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viernes, 12 de junio de 2015

Antonio Escohotado en el Seminario internacional “América Latina: oportunidades y desafíos”. 2014. Universidad de Lima. Perú.


Antonio Escohotado: Vamos a ver, si yo, como padre de siete hijos y abuelo de unos cuantos más, pudiera a través de la prohibición de ciertos compuestos químicos asegurar que su vida sería mejor sería el prohibicionista convencido. ¿Por qué no soy yo prohibicionista convencido? Pues porque hay una diferencia radical entre los imple y lo complejo. La esfera de lo complejo tiene sus leyes propias y si aplicamos el simplismo, la simple voluntad en contra de la inteligencia en esta materia nos vamos a encontrar con resultados contradictorios permanentemente. Entonces, a todas las personas que pueden decir “quiero proteger a mí y proteger sobre todo a mi familia, a la gente joven”, a través de lo que venimos intentando, en realidad lo que conseguimos es un resultado paradójico. Justamente lo contrario. Dediqué muchos años, unos siete u ocho, a investigar qué había pasado antes con las drogas, es decir, que dejásemos de preguntarnos en condicional “qué pasaría si” y empecemos a decir “qué pasó cuando”. Es bastante distinto. Todas las sustancias psicoactivas, descubrí, que el hombre ha ido hallando en el mundo, han tenido su etapa de glorificación como panaceas, satanización comoprincipios criminales y luego, más o menos, una estabilización. A las personas les gusta que realmente lo simple se sobreponga a lo complejo y que pueda seguir habiendo cosas incondicionalmente horribles y cosas incondicionalmente fantásticas. En el caso de las drogas esto llega a extremos extraordinarios. Nunca la humanidad ha entrado en una histeria de masas tan seguida, tan sostenida. Pero ¡cuidado!, tenemos muchos precedentes históricos de la historia de masas actual. En su gran historia de Roma Tito Livio dedica veinticinco o treinta páginas, hablando con nombres y apellidos, de la primera persecución de bacanales, que dio origen al senadoconsulto que convirtió a la república romana en una dictadura implacable. Fue el senadoconsulto de derechos incondicionales del Estado. ¿Qué fue aquella persecución de las bacanales? Livio nos comenta que había una señora, entre cortesana, de la buena sociedad, tal…, otros señores… Mataron pasando a cuchillo o enterrando vivos entre dos mil y veinte mil personas. ¿Por qué? Pues porque las ceremonias del culto dionisiaco implicaban, según algunos magistrados, que se robaba, que se hacían estafas, que se falsificaban testamentos y, en general, que se violaban las costumbres romanas. Unos capítulos más adelante expresa muy claramente la actitud de los romanos de terror ante el vino. No había licores. Como saben ustedes el alambique, es decir, la forma de separa el alcohol del agua, empezó aproximadamente en el siglo XI, en un tratadito, el “Mappae clavicula”… Y, bueno, tenían tal miedo al vino los romanos y los griegos que cuenta Livio que a una mujer, que se le encontró con las llaves de una bodega, la condenaron a quedarse encerrada allí y a morir de sed y de hambre. ¿Por qué? Porque los griegos y los romanos le tenían un miedo cerval al alcohol. ¿Por qué? Pues porque descontrolaba. Quizá el origen de darnos la mano y, sobre todo, con certeza, el origen de brindar es decir “aunque vayas a perder los estribos con la copa, haces una promesa anterior de evitarlo. Los antiguos tenían respecto de las drogas un criterio que expresa muy bien Filón de Alejandría, sobre todo Platón en “El Banquete”, que es la “sobria ebrietas”. Ellos decían que la abstinencia de drogas revelaba miedo a sí mismo y miedo a los demás y que lo que había que hacer es, de vez en cuando, permitirse una ebriedad elegante, digna, moderada. Por eso el adjetivo sobria. Mi historia es muy larga y no pienso hablar más de veinte minutos, de modo que vámonos a las cruzadas. Yo mantengo que cualquier cruzada fracasa porque en su lógica está triunfar perdiendo y perder ganando. ¿Cuál fue la primera cruzada? La primera cruzada fue la salvajada de buscarse el cuerpo de un señor que nos habían dicho sus apóstoles que no estaba allí, que se había ido. Como cuenta Hume en la “Historia de Inglaterra”, al hablar de la parte de Ricardo Corazón de león y de Juan Sin Tierra, claro, esa empresa tan extraña que iniciaron Walter Sin Céntimo, “Penniless Walter”, y Pedro el Ermitaño, que llegaron a congregar trescientos y pico mil hombres que se fueron andando y ahí se fueron desperdigando por Bulgaria, cuando llegaron a Bulgaria llegaron muy pocos… ¿Qué querían? Querían recobrar el sepulcro del Señor. Si se llegan a encontrar un solo rastro de materia orgánica ¡caramba!, salta en una gran explosión todo el dogma cristiano. Sin embargo insistieron… La cruzada contra la brujería fue una cruzada farmacológica. No sólo lo explica en detalle el tratado de Giambattista della Porta, que debe ser por ahí mil seiscientos pocos, sino todos los procesos inquisitoriales revelan que llegó a constituirse en un saneado negocio lo que ellos llamaban untos y potajes. Ahora, si me permiten una desviación levemente procaz ¿cuál es el sentido de que las brujas se montaban en escobas y volaban lejos? Las escobas estaban untadas con untos y potajes…, básicamente consistían en extractos de solanáceas psicoactivas, hachís bien concentrado y algunos otros principios. Me temo que sería insistir en la procacidad qué hacían las señoras realmente con los palos de escoba, pero hay al menos dos mil procesos, digo dos mil, inquisitoriales, donde esto se menciona y se precisa. Es curioso que los alguaciles, por ejemplo uno de los grandísimos magistrados, que siempre se jactó de haber quemado vivas a miles de brujas y brujos, Jean Bodin, el autor de la teoría de la soberanía… bueno, pues los alguaciles revendían los untos y potajes y era un negocio bastante próspero. Pero vamos a ver, se hizo la cruzada para evitar que las personas practicasen la magia. ¿Se evitó que las personas practicasen la magia? Pues la verdad, en el seguimiento que yo hice, apoyado por algunos medievalistas, desde luego más competentes que yo, sobre todo paleógrafos capaces de leer con comodidad los códices medievales, pues por cada bruja que había antes de empezar la cruzada, dos siglos después había unas dos mil, es decir, un poderoso efecto de propaganda y de estímulo del fenómeno que se intentaba erradicar. Esto es a mi juicio lo que se deriva de tratar con simpleza asuntos complejos. Iam mencionó el concepto de crímenes sin víctima. Yo escribí un libro hace mucho tiempo, “Majestades, crímenes y víctimas”, intentando destacar esto, que los crímenes sin víctima, pues claro, no tienen instancia de parte, no provienen de la querella de alguien que dice: “oiga, que me han robado, que me han engañado o que han falsificado mi voluntad testamentaria, que me han agredido, que me han amenazado…” No, son crímenes de desacato a alguna autoridad. Por eso, en realidad, no son crímenes sin víctima, son crímenes de lesa majestad. Sólo que un caso es la majestad del rey, en otro caso la sagrada autoridad de la medicina o del colegio de farmacia, pero siempre hay alguna majestad desafiada. En el caso de las drogas, pues bueno, resulta que los señores con sotana negra se han convertido en señores con bata blanca, pero pretenden la misma autoridad y el mismo control. Fíjense ustedes por ejemplo, ahora, con el tabaco. La cruzada contra las brujas fue una cruzada farmacológica. Cuando se acabó, y la acabó en parte el cardenal Lorenzana, un español, nadie dijo “nos hemos equivocado”. Simplemente de la Santa Sede empezaron a emerger instrucciones, digamos discretas, a los obispos de “no sigáis con esto, no es conveniente, nos viene mal”. Nadie ha dicho “lo siento”.Luego ha habido cruzadas, como ustedes saben, sobre “conducta sexual desviada”,librepensamiento y, finalmente, contra las drogas. El primer paquete judicial que se impuso en Estados Unidos en materia de drogas fue una coordinación de la Ley Volstead, que prohibía el alcohol, previendo un periodo de vacación legal de dos años, con la Ley Harrison, que controlaba federalmente, no prohibía, controlaba federalmente el traslado de tres principios psicoactivos: el opio, la morfina y la cocaína. Quedó fuera la heroína que, naturalmente, durante veinte años se vendió espléndidamente puesto que no tenía la competencia legal. El senadorVolstead, el origen de la Ley Seca, dijo el día que entró en vigor la Ley Seca “los hombres caminarán con la vista alzada, se cerraron las puertas del infierno, los niños tendrán la educación que merecen, las mujeres serán respetadas”. Naturalmente la Ley Volstead creó el crimen organizado que hemos visto llevar a sus extremos por ahora en Méjico, puesto que estas cosas migran, como decía Hume, en su “Ensayo sobre el comercio”, las oportunidades migran y, en este caso, primero fue Colombia… Bueno, no, primero fue el extremo oriente y la C. I. A. a través del“Triángulo Dorado”… Y lo último es Méjico y, luego, ya veremos. Tengo entendido que en Guatemala hay extraordinarias extensiones dedicadas al cultivo de la adormidera y también de la hoja de coca. Una tablilla sumeria fechada aproximadamente en el dos mil trescientos menciona el opio en una expresión que, por lo visto, según los que entienden de esto, significa contento y paz. Bien, también hubo una religión, la religión de Eleusis, que duró mil trescientos años y que el gran templo fue demolido por los obispos arrianos de Alarico… Y es una religión que ha tenido un prestigio indiscutido…, iniciados en Eleusis fueron Cicerón, Marco Aurelio, Platón, Aristóteles, Píndaro, hombres de sobriedad intelectual indiscutible… Y dijeron “allí se tiene una experiencia única”. Luego varios amigos, fundamentalmente Albert Hofmann, el descubridor de la LSD, estuvo haciendo unas investigaciones de campo en la llanura Rariana, es decir, en los alrededores de Atenas, y descubrió que, efectivamente, allí todos los cereales son parasitados por el cornezuelo que, como es hidrosoluble…, el cornezuelo también tiene una serie de principios mortales que causan la muerte por convulsión en unos casos y por gangrena en el otro, pero simplemente pasando las gavillas por el agua se separa y se crea un producto muy parecido a la LSD. Ustedes verán qué prefieren como explicación de la veneración que sintieron durante mil trescientos años los peregrinos en Eleusis, si es que la música o algún discurso…, o era más bien que tomaban LSD controlados por los sacerdotes o una mezcla parecida. Yo me inclino a pensar lo segundo. Bien, hemos hablado de la guerra de las drogas. Una de las formas que yo acometí para poder escribir mi historia fue coger un contrato de traductor precisamente en la sección de la Narcotics Division de Viena, que es una parte de la JIFE, es decir, de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Ahí me pude hacer con los archivos de todos y, bueno, buena parte del final de tomo dos y parte del principio del tomo tres son nada más que los registros confidenciales de las propias naciones Unidas y de cómo van ampliando y cómo, al principio, prohíben tres drogas y ahora dos mil trescientas y, encima, se ha aprobado el Analogue Act donde está prohibida cualquier tipo de cosa análoga, con lo cual no hace falta el problema típicamente legal de definir el delito antes de castigarlo. Luego yo no creo que estemos en época de guerra contra las drogas, salvo en Méjico. Yo creo que hemos llegado a un armisticio silencioso hace por lo menos diez años y que la política de reducción de daños se ha impuesto universalmente. Nuestra brigada de estupefacientes se ha reducido a menos de la mitad. El organismo en donde yo trabajaba, en Viena, éramos al menos seiscientos y ahora no creo que haya más de cinco. En realidad, como las demás cruzadas, esta se va a ir entre susurros, como decía … Nadie va a decir “me he equivocado”, sino “poco a poco lo vamos a ir dejando”. Creo que estamos en una fase de armisticio, con un progresivo triunfo de la… En cuanto a legalización, y con esto termino, creo que si legalizamos las drogas, caramba, es como si legalizásemos la lectura, la pintura, los viajes turísticos… ¿De qué se va a legalizar semejante cosa? Recordemos que es experimento ha sido prohibir. Como decía el presidente Hoover cuando lo lanzó: “este es el mayor experimento moral de todos los tiempos”. De acuerdo, ha sido el másgrande experimento moral de todos los tiempos. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Legalizar? No, tenemos que revocar el experimento. Es mucho más sencillo. Yo tengo un grupo de amigos, constituidos en el Grupo de Política Criminal que ya hace once años publicamos un libro (bueno, estamos hablando de cien penalistas, de doscientos magistrados y otros doscientos fiscales) donde vemos que no hay que modificar más que dos preceptos legales del ordenamiento español: el artículo 3.4.4 del Código Penal y el seis o el siete de la Ley del medicamento. Con eso está solucionado. Entonces, unos, los fármacos, irán al supermercado, otros a la farmacia y otros donde realmente estuvieron siempre, el herbolario. Yo no sé cómo se llamaban…,a lo mejor pues tiendas de productos naturistas o cosas de ese estilo. Y nada, les agradezco muchísimo la atención y espero no haber sido demasiado pesado.
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