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lunes, 29 de junio de 2015

Intervención de Antonio Escohotado en el episodio titulado “Filosofía y mística” del programa “La Tabla Redonda” de Televisión Española.



La Tabla Redonda fue un programa de los Servicios Informativos de TVE con la decidida vocación de salir al encuentro del espectador interesado por los temas humanos que van más allá de lo convencional y ordinario. Emitido en La 2, todos los programas estaban relacionados directa o indirectamente con lo trascendente [Diccionario de la RAE: trascendente.1. adj. Que trasciende.2. adj. Fil. Que está más allá de los límites de cualquier conocimiento posible.]. Fechas de emisión: octubre de 1990 - noviembre de 1993 en (Wikipedia español).

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Francisco de Oleza Le-Senne: ¿Y por qué volvemos o por qué queremos volver siempre a este origen [del hombre]?

Antonio Escohotado: Yo no sé si queremos pero, de una u otra forma somos reenviados. Así que este origen en cierto modo está atrás y en cierto modo está adelante. La pregunta por el fundamento es algo que se relaciona con, como ha dicho Salvador [Paniker] con la infancia, pero también es algo que se relaciona con la alta madurez, con la proximidad de la muerte. Nacemos sin querer, morimos quizá queriendo, pero en el ínterin ese no decidido que podemos llamar “la vida” siempre intentamos encontrar algo que nos permita…, Salvador ha hablado de un exceso yoico…, algo que nos permita vivir sin necesidad del hilo que conecta, como en las cuentas de un collar las diferentes perlas. Es decir, queremos llegar a un estado de ánimo donde no nos importe la amnesia, donde olvidándonos, sin embargo sigamos recordando lo esencial, sigamos recordando nuestros afectos… Ya no sabemos, por ejemplo, cuál es nuestro DNI, ya no nos acordamos de nuestro nombre, ya no nos acordamos de nuestra profesión pero la pregunta fue por el fundamento, pretende devolvernos a esa sustancia que sin DNI nos puso en la existencia.

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Francisco de Oleza Le-Senne: Antonio Escohotado, vamos a ver si hago bien la pregunta. ¿Formularse la pregunta es una cuestión de la filosofía?

Antonio Escohotado: Siempre pensé que la filosofía cumplía el principio de aquel sofista tardío que se llamaba Alcidamas de Elea, si no me equivoco, que decía: “el pensamiento libre es una máquina de sitio contra el tirano y la costumbre”. El tirano y la costumbre no son lo mismo, se parecen. Pero luego la filosofía va un poquito más allá de esta función sociopolítica y quiere averiguar si, además de una correcta pregunta, puede haber una respuesta. La respuesta es cambiante, la respuesta no es sencilla. Creo, en principio, que la filosofía no es más que decir sencillamente la verdad del sentir, que todo lo que no sea el sentir no es filosofía y todo lo que no sea decir sencillamente el sentir, mucho menos. Entonces si unimos el lado sociopolítico, que es cercar al tirano y a la costumbre, porque la costumbre suele quedar desfasada, con el ir al puro fondo, que es el sentir y el sentir inmediato, ya entoces a lo mejor se acerca a la preocupación.

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Francisco de Oleza Le-Senne: Antonio ¿podría definir para ti que es la mística?

Antonio Escohotado: Si no me equivoco “mistes” (“mistes”, porque es una y griega) significa el “testigo presencial”. Esto es un fragmento de ... Místico es el que no ha aprendido. Místico es el que no ha recibido catecismo, el que no ha sido indoctrinado. Mísitico es el que ha tocado directamente la cosa de la cual habla. Probablemente “mistes” viene de “myo”, que significa cerrar la boca. Esto se debe encontrar relacionado con la más antigua institución griega, probablemente bastante anterior a los himnos homéricos, que son los Misterios de Eleusis. En los Misterios de Eleusis grupos crecientemente grandes…, desde luego, por ejemplo, para el siglo II después de Cristo, del orden de los dos mil y tres mil…, eran iniciados simultáneamente cada año en algo que les permitía hacer frente al misterio de estar vivos y a la ineludible necesidad de estar muerto. En estos misterios fueron iniciados los hombres más nobles de la antigüedad: Platón, Aristóteles, Marco Aurelio, Cicerón, etcétera…,Píndaro. Antes Salvador dijo que sería difícil encontrar sentido, pero en realidad sentido es el participio pasado de un verbo; el verbo es “sentir”. A mi juicio pensar es una variante espuria de sentir. El que ha sentido algo no necesita, para empezar, un cómplice, es decir, un adepto; él es su propio adepto, él está en las cosas. ¿Cómo definimos la mística? Pues una conexión personal con lo absoluto, una conexión inmediata con lo absoluto, una conexión no mediada por otro, un maestro de un tipo u otro.

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Francisco de Oleza Le-Senne: Antonio, de una forma o de otra lo que se llega es siempre a ese origen, pero ¿es el mismo origen del que empezábamos hablando en este programa?

Antonio Escohotado: Si estamos tocando el tema de la mística estamos tocando el momento de la experiencia. El momento de la experiencia marca la cesura. La pregunta inicial, el dedo de tiza dibujando la ecuación sin dueño en la pizarra nos dice ¿qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es el principio? Nuestro sentir pronto o tarde da respuestas. Algunas respuestas se pueden considerar siquiátricas, otras se pueden considerar políticas, otras se pueden considerar filosóficas. A mi juicio la diferencia entre misticismo y filosofía no existe. Es decir, el filósofo que no habla de una experiencia inmediata de lo absoluto no habla de nada. Lo que pasa es que tan pronto como se ponga patético, tan pronto como busque discípulos, delata que el peso del “sentir”es inferior al peso que en él tiene lo que opinen otros egos de su ego.
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Moraceae Ficus macrophylla en los Jardines de Picasso de Málaga.

Siconos de Ficus macrophylla (Moraceae) en los Jardines de Picasso en once de febrero.

sábado, 27 de junio de 2015

Moraceae Ficus binnendijkii en los jardines del Puente de las Américas de Málaga.

Fructificación de Ficus binnendijkii (Moraceae) en los jardines del Puente de las Américas el veinticuatro de febrero.

Entrevista a Antonio Escohotado el lunes, 30 de Septiembre de 2013. Instituto Juan de Mariana.


¿Quiénes son los enemigos del comercio?
Los convencidos de que el comercio es la fuente de depauperación, injusticia y miseria universal.
¿Por qué una historia de la propiedad privada?
El comercio es la forma de hacer que la propiedad privada se mantenga, se amplíe y se haga rentable.
¿Por qué le tiene tanta manía a las utopías?
Por lo mismo que le tengo tirria al discurso patético-enfático, por lo mismo que le tengo tirria a los que prefieren el sueño a la realidad, por lo mismo que le tengo tirria al que va con ideas preconcebidas.
¿Acabar con la propiedad privada es una utopía?
Acabar con la propiedad privada es una medida que nunca se ha logrado sino a través de la violencia.
¿Es cierto que ha dedicado a ‘Los enemigos del comercio’ diez años de su vida?
Trece años. Trabajando desde que me despierto hasta que me acuesto, sin sábados, ni domingos ni vacaciones.
Tras las dos partes ya publicadas, ¿habrá un tercer tomo?
Sí, estoy trabajando a gran ritmo en el tercero.
¿Por qué le preocupa tanto este tema de la propiedad y el comercio?
Documentar la polémica a propósito de la propiedad y el comercio es documentar los fundamentos de la guerra civil.
¿De nuestra guerra civil?
De la guerra civil en general, de la nuestra, de la rusa, de la francesa… de la que se busque.
¿Por qué el colectivismo es una idea tan poderosa para la gente?
Puede tener una raíz psicológica, que probablemente la tiene, y luego está el extraordinario entusiasmo que ponen los apóstoles colectivistas. Tienen en su defensa un arquetipo del inconsciente tan poderoso como el mesías. El mesías es el chivo expiatorio –es una institución de todos los continentes e inmemorial– convertido en vehículo de venganza. El chivo expiatorio es la forma de desplazar el mal geográficamente. Es decir, mi hijo está enfermo, pues mato al hijo del vecino y que pague él por mi hijo. En el momento en el que el chivo expiatorio se convierte en mesías, el mesías asume la venganza de un sector social contra el resto. ¿Cuál es el sector social a vengar por el mesías? Los pobres de espíritu, ya lo define el sermón de la montaña línea uno: “Benditos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino”.
¿Cómo y por qué viajó del socialismo al liberalismo?
Ahí reside una de las razones por las que he escrito este libro. Un poco síndrome de Estocolmo. He sido más rojo que la muleta de un torero y he sido comunista acérrimo. Es decir, no me ha parecido la violencia un límite infranqueable. De milagro no he sido un terrorista.
¿Sale caro ser Antonio Escohotado?
A mi la vida me va demasiado bien para lo que merezco. Algunos costes he tenido pero, a pesar de todo, el mero hecho de no -por ahora, y no toco madera porque no hay madera- haber tenido depres me parece un logro de primer orden.
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George Kennan: "Los origenes del comportamiento sovietico" IV, julio de 1947.



IV

Está claro que, en un futuro próximo, los Estados Unidos no mantendrán afinidad política con el régimen soviético. Deberán seguir considerando a la Unión Soviética como a un rival y no un socio en la arena política. También habrá que esperar que la política soviética no refleje, en conjunto, un compromiso con la paz y la estabilidad ni una fe genuina en la posibilidad de una convivencia confortable del mundo socialista y el capitalista. La coexistencia habrá de tomar la forma de una presión cautelosa pero continua para debilitar y detener toda intrusión e influencia. Para contrarrestar la amenaza es necesario decir que Rusia, al contrario que el mundo occidental en general, sigue siendo, con mucho, más débil; que la política soviética es muy flexible y que podría ser portadora de debilidades que socaven su propio poder. De este modo los Estados Unidos verían fortalecida su idea de emprender con confianza una política mesurada de firme contención, para oponer a los rusos un firme contrapoder en cada punto en cada punto en el intenten atacar las bases necesarias para un mundo en paz y estable. Las opciones de la política de Estados Unidos no se limitan, en realidad, a mantener la situación actual y a cruzar los dedos esperando lo mejor. Nuestro país es muy capaz de influir con sus acciones en el desarrollo interno tanto de Rusia como del movimiento comunista internacional, que tanto peso tiene en la política rusa. No se trata sólo aquí de la modesta actividad de información que nuestro gobierno puede llevar adelante en la Unión Soviética y en otros lugares, aunque esta tarea no sea despreciable. Se trata más bien de saber hasta qué punto los EE.UU. puede dar a la gente, en el mundo en general, la impresión de un país que sabe lo que quiere, que se enfrenta con brío a sus problemas internos y a sus responsabilidades como gran potencia mundial y que tiene, en términos ideológicos, una vitalidad tal que le permite imponer su propia concepción de las cosas entre las principales corrientes ideológicas del momento. En la medida en que sea posible crear y preservar tal estado de ánimo, los objetivos del comunismo ruso aparecerán estériles e incluso quiméricos, las esperanzas y el entusiasmo de los partidarios de Moscú decaerán y se impondrá una presión adicional sobre la política exterior del Kremlin. Porque la inestabilidad y la decadencia del mundo capitalista es la piedra angular de la filosofía comunista. Así, si los EE.UU. no llegáramos a padecer esa depresión económica que los cuervos de la Plaza Roja predicen con tanta complacencia, desde el fin de las hostilidades, profundas repercusiones podrían sentirse a lo largo de todo el mundo comunista. Del mismo modo los síntomas de indecisión, desunión o disensión interna en Estados Unidos tienen un efecto estimulante sobre todo el movimiento comunista. Cada manifestación de cualquiera de estos síntomas agita el mundo comunista con esperanzas y entusiasmos; Moscú se alza con nuevos bríos; nuevos grupos de partidarios extranjeros se unen a un movimiento, que sólo pueden contemplar como el líder de la escena internacional, de tal modo que la presión soviética se intensifica en todos los escenarios del globo. Sería una exageración decir que solos y sin ayuda los estadounidenses serían capaces de eliminar el movimiento comunista y poner fin rápidamente al poder soviético en Rusia. Sin embargo tienen la capacidad de incrementar significativamente los problemas que afectan al funcionamiento de la política soviética, de tal modo que pueden obligar al Kremlin a conducirse con más moderación y circunspección que la que ha demostrado en los últimos años y, de esta manera, promover un desarrollo que, eventualmente, daría lugar bien a la implosión del régimen soviético, bien a su gradual transformación. Porque ningún movimiento místico o mesiánico, y especialmente el del Kremlin, puede soportar indefinidamente la frustración sin reconsiderar finalmente su posición en una u otra dirección frente al estado de cosas. Por lo tanto la decisión dependerá, en gran medida, de los mismos Estados Unidos. El tema de las relaciones americano-soviéticas es en sí mismo una prueba del valor de los Estados Unidos como una nación entre las naciones. Para evitar el derramamiento de sangre sólo tenemos que estar a la altura de nuestras mejores tradiciones y demostrar que merecemos seguir siendo una gran nación. Ciertamente, nunca se ha diseñado una prueba más difícil para mostrar la valía de un país. Dadas estas circunstancias, el observador atento de las relaciones entre los dos países no tendrá nada que objetar al desafío lanzado por el Kremlin a la sociedad americana. Por el contrario, agradecerá al destino haber proporcionado al pueblo estadounidense este reto, que es un desafío a ejercer su papel como una nación que depende de su propia capacidad para aceptar las responsabilidades impuestas por su liderazgo político y moral, un papel que la historia, pura y simplemente, le ha confiado.

viernes, 26 de junio de 2015

BREVE BIBLIOGRAFÍA PARA ENTENDER A LA IZQUIERDA ESPAÑOLA


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George Kennan: "Los origenes del comportamiento sovietico" III, julio de 1947.



III
Según lo dicho anteriormente, resulta evidente que la presión soviética contra las instituciones libres del mundo occidental puede ser contenida por la aplicación hábil y vigilante de una fuerza contraria en una serie de puntos geográficos y políticos constantemente cambiantes, que correspondan a los cambios y las maniobras de la política soviética, pero es imposible negar la existencia de esta presión y suprimirla únicamente por medio de la negociación. Los rusos se proponen una lucha sin fin y son conscientes de haber obtenido ya éxitos significativos. No debemos olvidar que hubo un tiempo en que el Partido Comunista no fue más que una minoría dentro de la sociedad rusa, más minoritaria que lo es hoy el poder soviético en la comunidad global. Pero si la ideología persuade a los líderes de Rusia de que están en el lado de la verdad y, por lo tanto, pueden darse el lujo de esperar, aquellos de nosotros sobre los que esta ideología no ejerce influencia son libres de juzgar objetivamente la validez de sus supuestos. La tesis soviética implica una pérdida total del control de Occidente sobre su propio devenir económico, al mismo tiempo que da por sentadas la unidad, la disciplina y la paciencia infinita de Rusia. ¡Pero dejemos las cosas claras! Supongamos que el mundo occidental encuentra la fuerza y ​​los recursos necesarios para contener el poder soviético durante un período de diez o quince años y veamos lo que eso significaría para Rusia. Los líderes soviéticos, aprovechando la contribución de las técnicas modernas en el ejercicio del totalitarismo, han establecido la cuestión del dominio dentro de los límites de su poder. Son pocos los que se atreven a desafiar su autoridad y los que se arriesgan no son capaces de desafiar a los organismos policiales estatales. El Kremlin también ha demostrado, aunque sin preocuparse por los intereses de la población, que es capaz de desarrollar las bases de una industria pesada metalúrgica en Rusia. Ciertamente el objetivo aún no está totalmente alcanzado, pero se está acercando a la meta, por lo que esa estructura está empezando a rivalizar con las de otros países industrializados importantes. Pero todo esto, a saber, la protección de la política de seguridad nacional y el surgimiento de la industria pesada, tiene un terrible costo en vidas humanas y en términos de esperanza y energía. Han tenido que recurrir al trabajo forzado en un grado sin precedentes en los tiempos modernos y en situación de paz. Otros sectores de la economía soviética, la agricultura, la producción de bienes de consumo, la vivienda y el transporte, en particular, se han descuidado si no es que se han sacrificado. Además de todo esto, la guerra ha causado estragos, trayendo consigo destrucción, muerte y agotamiento de las fuerzas humanas, por lo que tenemos hoy en Rusia una población agotada, tanto física como espiritualmente. Las masas populares han perdido sus ilusiones; se ha vuelto incrédula y ya no se siente atraída por la magia que el poder soviético continúa irradiando entre sus partidarios extranjeros. El fervor con el que las gentes se han vuelto a la Iglesia, cuando se concedió le concedió un respiro a durante la guerra por razones estratégicas, muestra abiertamente que sus necesidades de creencia y devoción ya no encuentran nada en el régimen a lo que adherirse. En este contexto hay límites a la resistencia física y nerviosa. Estos límites son absolutos en infranqueables incluso en las dictaduras más crueles porque, una vez superados, hacen que sea imposible controlar a la población. Campos de trabajo forzado y otras instituciones coercitivas del mismo tipo están obligando a la gente a trabajar mucho más de lo que corresponde a su voluntad o a la mera necesidad económica; pero los que sobreviven se vuelven prematuramente viejos y deben ser considerados víctimas exigidas por la dictadura. En cualquier caso los mejores individuos ya no son útiles a la sociedad y no pueden servir al Estado. La generación más joven es entonces el único recurso. A pesar de todas las vicisitudes y sufrimientos es aún numerosa y vigorosa. Además los rusos son un pueblo con talento. Queda por saber cuáles serán los efectos, sobre el desarrollo de los jóvenes, de las tensiones emocionales fuera de lo común a las cuales están sometidos como consecuencia de la dictadura soviética, un fenómeno éste acentuado por la guerra. Fuera de las granjas y aldeas remotas, la seguridad básica y la tranquilidad en el hogar prácticamente han dejado de existir en la Unión Soviética. Y los observadores se preguntan si el potencial global de la nueva generación, que ahora llega a la madurez, no se verá afectada. Por otra parte la economía soviética ha experimentado, sin duda, éxitos considerables, pero su desarrollo, irregular muestra signos de fragilidad. Los comunistas rusos, que hablan de "desarrollo desigual del capitalismo", se avergonzarían si pudieran contemplar su propia economía. En este país se llevaron a cabo esfuerzos desproporcionados en ciertos sectores económicos, como la metalurgia y la maquinaria maquinaria industrial, en detrimento de otros sectores. Tenemos una nación que aspira a integrarse en el corto plazo en el grupo de cabeza de las naciones más industrializadas del mundo, pero que todavía no tiene una red de carreteras digna de tal nombre y su sistema ferroviario sigue siendo rudimentario. Mucho se ha hecho para aumentar la eficiencia de la mano de obra y para inculcar a los rudos campesinos el ABC de del trabajo con máquinas. Pero el mantenimiento de los equipos sigue siendo una deficiencia evidente en toda economía soviética. Los edificios, hechos con prefabricados, son de mala calidad y el grado de deterioro deben ser colosal. Añádase a esto que, en vastos sectores de la vida económica, resultado imposible hasta el momento inculcar en la fuerza de trabajo una apariencia de la cultura técnica de producción y que caracteriza a los trabajadores entrenados en Occidente. Es difícil de imaginar cómo se pueden corregir estas deficiencias en corto plazo en una población agotada y desmoralizada, que en su mayor parte trabaja en un clima de miedo y coerción. Hasta que no se puedan superar estos problemas Rusia seguirá siendo, económicamente, una nación vulnerable y, en cierto sentido, impotente, capaz de alardear de entusiasmo político y de irradiar la extraña aura de su desordenada fuerza política, pero incapaz de apoyar estos "productos de exportación" con evidencias tangibles de la existencia de un poder y una verdadera prosperidad en el plano material. Mientras tanto hay una considerable incertidumbre acerca de la vida política de la Unión Soviética; todo lo relativo a la transferencia de poder de un individuo o un grupo a otros. Aquí se trata, sobre todos, de lo referente al problema estatuto personal de Stalin. No hay que olvidar que la sucesión de Lenin a la cabeza del poder supremo en el movimiento comunista, es la única transferencia de autoridad individual hasta ahora experimentada en la Unión Soviética. Se tardó doce años en consolidarla. Millones de personas murieron por eso; el estado fue sacudido hasta sus cimientos y el movimiento revolucionario internacional también fue alcanzado por el choque, en detrimento del propio Kremlin. Siempre es posible que otra transferencia de poder supremo se produzca tranquilamente, sin repercusiones. Pero, una vez más, es posible que los problemas implicados desencadenen, usando palabras de Lenin, una de esas " rápidas transiciones " desde una "suave superchería" a una "violencia desmesurada", que caracterizan a la historia de Rusia y amenazan con socavar las bases del poder soviético. Pero la cuestión de la personalidad de Stalin no es la única. Desde 1938 la vida política se ha congelado peligrosamente en las altas esferas del poder soviético. El Congreso de los Soviets de toda la Unión, en teoría el órgano supremo del Estado, que está previsto que se reuna al menos una vez cada tres años, no se ha reunido en sesión desde hace ocho años. Desde la última reunión el número de miembros del partido se ha duplicado. Durante la guerra un número considerable de miembros murió y hoy más de la mitad de los miembros han unido al partido después del último Congreso. Mientras tanto el mismo pequeño grupo de hombres ha continuado manteniéndose en la cima, conduciendo al país a través de muchas tribulaciones. Sin duda hay razones que explican que la guerra haya modificado en profundidad la política de cada uno de los grandes gobiernos occidentales y las causas de este fenómeno son seguramente lo suficientemente importantes como para que se las encuentre en alguna parte de la opaca vida política rusa. Sin embargo nada de esto se percibe en Rusia. Por tanto es posible deducir que, incluso dentro de una organización tan sujeta a férrea disciplina como el Partido Comunista, deben existir grandes diferencias de edad, de mentalidad y de intereses entre la gran masa de los miembros del Partido, que han sido recientemente reclutados para el movimiento, y la pequeña camarilla de hombres que ocupan la parte superior de la pirámide. La mayoría de los miembros del Partido jamás se han encontrado con ellos, nunca han hablado con ellos y pueden no estar en sintonía política con esos hombres. ¿Quién puede decir, en estas circunstancias, si el rejuvenecimiento a largo plazo de los más altos niveles de autoridad (que quizá sea sólo una cuestión de tiempo) puede ser suave y tranquilo o si las facciones rivales no intentarán, en su pugna por el poder supremo, buscar apoyo en esta masa, inmadura e políticamente inexperta, para alcanzar sus propósitos? Si eso ocurre las consecuencias podrían ser lamentables para el Partido Comunista, porque los miembros del partido han sido entrenados, en su conjunto, en la obediencia y en una férrea disciplina y no dominan el arte de la negociación y el compromiso. Si la falta de unidad llegara a golpear al partido, paralizándolo, el caos que reina en la sociedad rusa y su debilidad de aparecerían a la luz del día. Hemos visto, de hecho, que el poder soviético es sólo una cáscara que oculta a una masa amorfa de seres humanos en la que no tolera ninguna estructura independiente organizada. En Rusia no hay nada que pueda parecerse, ni siquiera indirectamente, a un gobierno local. La generación actual de este país nunca ha conocido la espontaneidad de la acción colectiva. Por lo tanto, si la unidad y la eficacia del Partido como instrumento político colapsara, la fuerte Rusia soviética podría, en una noche, convertirse en una de las empresas más débiles y patéticas. Así el futuro del poder soviético no sería tan seguro como deja creer a los hombres del Kremlin su propensión a la ceguera. Ellos han demostrado su capacidad para retener el poder, pero todavía tienen que demostrar que pueden encomendarlo a otros pacíficamente y sin experimentar. El rigor de su régimen y las tribulaciones de la vida internacional han tenido consecuencias terriblemente nefastas sobre la solidez y las esperanzas del gran pueblo en el que descansa su poder. Es sorprendente constatar que el poder ideológico de la autoridad soviética es hoy más fuerte en países que se encuentran muy alejados de las fronteras rusas, a gran distancia de su poder represivo. Viene entonces a la mente una comparación utilizada por Thomas Mann en su famosa novela "Los Buddenbrook". Al observar que las instituciones humanas brillan de forma más deslumbrante en el momento mismo de su decadencia interior, el autor compara la familia Buddenbrook a los momentos de mayor brillo de una de esas estrellas que han dejado de existir. ¿Y quién puede saber hoy con seguridad si la intensa luz que irradia hoy el Kremlin sobre los pueblos insatisfechos del mundo occidental no es sino el potente resplandor de una constelación que en realidad está en declive? Esto es tan imposible afirmarlo como negarlo. Sin embargo sigue siendo posible (y muy posible, en opinión de este autor) que el poder soviético, así como la imagen que ha alcanzado en el mundo capitalista, contenga las semillas de su propia caída y que las semillas en cuestión ya estén en pleno crecimiento.

Antonio Escohotado con Clara Elvira Ospina para Canal N (Perú).


Clara Elvira Ospina: ¿Por qué hizo usted su gran investigación sobre las drogas en el mundo?

Antonio Escohotado: Pues porque la historia de las cosas es la manera más directa y objetiva de conocer a las cosas, porque viendo cómo nacen, cómo se desarrollan y cómo mueren, si es que llegan a morir, es cuando entendemos qué es una cosa. No entendemos una cosa porque tengamos una definición de ella, sino que entendemos las cosas cuando conocemos su desarrollo.

C. E. O.: ¿Desde cuándo se consumen drogas en el mundo?

A. E.: La primera mención escrita que tenemos es una tablilla cuneiforme que se encontró en Ur y que menciona al opio con una expresión que quiere decir disfrute, contento. Eso es en el dos mil trescientos antes de Cristo y estamos en el dos mil catorce…, pues hace unos cuatro mil quinientos años.

C. E. O.: ¿Y por qué cree usted que los gobernantes siguen insistiendo en la guerra contra las drogas?

A. E.: Bueno, el ser humano tiene una parte que algunos neurólogos llaman cerebro reptiliano, que es incapaz de percibir las cosas más que como buenas o malas. No hay término medio. Entonces para este cerebro reptiliano el mejor alimento es, en diversas épocas, algún tipo de chivo expiatorio, algún responsable de todos los males. La cruzada contra las drogas no es tan nueva como parece. Ya en Roma, en la Roma imperial, se persiguieron las bacanales, mataron a miles de personas con la excusa de que en las bacanales se hacía falsificaciones y crímenes y tal. Luego se persiguió a las brujas. Pero usted me preguntaba por…, y yo le estaba hablando de esa parte del cerebro reptiliano. La humanidad siempre ha querido ver un mal absoluto. En el siglo XX le tocó a las drogas, en el XIX le tocó al libre pensamiento, en el XVIII a la autonomía sexual y entonces se persiguió la conducta sexual desviada, en el XV el mal absoluto era la magia. Siempre hemos ido teniendo algún mal absoluto. Luego se nos ha olvidado y hemos cambiado de mal absoluto y eso es lo que pasa con las drogas, pero se está acabando. La cruzada se está acabando entre susurros. No es que Uruguay o Estados Unidos o Suiza o Holanda hayan dejado en términos prácticos la cruzada. Es que ahora lo que nos interesa realmente es proteger a la sociedad, proteger a nuestros hijos y a nuestros nietos y, desde luego, el experimento de prohibirlas no ha servido más que para multiplicar el número de usuarios, multiplicar el número de puntos de venta y crear el crimen organizado.

C. E. O.: Y hay un enfrentamiento entre el derecho del individuo a meterse lo que quiera y el derecho del gobierno a prohibírselo…

A. E.: Claro, es una batalla entre los autoritarios y los no autoritarios. Lo único que está claro es que la prohibición del alcohol, que se decretó en estados unidos en el año catorce, en 1914, y duró hasta caso 1940, concretamente hasta 1937, creó a Al Capone y el crimen organizado, pero eso es un juego de niños comparado con Pablo Escobar o con los carteles mejicanos actuales. ¿Por qué no se preguntan los gobernantes hasta qué punto su remedio estropea hasta el límite máximo el mal que pretenden solventar? ¿Por qué no tienen un poquito de honradez, un poquito de conocimiento y un poquito de compasión por los seres humanos?
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Moraceae Ficus virens en la avenida de Juan Sebastián el Cano de Málaga.

Siconos de Ficus virens (Moraceae) en la avenida de Juan Sebastián el Cano, el diecinueve de abril.

jueves, 25 de junio de 2015

Moraceae Ficus lyrata en los jardines del Puente de las Américas de Málaga.

Siconos de Ficus lyrata (Moraceae) en los jardines del Puente de las Américas, el veintidós de febrero.

Antonio Escohotado en el foro de debate Derechos de la Ciudadanía en Salud Pública de 26 de noviembre del 2009.


PRIMERAS PALABRAS

(Los epígrafes, los subrayados, las negritas y las comillas son del transcriptor)

Soy filósofo y lo que me importa es, eh..., conceptos claros y, en la medida de mis posibilidades, profundos. La claridad y la profundidad son indisociables, a mi juicio.

LA MEDICINA PREVENTIVA

Habíamos empezado..., había dicho mi compañera, eh..., el sistema chino, el médico no tenía un interés objetivo en la enfermedad, sino un interés objetivo en la salud, de manera que, en el momento en que el enfermo empezaba a enfermar, él dejaba de cobrar. Efectivamente, hemos llegado a tener una formidable industria farmacéutica y, a mi juicio, el más grande esfuerzo que se ha hecho, en todos los tiempos, para curar a las personas de sus enfermedades, sin perjuicio de que el interés objetivo de nuestra medicina es que las personas estén enfermas y no sanas. Es más, es bastante difícil ir y cumplir el principio de la medicina preventiva..., ir, por ejemplo, todos los años, o cada medio año, a hacerse un análisis y no encontrarse algo. Cuanto más insista uno, algo peor. La idea de la medicina preventiva, la idea de que si uno va a tiempo se conseguirá, digamos..., vivir muchos años más o con mucha más calidad de vida, creo que no toma en consideración un factor que, como filósofo, no tengo más remedio que recordarles (también lo decía Elías Canetti en una obra de teatro): sin incertidumbre no hay vida. Cualquier posibilidad de acercar a las personas a lo que realmente nos va a pasar, y todos sabemos que lo que nos va a pasar, que es que nos vamos a morir; pero cualquier posibilidad de acercarnos a cómo, qué día y de qué manera, es lo mismo que matarnos, que aplastarnos en un cenicero como una colilla. Este es, para mí, el principal inconveniente que tiene la supuesta idea de la medicina preventiva, que, en realidad, yo no la veo tanto como una idea, sino como un desiderátum de una medicina que ya tiene su interés en la enfermedad y que, así, puede prolongarse, no sólo para tratar los males reales, sino los males posibles.

LOS “TRES MALES”

Se ha hablado de tres males, como el tabaquismo, la obesidad y la sedentariedad. Fíjense que son diferentes..., o sea, en realidad el uno viene de un fármaco considerado indiscutiblemente divino por todos los indios..., por todos los indígenas que van desde el estrecho de Bering hasta la Tierra del Fuego, cuando se descubrió América; que luego se ha difundido por todo el planeta con un éxto extraordinario, que hace que ahora prácticamente una de cada tres personas fume y, sobre todo, sufrague con impuestos indirectos, por ejemplo, en gran medida la medicina, la medicina gratuita.

LA DESIGUALDAD “CRECE”

Se habla de que la desigualdad crece. Lo siento. Yo llevo cincuenta años estudiando la materia (soy historiador básicamente, aparte de filósofo): esto es completamente falso, no se lo crean ustedes. La desigualdad fue máxima durante unos sesenta siglos o así de historia recordada, donde, registralmente, las personas nacían esclavas o libres. Ha sido un extraordinario esfuerzo, del cual podemos sentirnos orgullosos todos, el quitarnos de encima, primero al esclavo y luego al siervo. El siervo fue una variante del esclavo. ¿Por qué nos quitamos a los esclavos y a los siervos de encima? Pues porque se descubrió que el ritmo de su trabajo, la eficacia productiva, no se podía comparar con la eficacia productiva de países libres. Fue, por primera vez, Montesquieu, en su gran “Espíritu de las Leyes”, el que analizando las mismas minas de cobre, que hacían la frontera entre Hungría y Turquía, con los mismos filones, pero en el caso húngaro administrado por hombres libres y en el caso turco por esclavos, descubrió que la proporción de producto que se obtenía..., los húngaros era al menos un dieciocho por ciento superior, normalmente un treinta por ciento superior. Creo que los seres humanos debemos honrarnos recordando que hemos hecho esta tarea portentosa de poner en su sitio a los amos y poner en su sitio a los siervos; que el discurso de que las desigualdades crecen, en definitiva, no es más que una manifestación, normal, de nuestra propia tendencia a confundir que, si nos despertamos jorobados, pues pensamos..., pues el mundo es el que está jorobado. El mundo está jorobado, por muchas cosas; entre otras lo estamos gastando, porque hemos inventado tantas nuevas vidas que no da de sí, el mundo. ¿Pero qué puede hacer un padre?, ¿qué puede hacer un país?, ¿qué puede hacer un planeta, por su propio género, más que crear vida, más que abrir la posibilidad de que otros vivan? ¿Qué magnanimidad puede compararse con esa? ¿Qué riqueza puede asemejarse a la de un lugar donde antes había diez y ahora hay veinte, o cincuenta, o cien...? ¿Qué clase de ingratitud y de visión a corto plazo nos oculta esto, y nos hace que sigamos con la cháchara de que las desigualdades crecen, cuando, al fin, las desigualdades empiezan a decrecer?

LOS "DESENFRENADOS" I

Platón decía que homenajes cada vez más frecuentes a Dioniso, es decir, beber cada vez más, era recomendable para las personas, a medida que las asperezas de la edad las iban lanzando en la única evidencia incontrovertible que en el mundo hay, que es que uno envejece, que la vejez es una catástrofe y acaba uno teniendo que morirse. Esto, con coraje, honra a las personas; sin coraje, las degrada. Estos homenajes cada vez más frecuentes, que Platón proponía hacer al dios Dioniso, que es el dios del vino, claro, con el desarrollo de la química de síntesis y el conocimiento humano, se han ido ampliando a un catálogo de drogas muy superior, de modo que el efecto principal del vino, que era la relajación del carácter, la cordialidad..., ¿a ver quien se puede representar una cena de fin de año, o un bautizo, una boda..., sin ese elemento de cordialidad?; pues digo que el ingenio humano, la profundización del conocimiento, ha ido descubriendo otras drogas, que tienen otras virtudes, que no son la cordialidad, pero que en cambio, pues, a lo mejor no le pegan tan duro al hígado, aparte del gravísimo problema que tenemos con el alcohol de que, a mi juicio, al menos una de cada tres personas tiene “mal vino”. Es decir, tiene cosas que ocultar a los demás y a sí mismo y, cuando toma vino, el superyó, lo que podemos llamar el Pepito Grillo, esa conciencia crítica, se acalla. Sí, se acalla para él, pero los demás lo padecen muy gravemente. Por supuesto, incluso tiene una parte considerable en la violencia de género.

LOS “DESENFRENADOS” II (LIBERTAD Y SERVIDUMBRE)

En cuanto a que: “oiga ¿y yo por qué voy a pagar por uno que fuma tabaco, uno que se pasa la vida comiendo palomitas, viendo la tele y que acaba con un trasero de este calibre...? Vamos a ver, ¿qué es lo que le cuesta más caro a la sanidad pública, el desenfrenado o el hipocondríaco? A mí me parece que la razón de las listas de espera no está en el desenfrenado. Yo, por ejemplo, soy una persona que ha querido mucho la vida y he tenido mucha suerte. No voy al médico desde mil novecientos setenta y dos, que fue cuando tuve la segunda hepatitis, y procuraré no ir nunca, salvo que tenga algún tipo..., bueno, me encuentre con un dolor fuerte o una fiebre, pero no me ha sucedido desde el setenta y dos; pero he sido muy desenfrenado, me han gustado los placeres, he cogido la vida como..., no sé, como..., como un jugador de fútbol, eh..., coge un balón para hacer una buena jugada. ¡Ah, caramba! Yo no le he costado nada a la seguridad social... ¿Y todas estas personas que ahora tienen esto, y lo otro, y piden hora, y van, y vuelven, y siguen volviendo...? ¿Estas personas no cuestan? ¿No sería conveniente coger a todo el personal que se presenta en la seguridad social y pasarle una prueba de: “oiga, es usted un aprensivo neurótico”?, porque para usted no tenemos otra cosa más que una sesioncita de psicólogo. Pero claro, con una sociedad que prefiere pensar que las desigualdades crecen..., ¿cómo no vamos a pensar que el desaprensivo no existe para las listas de espera de la seguridad social? En realidad el problema viene todo de personas que son desenfrenadas. A mí me parece que estamos proponiendo un crecimiento del gobierno a expensas del autogobierno y que cantamos los riesgos de la libertad porque adoramos la seguridad desde la servidumbre. Me parece que el hipocondríaco, el aprensivo, tiene una versión paranoica de la muerte, que coincide perfectamente con los intereses de la medicina institucional y del gobierno burocrático de la ciudadanía, en el sentido de que ¡la muerte es un asunto burocrático! Estará usted mucho mejor muriendo el veintitrés de marzo que muriendo el siete. ¡Hombre, claro, imagínese!, trátese esto y lo pasará mejor. Yo no creo que el ser humano esté acostumbrado a superar la incertidumbre, ni a recibir amenazas de muerte. Llamo diagnósticos tóxicos a todas aquellas opiniones sobre el estado de salud de una persona, que no teniendo cura, en el fondo, lo único que le dicen es: “¡muérase usted, tenga la cortesía de no desafiar al estamento, que ya le hemos dicho que tiene usted tres meses!, si puede morirse usted con dos meses y medio, mejor ¿eh? No fastidie, que esto entonces, al fin y al cabo ¿dónde van a estar los principios? ¿Cuál es el orden del asunto?

LA COMPLEJIDAD

Se ha hablado de tomar en serio la complejidad. Yo llevo, ahora... El año pasado publiqué el primer volumen de una historia del comunismo, que vendrá a tomar, me temo, dos mil páginas, o así, porque es una historia del comunismo desde el principio, es decir, desde aquel señor que se subió a la montaña y dijo: “benditos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino”. De ahí empezó todo. Fíjense ustedes que pargo, hasta donde ha llegado el asunto... Pero antes me escribí un libro largo, llamado “Caos y orden”, que es un monográfico sobre la complejidad y sobre los métodos modernos que tenemos de abordar la complejidad. Básicamente los métodos modernos de abordar la complejidad es una nueva visión de la química y del segundo principio de la termodinámica, que se debe a Ilya Prigogine, premio Nóbel de química, y la geometría fractal de la naturaleza, que se debe al gran Mandelbrot, que nos permite pasar de esa geometría idealizada, que es la euclidiana, donde existen puntos, líneas, curvas regulares, a lo que es, de verdad, una alcachofa, un río, una nube, nuestra piel... Bueno, ya que estamos hablando de tomarnos en serio la complejidad ¿por qué no nos la tomamos en serio? Los que hablan de tomarse en serio la complejidad ¿por qué no estudian a Mandelbrot y a Prigogine? ¿Por qué no empezamos con métodos serios de medición de variables? ¿Por qué esto de variables dependientes sólo es una cosa que, a lo mejor, si lo dice este jefe de gobierno que tenemos ahora, o el anterior, pues se le llena la boca de tal forma que, a lo mejor, se tropieza? Pues porque, cuando hablamos de que las condiciones valen más que los estilos, volvemos a lo mismo, de que la seguridad desde la servidumbre debe imponerse a los azares de la libertad y de que podemos tener una versión burocrática de la muerte. Que tenemos que seguir haciendo, pues..., lo que nos digan. Al fin y al cabo los medios cada vez son más importantes. Debemos hacerles caso (con sorna). Que luego los medios tengan esta deriva tan curiosa, ¿éh?, tan sesgada, pues es que también, pues forma parte de las condiciones. Al fin y al cabo lo que habría que quitarnos es el estilo, la idiosincrasia. ¿Cómo es esto de que cada cual, más o menos, va a pensar..., desde sí mismo qué, o no, hacer de su vida.

RESPONSABILIDAD Y VICTIMISMO

Bueno..., como también ha salido la palabra responsabilidad ¿saben ustedes cuál es la palabra contraria a responsabilidad, a mi juicio? Victimismo. No ha salido la palabra todavía, pero me temo que gran parte de lo que se ha dicho hasta aquí, y gran parte de lo que se sigue diciendo no es más que victimismo.

CORAJE

Un poquito de coraje. Honrémonos a nosotros mismos. Sepamos que de donde estamos metidos no nos saca nadie, pero, por favor, no vayamos por ahí mendigando soluciones que no existen. En fin, ya ven ustedes. Yo sí que he intentado mantenerme a tiempo, pero me temo que me he pasado. Muchas gracias.
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miércoles, 24 de junio de 2015

Moraceae Ficus lutea en los jardines del Puente de las Américas de Málaga.

Rama de Ficus lutea (Moraceae) recubierta de siconos en los jardines del Puente de las Américas, el cinco de marzo.

Intervención de Antonio Escohotado en la tercera y última conferencia del ciclo “Mayo 1968-2008. La revolución revisada”, organizado conjuntamente por el Museo Patio Herreriano y la Universidad Europea Miguel de Cervantes, que tuvo lugar en la sala de actos del Museo Patio Herreriano, de Valladolid - compartía la mesa con Fernando Savater.


Muchísimas gracias, amigos y amigas. Para mí es una enorme satisfacción porque, después de conocer a Fernando, como él ha dicho muy bien, hará ahora unos cuarenta años (él es bastante más joven que yo), pues, claro, no habíamos tenido, que yo recuerde, la oportunidad, nunca, de estar sentados en la mesa, hablando del mismo tema. ¡Helo aquí! Yo me vuelvo a sorprender, como siempre, de su capacidad de improvisar. Les confieso que de los españoles vivos, Fernando es la persona a quien más admiro. Luego, respecto del tema, pues claro, Fernando y yo estamos, como quien dice, enfangados, o sea, de los pies a la cabeza, no exactamente porque seamos crédulos. No estoy muy de acuerdo con la presentación que ha hecho de mí Miguel Ángel, en la medida en que, a mí, lo único que me ha apasionado siempre es el curso del conocimiento. Dentro del conocimiento prefiero, digamos, los que se interesan por la expansión farmacológica de la conciencia, y prefiero los que se dedican a la libertad sexual, pero primero el conocimiento, y luego lo otro. La pasión de mi vida ha sido acumular información que yo pudiera considerar no arbitraria y, entonces, al reflexionar sobre estos temas y, en particular, sobre éste..., el del sesenta y ocho... Hará veinte años yo pensaba que aquello fue una patochada, un ataque de auto-importancia... (le cambian el micrófono) Me parecía una patochada, un ataque de auto-importancia. Cuando Napoleón dijo que la Revolución Francesa, que había sido un loco ejercicio de..., un loco ejercicio de vanidad, yo dije..., bueno, pero en este caso es aún peor, porque los Saint-Just, Marat..., consiguieron asesinar a muchísima gente y aquí, aunque Fernando no lo ha mencionado, yo sí creo que había unos cuantos..., por ejemplo, los partidarios “albanistas”, de Enver Hoxha, ¿eh?, y los del Che Guevara, que eran posiblemente los más numerosos..., se lo tomaban muy en serio. Tanto es así que, diez años después, hacia el setenta y ocho, la desilusión por no haber conseguido montar la guillotina en la plaza, que hoy se llama de la “Concorde”, pero que antes se llamó la “Place de la Revolution”,creó las Brigadas Rojas, creó la Baader-Meinhof, estimuló poderosamente la ETA española... en definitiva, lanzó la gran oleada de terrorismo, y fue nada más que la decepción de haberse quedado en palabras, de no haber logrado contagiar a las personas de ese ataque de auto-importancia. Anoche, pensando que iba a venir aquí, dije ¿qué puedo ver, qué puedo tocar, sentir, oír..., que me recuerde aquello, que me ponga allí? Se encendió “eureka” en mi cabeza..., una luz, y dije: “El último vals”, de Martín Scorsese. La puse y me la vi. Hora y media, la película. No sé si ustedes la habrán visto. Es la despedida del grupo“The Band”, que acompañó muchos años a Bob Dylan, y que decidieron que si seguían viviendo la vida de la carretera morirían todos. Luego me he ido enterando de que de los cinco de los “Band” han muerto tres. Eran bastante excesivos, con las drogas, con el sexo y con el “rock and roll”, como en aquella época. Al ver la película me di cuenta de que todo era..., todo era limpio en aquellos cinco hombres. ¿Más guapos?, puede ser imposible. Robbie Robertson, el cantante, compositor y guitarra solista, pues no no sé..., parecido al David de Miguel Ángel. A los otros cuatro de la banda..., a las preguntas de Scorsese de por qué tocaban y hacían sus giras..., pues porque había unas chicas monísimas siempre alrededor y porque el espíritu de la música les mandaban investigar. Dos de ellos, ya muy mayores, en el noventa y ocho, hiceron los coros de Sinead O’Connor, la canción “Mother”, de Pink Floyd, cuando al caer el muro, hicieron esa celebración diez años después y montaron un enorme muro de polyspan, o de algún plástico de estos, y luego, después de montarlo, lo tiraron, pues..., lo tiraron. Ellos tenían un sentido de las segundas voces prodigioso, que seguro que no hubieran entendido ni Mozart ni Monteverdi. Unas segundas voces casi iguales, pero levemente diferentes. Sin embargo no me voy a enrollar con esto, porque yo también quise ser guitarrista; lo que pasa es que me di cuenta a tiempo de que no tenía el talento debido para eso. Empapado en la película de Scorsese dije ¡ay, caray!, no era sólo vanidad; no era sólo desilusión por la falta de poder; no era sólo una formación deficiente, una..., un pensar que, de alguna manera, el pensamiento nos puede ayudar a establecer proposiciones fijas incambiables, no era eso. También era, como ha dicho Fernando, la limpieza, la belleza, la audacia, un sentido de benevolencia, en general... No tanto de querer salvarle la vida (tan odioso ha sido esto de querer salvarle la vida al prójimo, a lo largo de la historia humana, tan espantoso...). No. Era algo así como aplicar directamente la elementalidad que se le ocurrió a Herbert Marcuse, un profesor de la universidad americana, que luego, rápidamente, se difundió en todo el mundo. ¿Cuál es la simplicidad que se le ocurrió a Herbert Marcuse? Primera premisa, evidentemente cierta: la ciencia, en general, y la educación de las personas ha conseguido que, por una parte, la laboriosidad, y por otra parte, la eficiencia, conviertan en absurda la pobreza. No hace falta la pobreza. Sobra la pobreza. Con los medios técnicos de que disponemos y la educación que tenemos, en el sentido de ser industriosos y ahorrativos, no hace falta la pobreza. Aceptemos la primera premisa. Segunda premisa de Marcuse, a mi juicio totalmente inaceptable, disparatad y, sin embargo, la única que entendíamos entonces: esto nos lo impiden las grandes compañías, la concentración de poder, el capital, el mal. Cualquier idea que se aproxime a lo que decía el profeta Manes, es decir, a que hay un principio bueno, completamente bueno, y hay otro principio malo, completamente malo, y nunca va a poder haber un tercero, nunca va a haber un mediador... Por eso en las grandes cosmogonías maniqueas empiezan estando separados, se tiran siete creaciones con una especie de seudo-mezclas y vuelven a estar separados en la octava cosmogonía. Marcuse tenía como segunda premisa aquella, la de que, el mundo..., no había razón para que hubiera nadie pobre. Ya no había ninguna razón, pero había unas gentes empeñadas en que fuesen pobres. Conclusión: ¡hay que hacer una revolución!, pero una revolución no autoritaria. Evidentemente no se puede hacer un silogismo correcto si la segunda premisa es incorrecta; sobre todo si el término medio se utiliza unas veces como plural y otras veces como singular, unas veces como positivo y otras veces como negativo. La inferencia tiene sus límites. En el caso de Marcuse la inferencia tenía unos límites tremendos, pero a nosotros no nos lo parecía. Total, que yo me traduje un libro de Marcuse..., no, dos libros de Marcuse me traduje. Publiqué mi primer libro sobre Marcuse, si no recuerdo mal, en el sesenta y ocho, y estaba tan convencido. ¿Qué hay de desagradable, aparte de este..., de esta segunda premisa, tan disparatada, es decir, tan maniquea, de Marcuse? ... ... ... un personaje que, a mi juicio, ha ido despareciendo, para bien de todos, y es el intelectual. ¿Qué entendemos por intelectual? Pues ¿una persona dedicada al cultivo del conocimiento? No. Un intelectual es un guía laico. Para gentes que están buscando algún tipo de redentor, salvador, el intelectual es perfecto, porque prácticamente no sabe de nada, pero habla de todo con una inmensa autoridad, la autoridad que le confiere estar en lo cierto. En aquella época los curas se habían venido abajo y se habían alzado los médicos y los intelectuales. Los intelectuales se han venido abajo y ahora, fíjense ustedes, por ejemplo con lo del tabaco, los que siguen en la cúspide son los médicos. Han cambiado la sotana negra por una bata blanca y tan frescos. La humanidad sigue siendo, pues, lógicamente ... Mayo estaba minado, de principio a fin, por los intelectuales, y por el intelectual más ridículo de todos, al que, por lo demás, no le podemos negar una capacidad literaria impresionante y una capacidad de trabajo excepcional. Me refiero a Jean Paul Sartre. Es como la médula de nuestros huesos, por lo menos la de Fernando y la mía. Yo creo que me llegué a saber de memoria párrafos de libros de Sartre, de “El ser y la nada”y, sobre todo, de “La nausea”. Luego, pensándolo un poco mejor..., los detalles de su vida práctica..., imaginándolo con aquella señora con moño, laSimone de Beauvoir, ligando a una jovencita, un poco demasiado delgadita, un poco demasiado gordita..., él en calzoncillos, en un apartamento, eh..., pues, es mejor pensar en The Band y, digamos, en la vertiente Woodstock-Monterrey que en la vertiente Quartier Latin ... de su propia falta de materia. Es como si fuéramos por el cosmos y, de repente, mirásemos por la aeronave en cualquiera de las direcciones: todo es infinito, la profundidad es ilimitada. Nos vamos acercando a ese estado donde las cosas que realmente son, son noticia, es decir, información, paquetes discretos con datos precisos. Hasta entonces los seres humanos preferíamos entregarnos a algún tipo de pasión: que nos gusta esto, que nos disgusta aquello, que vamos a quemar a este, que vamos a subir a los altares al otro..., ¿eh? Este tipo, entre el melodrama y la farsa, en lo que ha vivido una humanidad necesariamente analfabeta y, por eso mismo, justificable. Yo creo que en el sesenta y ocho había dos líneas muy claras. Y yo opté por una. Cuando me fui a Ibiza, prácticamente solo..., allí estuve quince años y... Pero empezaba a llegar más gente... Digamos..., la rama ibicenca era la rama de sexo y rock and roll y mucha droga. La rama francesa era más intelectual, más Jean Paul Sartre, más Simone de Beauvoir, más académica, más política. La política del sesenta y ocho en América era: iros a tomar por saco, yo me voy a mi campo, allá donde me da la gana y tengo con muy poco y os voy a demostrar que puedo aprovechar la fuente que me ha dado el mundo para tener una vida, no diría de buen salvaje, sino de refinado jabalí, por ejemplo, o de refinado... De modo que entre Monterrey y Nanterre, pues ... diferencia. Salvo que tanto en Monterrey como en Nanterre la gente joven y la gente guapa parecía haberse reunido como por un esfuerzo magnético, como le pasa a unas limaduras de hierro si por allí anda una piedra imán. Ya llevo diecisiete minutos. Vamos a terminar. ¿Qué es lo que a mí me parece..., llamaría, conocimiento objetivo, o información..., hubo en el sesenta y ocho? Tardé mucho en comprenderlo. Cuando me puse a estudiar la crisis de la ciencia dura contemporánea, en un libro que luego publiqué, “Caos y orden”, que me tomó bastantes años, porque yo, en principio, soy un lego en todas estas cuestiones, me di cuenta de que las ciencias se habían metido en un cierto atolladero de infalibilismo dogmático y auto-importancia, a partir del último estallido teórico importante, que fue el de Niels Bohr, Heisenberg y la física cuántica. A partir de ahí la ciencia padeció, desde el año treinta o cuarenta, un progresivo ataque de infatuación. Por una parte demasiado peso público... que había conseguido la bomba atómica y tenía todos los ministerios del interior a su disposición, dándole lo que quisiera, con tal de que hiciera, por ejemplo, tanques movidos por arena o cualquier tipo de virguería de este estilo... Igual que habían conseguido la bomba, conseguirían también otra cosa... Pues, en el sesenta y ocho, mientras que por un lado tocaba Jimi Hendrix y por otro Cohn-Bendit lanzaba sus soflamas, lo que se estaba haciendo es la verdadera ciencia. Lo que se llama ciencia del caos. Concretamente la geometría fractal, que es la geometría del mundo real. No la geometría de un mundo idealizado, de Euclides, sino una representación de la infinitud concreta, que representa los riachuelos, las nubes, los riñones, el pelo, las pasiones... Eso, digamos, como forma de organizar el espacio, pero, como forma de entender el tiempo, la disipación, el desorden y el orden, a mi juicio el más poderoso pensador del siglo XX, Ilya Prigogine, el químico; es uno de esos raros casos de un hombre que merece el premio Nóbel y se lo dan. Esos, Prigogine y Mandelbrot, todos los teóricos de lo que se llama caos, hicieron su obra, precisamente, en esa época y, si nos fijamos, es lo congruente. ¿Qué se entiende por ciencia del caos? Yo creo que en dos proposiciones se puede resumir. Una, no confunda usted con caos aquello que no consigue medir o predecir con sus aparatos actuales de medida. Dos, si la naturaleza no fuese autónoma en alguna medida, si la naturaleza estuviese realmente sometida al principio inercial, no estaríamos hablando. Bueno, la verdad es que me parece que lo he dicho todo. Vamos a ver si en el coloquio sale algo más ingenioso.

PÚBLICO: al que niega la relación entre mayo del sesenta y ocho y el terrorismo de los setenta.

ANTONIO ESCOHOTADO: Yo pensaba otra cosa, hasta que leí el libro de Rossana Rossanda sobre este…, no Curcio, el otro, este…, Mario Moretti, el jefazo de Brigadas Rojas y el que le pegó, casualmente, once tiros en la nuca al primer ministro Aldo Moro… Le preguntaron ¿por qué once?, y dijo,“no, pues no sé…, tenía que desacargarme…” en el libro de la Rossanda, tanto Moretti, como la señora Meinhof y Andreas Baader, explican que se acabaron metiendo en sus respectivos movimientos después de la esperanza defraudada que les produjo mayo del sesenta y ocho. Yo doy el dato, simplemente, porque no sabía que Moretti y la Ulrike Meinhof habían declarado…, lo que yo antes dije.

PÚBLICO: al que pide opinión sobre el papel de Guy Debord y los situacionistas en mayo del sesenta y ocho.

ANTONIO ESCOHOTADO: Como estoy metido desde hace muchos años en una historia del comunismo, he tenido, hace tres años o así, que estudiar otra vez a Debord y a Vaneigem…, volverlos a leer y, la verdad…, Fernado, tú ¿cuándo es la última vez que los has leído? (FERNANDO SAVATER: “en el sesenta y ocho”) Me temo que la relectura te puede producir un auténtico shock. Se trata de un personaje…, por cierto, en el caso de Debord con un final digno, porque se pegó un tiro con una escopeta de caza, que no es tan fácil (con una pistola es más sencillo, con una escopeta hay que estirar mucho la pata para darle al gatillo), alcoholizado en los últimos años, completamente alcoholizado…,Fernando y yo hemos tenido un íntimo…, queridísimo amigo, con una profundidad intelectual parecida…, que también se suicidó, era alcohólico…, pero que no escribió las, a mi juicio, tontería inenarrables que este…, escribió Debord. Pero, cuando salieron, la internacional situacionista, nos parecieron los únicos no completamente sectarios, dentro de una película de sectarios, porque el líder albanés, el líder chino, Che Guevara, pero hombre…, el Stalin, que no había forma… Luego había la alternativa trotskista, pero era lo mismo, una forma de sectarismo muy aguda. Nos parecieron que los situacionistas no eran…No, el señor Debord empezó con una película de cuatro horas donde no pasaba nada, la pantalla ahí estaba en negro, y salía, no sé, antes o después, ceo que antes, a dar unas explicaciones sobre que el capitalismo había acabado con el arte… Luego, lo que él ha escrito, los textos son, a mi juicio, la estética marxista. Si Marx tenía una economía o seudo-economía, una sociología o seudo-sociología, pues le faltaba una estética. Yo creo que esto es lo que quiso poner Guy Debord a Marx. Lo que pasa es que los resultados fueron asombrosos. En el fondo coincidía punto por punto (y además era uno de los pocos que lo había leído) con Marcuse. Se entiende decir ¿pero cómo las personas pueden entregar su vida a cosas tan absurdas, a tener un BMW, o un televisor nuevo o una joya a la señora, o el señor, yo qué sé…, un viaje a Tailandia para pasarlo bien en los burdeles de Chiang Mai…, cómo es posible que…? La palabra…, hacía mucho que no se dice, les va a sonar a ustedes mucho: alienación, ¿a que hace tiempo que no se decía alienación?, enajenación… Poner el corazón en una cosa que no es. Si leemos a Debord, y yo tuve, digamos, la oportunidad hace tres años, con toda atención, con lápiz en la mano, yo creo que nos quedaríamos atónitos ante la simplicidad conceptual del personaje, porque lo único que, a mi juicio, tiene peso en su escritura, es lo que podríamos llamar el componente yoico. Yo, yo, yo…, esto me gusta, esto no me gusta… Pero, oiga usted, ¿ha estudiado algo?, ¿ha sacado en claro algo?, ¿ha sacado en claro algo después de estudiar, o es que en el fondo usted lo sabe, como por ejemplo Adán y Eva, sabían las cosas por ciencia infusa, sin necesidad de estudiar previamente? A mí lo que me pone de los nervios, y por eso empecé con los intelectuales, son personas precisamente como Debord. La enorme influencia que tuvieron. Yo creo que de milagro me libré de ser un terrorista, en aquellos tiempos. Lo agradeceré siempre. Sin embargo, si hubiese hecho caso de Debord o de los demás intelectuales del momento lo hubiera tomado como un deber. Ahora, pues claro, digo: maldita sea…, pero, sobre todo, malditos seáis vosotros, que queréis simplificar la vida de esta manera, como para que realmente haya buenos y malos de película.

PRESENTADOR: la pregunta que se me ocurre es ¿de qué manera mayo del 68 ha proyectado sobre nuestros días la incertidumbre de la física, las teorías del caos, las teorías de sistemas? ¿En qué medida ha quedado como hilo conductor…? ¿Existía en mayo del 68 incertidumbre o, después de todo lo que hemos dicho, verdaderamente la ciencia tenía principios y los quería llevar hasta el final?

ATONIO ESCOHOTADO: Si leemos las letras de las canciones de Bob Dylan, por ejemplo, nos damos cuenta de que allí está actuando, operando, a toda velocidad una enorme complejidad. Entonces el problema de Leonard Cohen es la enorme densidad de contenido, es decir, el hecho de que hay dos palabras pero realmente cada una de esas dos palabras es un mundo propio, son sustantivos… No es meramente una aliteración de adjetivos, como por ejemplo en Víctor Hugo o el melodrama, no. Sin embargo toda la parte intelectual revolucionaria… Sí, revolucionaria, por otra parte, y yo sigo creyendo que la revolución, y eso es lo único en lo que coincido con Debord, es una revolución de puertas adentro, de la vida cotidiana, la medida que tiene cada cual de acercarse a sí mismo, de buscarse a sí mismo, de aceptarse a sí mismo, no esto de salvarle la vida al prójimo, que me parece una hediondez, aunque sea un asunto repetido en los últimos tres mil años… Y la complejidad lleva consigo incertidumbre. La incertidumbre puede quedar ahí como un fermento de interés para nosotros, que intenta disolverse mediante profecías, tanto científicas como teológico-políticas, o somos capaces de aceptar la incertidumbre en lo que es la medida de libertad que abre. Nacimos cualquiera de nosotros..., aunque nos digan que nos van a dar cinco premios nobeles, que vamos a vivir ciento treinta años y además en perfecto estado de salud, como diría Campanella en la República de los Solarios… Si sabemos que no vamos a tener ningún problema, pero sabemos que vamos a morir el trece de abril del año tal, a tal hora, nadie puede vivir desde ahora. La esencia de la vida es la incertidumbre. Toda clarificación, toda certeza, que por lo demás es lo que piden las pobres almas religiosas, sin darse cuenta de lo que piden, es un despropósito. En mayo del 68, pero también antes y también después, dentro de lo que es la evolución del mundo, y por eso recordaba a Prigogine y Mandelbrot, que son los gigantes de la ciencia dura del periodo, los seres humanos nos fuimos dando cuenta de que la libertad para nosotros es tan esencial como…, y no hay libertad sin incertidumbre y, en esa medida, yo no separaría, no puedo separar mayo del 68 de lo que fue la gran década de los sesenta, que se prolongó un poquito más, hasta los setenta y claro, como un éxito infinito desde el punto de vista de gustos del consumidor, modas artísticas, ropas, etcétera. Toda la gente que se preciaba un poco más o menos imitaba. Yo recuerdo todavía… Yo creo que Fernando lo evitó, pero yo me dejé llevar: pantalones de esos de elefante, botas de vaquero o sombrero de cazador blanco… Yo era muy coqueto, yo estaba loco por las señoras. Afortunadamente ya me he tranquilizado… Hay uno al que le va a dar un ataque, que soy yo.
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