas disposiciones horribles escondidas en esta enorme pieza de legislación. Una cuestión importante es la financiación pública de los abortos voluntarios. La Administración ya eliminó desde hace tiempo muchas restricciones al aborto y no está dispuesta a proporcionar respuestas directas a preguntas relacionadas con la financiación pública del aborto en su proyecto. Esto es muy preocupante para aquellos de nosotros que no quieren que el dinero de los contribuyentes financie abortos. Forzar a los contribuyentes pro-vida a subvencionar el aborto es malo y tiránico. He introducido la Ley “Libertad de Conciencia del Contribuyente” (HR 1233), que prohíbe el uso de los fondos de los contribuyentes para el aborto, tanto aquí como fuera del país. La función más básica del gobierno es la de proteger la vida. Es inconcebible que el gobierno permita que se arrebate. Sin embargo esto era de esperar cuando el gobierno sobrepasa sus límites constitucionales en vez de proteger derechos. Cuando el gobierno se excede de este rol limitado no puede sino promover la agenda moral de quien está en el poder en cada momento, a expensas de los derechos de otros. La gente libre debería ser dejada en paz para que sigan su conciencia y determinen su propio estilo de vida, mientras no interfieran con otra gente que hace lo mismo. Si la moral es dictada por el gobierno cambiará con cada elección. Incluso si uno está de acuerdo con la moral de los políticos actuales y cree que sus ideas deben avanzar, algún día otra gente heredará el poder y lo usará de acuerdo con su propia agenda. Lo sabio de la Constitución es que deja al gobierno totalmente fuera de estas cuestiones. Muchos dicen que debemos reformar la Atención de la Salud y tratarla como un derecho, porque eso es lo que hay que hacer moralmente. La gente pobre no debería quedar sin atención médica en una sociedad justa. Pero muchos se olvidan de la inmoralidad de robar a otros para hacer esto posible. También se olvidan de la moral y la compasión que existe de forma natural en las comunidades donde el gobierno no fomenta la guerra entre clases con programas de redistribución de la riqueza. Muchos médicos se hacen voluntarios, aceptan pagos reducidos de pacientes que no pueden pagar o prestan servicios gratuitamente. Muchas organizaciones benéficas ayudan a los pobres con comida, vivienda y atención médica. Estas organizaciones son mucho más receptivas y responsables para ayudar a las personas que lo necesitan que lo que jamás podría serlo el gobierno. Esta es la forma moral en la que los individuos voluntariamente se ocupan del acceso a la salud, pero la intervención del gobierno amenaza con acabar con este tipo de voluntarismo y reemplazarlo por mandatos, impuestos, cintas rojas, redistribución de la riqueza y uso de la fuerza. El hecho de que la revisión del sistema de salud nacional pueda forzar a los contribuyentes a subvencionar los abortos y hasta quizás obligue a los aseguradores privados a cubrir los abortos, nos convence de que este proyecto de ley y las ideas que hay detrás de él no son constitucionales ni morales ni están a favor del pueblo Americano.

viernes, 3 de enero de 2014

Árboles singulares del mundo: Taxodium ascendens.

Taxodium ascendens 28°43'6.65"N 81°19'51.83"W

The Gymnosperm Database

en.wikipedia.org

The Senator 

Panoramio

Jardines de la Plaza de Alfonso XII


36°43'43.15"N 4°24'45.68"W


Adoxaceae Viburnum tinus

Anacardiaceae Cotinus coggygria

Arecaceae Phoenix canariensis

Arecaceae Phoenix dactylifera

Arecaceae Washingtonia filifera

Bignoniaceae Jacaranda mimosifolia

Cupressaceae Cupressus sempervirens

Cycadaceae Cycas revoluta

Elaeagnaceae Elaeagnus × submacrophylla

Elaeagnaceae Elaeagnus × submacrophylla 'Limelight'

Fabaceae Robinia pseudoacacia

Ginkgoaceae Ginkgo biloba

Lauraceae Laurus nobilis

Lythraceae Lagerstroemia indica

Magnoliaceae Magnolia grandiflora    

Moraceae Ficus microcarpa

Myrtaceae Callistemon citrinus

Myrtaceae Myrtus communis

Myrtaceae Syzygium sp.

Oleaceae Olea europaea

Pittosporaceae Pittosporum tobira     

Proteaceae Grevillea robusta

Rutaceae Murraya paniculata     

Scrophulariaceae Myoporum laetum

Simaroubaceae Ailanthus altissima

Ulmaceae Celtis australis

Xanthorrhoeaceae Phormium tenax