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martes, 9 de junio de 2015

Antonio Escohotado en La Cátedra Pública de la Universidad de Antioquia el 5 de mayo de 2014.


Gisela Posada:… unos cuantos ditirambos…

Antonio Escohotado:… No hay nada peor que la autocomplacencia…

G. P.: acerca del “señor Escota” de los expedientes judiciales españoles y su experiencia carcelaria…

A. E.: Yo he estado en la cárcel varias veces. Primero por disidente político, luego por disidente militar (estuve catorce meses encarcelado en una prisión militar por negarme a obedecer órdenes), luego estuve dos veces más encarcelado por cultivar mi plantita de marihuana para el autoconsumo y finalmente, en el año ochenta u tres, fui acusado de dirigir la mafia hippy de la isla de Ibiza, que es donde yo llevaba viviendo quince años. Me pedían veintitrés años y acabó habiendo un convenio donde me pusieron uno. Entonces me pareció que eran unas vacaciones humildes, pero pagadas, donde podía redactar el libro que llevaba preparando diez años atrás, la “Historia general de las drogas”, que me sacó de pobre y me convirtió en un hombre semi-notorio. El libro ha vendido casi doscientos mil ejemplares en España, a pesar de tener mil seiscientas páginas; se ha traducido a las principales lenguas y el mero hecho de que ese libro exista hace un poco más inverosímil la acusación de que yo dedicase mi vida a dirigir una mafia, sobre todo porque si fuera ese el caso ¡qué poca condena un año!
G. P.: (La frase “de la piel pa dentro mando yo”…)

A. E.: Sí, esa fue la causa de que ingresase en la cárcel, el haberla dicho en la televisión, entre el ministro del Interior y el jefe de la Brigada de Estupefacientes me situó como blanco en el año ochenta y dos en estos eventos que terminaron en el ochenta y tres con lo que ya sabemos.

G. P.: ¿Por qué todas las cruzadas fallan?

A. E.: Porque las cruzadas vienen de tratar como si fuesen sencillas las cosas complicadas, y entonces se erige un objeto en bien absoluto y otro objeto en mal absoluto, se sataniza y se bendice y es como la diferencia entre el sueño y la realidad. Uno sueña y, de repente, se despierta. Eso nunca coincide, lo que pasa en la vida, fundamentalmente porque lo real, a diferencia de lo imaginado, de lo fantaseado, está lleno de detalles, tiene infinitos detalles y, en cambio, lo fantaseado no tiene detalles algunos. Las cruzadas fallan porque se intenta pensar que no hay detalles y que basta plantear un fin para que ese fin se cumpla, sin contar con todos los factores intermedios. Una vez que eso entra en la vida, fracasa. Se encuentra con mil y dos mil y cinco mil e interminables inconvenientes, imprevistos… Las Cruzadas fracasan porque en su esencia está fracasar. La primera cruzada, no lo olvidemos, es recuperar el cuerpo de Cristo, que lo tenían los árabes y lo querían los cristianos. ¡Ay caramba! Si llegan a abrir la tumba y encontrar algo, un residuo orgánico, menudo problema. Se hubiera caído todo el dogma cristiano, porque el dogma es que no murió, sino que se fue a cielo directamente y resucitó. Si hubieran encontrado un dedo, un brazo, cualquier cosa en el sepulcro ¡qué catástrofe! Pues esa fue la primera cruzada y, a partir de ahí, las demás siempre fueron unos intentos de una parte del cuerpo social por someter a otra parte del cuerpo social, por mandar, mandar, mandar más, mandar omnímodamente. Y mandaron, pero se acabó su autoridad. Quemaron a cien mil brujas, exterminaron a un millón de librepensadores, quemaron a sodomitas y a gais de todo tipo pero, bueno, no acabaron ni con las brujas ni con los librepensadores ni con los sodomitas.

G. P.: Se han ido multiplicando más…

A. E.: Justamente la cruzada sirve como un amplificador. Es el tipo de remedio que agrava la enfermedad sistemáticamente.

Jaime Alonso Mejía: (Jerigonza ininteligible)

A. E.: La cruzada farmacológica, que tanto ha padecido Colombia hasta hace veinte años o así… En Colombia había una situación social y política tan dramática como la hay ahora en Méjico, que es donde ha emigrado el tema, pues claro, viene de una doble premisa que es incongruente la una e incongruente la otra. La primera premisa incongruente es que las drogas son una creación infernal; no el fruto del genio botánico y técnico y químico del ser humano, sino una cosa que ojalá no se hubiera descubierto. Y la segunda es que porque alguien lo mande, los demás van a obedecer. Respecto de la primera hay que decir que las drogas son una de las bendiciones principales que dios o la naturaleza o el afán de conocimiento han puesto en manos de los seres humanos. Sin los analgésicos, precedidos por el opio, que se usa hace al menos cinco mil años, muchísimas personas que mueren entre atroces dolores, pueden morir serenas y sin dolor. Lo mismo pasa con los demás fármacos. Podemos extremar las cosas y decir que no hay un solo veneno que no sea muy útil; no digo útil, muy útil. Ahora mismo hay a lo mejor cien o mil botánicos que están buscando entre las pequeñas ranas del Amazonas, víboras súper activas, extraer esos venenos para venderlos a un precio extraordinario, muy bueno, por ejemplo cinco o diez mil euros el gramo de sustancias híper tóxicas porque esas sustancias son útiles para distintos medicamentos, por ejemplo deficiencias cardiacas, etc., etc. Sólo la ignorancia, la ignorancia y el maniqueísmo, pueden pensar que las drogas son una maldición de la humanidad. Las drogas…, como la dinamita ha permitido hacer túneles, dragar puertos, sacar adelante lo que se llama el proyecto de una civilización… En cuanto a lo segundo, el poder de la autoridad, la capacidad del mando, esto es nefasto. Como decía esta mañana en la pequeña charla en la Universidad, la historia universal puede concebirse como el proceso en el cual, con muchos fracasos y muchas retiradas y muchos armisticios, la inteligencia se va sobreponiendo a la tiranía del deseo, de cómo la inteligencia va venciendo a la voluntad. Nacemos y empezamos a querer y a mandar a nuestros padres y a decir esto y lo otro, somos caprichosos, lloramos si no se nos da… Si la vida va bien y las personas llegan donde tienen que llegar pues nos damos cuenta de que somos poco, cada uno en particular, cada individuo es poca cosa, y que para lo que servimos es para arrojar luz acerca de las circunstancias y condiciones que permiten mejorar la vida, la propia y la ajena. Entonces todos los autoritarios son enemigos de la humanidad, lo sepan o no. Normalmente se presentan como mesías salvadores y personas que van a mejorar la existencia y luego, en la práctica todos lleva más o menos claro un proyecto eugenésico, es decir, un plan de mejora de la especie que, llamado por su nombre, es genocidio. Todos los voluntaristas son genocidas.


G. P.: Cómo enfrentar desde la ética la presencia de las mafias sanguinarias…

A. E.: Si la humanidad lleva cuatro mil años tomando todas las sustancias que ahora se consideran satánicas y no ha habido crimen organizado relacionado con ellas y a partir de la prohibición se crea el crimen organizado ¿por qué me hace esta pregunta? ¿Por qué no se da usted por enterada de que es la prohibición la que crea el crimen organizado? Hay muchas películas donde cuentan que de la prohibición salió Al Capone y la mafia irlandesa y la mafia judía y la mafia siciliana… Pero bueno, eso son bromas Al Capone en comparación con Pablo Escobar o con los cárteles actuales mejicanos. Son bromas, juegos de niños. ¿Cómo se puede negar que el origen de la criminalidad salvaje y organizada, de la corrupción de los Estados, de la implicación de las policías y los ejércitos es una consecuencia directa de la prohibición? ¿Quién puede negar eso? Yo vengo de una mesa redonda que organizó Mario Vargas Llosa en Lima hace un mes y allí estaban Pastrana y Calderón, dos ex-presidentes, y yo en la mesa y también el comisario jefe de la policía mejicana que declaró, y por eso le creo, que había cuarenta mil muertos en la cruzada mejicana; eso es cuatro veces los muertos norteamericanos en la guerra de Irak… Y, sin embargo, nadie saca las consecuencias del asunto y me hablan de moralidad… ¡Qué moralidad! ¿Qué brutal inmoralidad hay detrás de esto? ¿De qué sirve satanizar cosas que la humanidad ha utilizado desde hace miles de años? Lo que hay que hacer es informar a las personas. Por un lado darles la libertad de elegir porque al fin y al cabo no son niños pequeños, no son párvulos, sino que son ciudadanos con derecho a obrar autónomamente… Pero por otra parte, claro, si la clase médica, la clase farmacéutica, la clase política colabora en este gigantesco engaño, en este fraude a la ciudadanía, lo único que pueden hacer los ciudadanos es oponer a la barbarie el conocimiento, oponer a la tiranía autonomía.

G. P.: Que si tal, que si cual…

A. E.: Yo he puesto mi granito de arena, escribiendo la “Historia General de las Drogas”, esas mil seiscientas páginas… Yo no tenía idea cuando me puse a estudiar el tema de qué iba a ser. Creo que cualquier persona honrada se pone a estudiar algo porque sabe que no sabe y quiere enterarse, y una vez que se va enterando pues, entonces, le cambian las cosas. No hay manera de coger la historia y presuponerla, inventarla, imaginarla. Eso lo puede hacer un novelista, un pintor con su cuadro, un músico con su composición. Pero la historia es un cuerpo de hechos coordinados, tanto más coordinados cuanto que más sabe el historiador de las distintas ramas. Por ejemplo, en cualquier hecho histórico hay un factor económico, un factor sociológico, un factor sicológico, un factor estético, etc. Cuanto más profundiza el historiador más se da cuenta de que aquello es realidad, y realidad significa lo contrario de sueño, de fantasía, de ideal, por ejemplo. Qué atrocidades ha atravesado la humanidad en nombre de ideales. No queremos ideales, queremos reales… La vida está hecha de cosas físicas. Todos los ideales no son físicos, son metafísicos, son geométricos, como el punto, o las líneas regulares o la línea recta. No hay una línea recta en la naturaleza, no la hay; sólo la hay en la mente de Euclides.

J. A. M.: Bla, bla, bla…

G. P.: Si no se prefiriese la ignorancia, la desinformación y el fraude al conocimiento, lo primero que recordaríamos es que el alcohol, que se importó de Asia a Europa aproximadamente en el cuatrocientos o quinientos antes de Cristo, cuando entró masivamente el vino, produjo una reacción tan poderosa como la que estamos viviendo en el siglo XX respecto de sustancias más o menos nuevas que, por cierto, luego se vincularían cada una de esas sustancias a grupos sociales. Por ejemplo, el opio se satanizó en Estados Unidos porque había llegado una enorme inmigración china a trabajar en ferrocarriles. En estados Unidos se satanizó la marihuana porque había una enorme inmigración de mejicanos que fumaban marihuana, La cocaína se satanizó porque los negros, bajo el efecto de la cocaína, violaban a blancas y fue uno de los orígenes de la película famosa de Griffith, “El nacimiento de una nación”,y del Ku Klux Klan. No nos podemos olvidar de que a occidente asimilar el vino le costó tres siglos, que en la civilización greco-romana se condenaba con pena de muerte a cualquier mujer u hombre de menos de treinta y cinco años que bebiese vino. Esto se ha olvidado porque le da la gana al prohibicionista olvidarlo o porque normalmente es un analfabeto fanático que prefiere la ignorancia al conocimiento. Tres siglos le tomó a occidente asimilar el vino y darse cuenta de que algunas personas no sabían organizarse con el vino, y eran alcohólicos y eran unas piltrafas humanas, pero que no era cuestión de echarle la culpa al vino. Era cuestión de mirar a las personas y que cuanto más prohibieses el vino más gente tomaría vino, más puntos venderían vino y más adulterado estaría, como demostró la “ley seca” americana y como demuestra, evidentemente, la persecución de la heroína, de la cocaína y de cualquier otra droga; del cáñamo, del hachís… El hachís, por ejemplo, que se toma en Europa, es un noventa y cinco por ciento de adulterantes: aceite palma, yema de huevo, henna, que es un vegetal de la zona, molida, etc., etc. Y claro, entre fumar un extracto de cáñamo y fumar esa combinación, la cantidad de alquitranes y de adulterantes y de efectos secundarios se hace exponencial… En un caso es equis y en el otro caso es equis al cubo. Pero esto no se quiere saber. En el tema de las drogas las personas, las “personas de bien”, prefieren decir “ay, no, esto es malo, esto es malo y yo no quiero ni hablar de esto; que sigan prohibiéndolo, que sigan prohibiéndolo”. Luego resulta que su hijo comete un crimen, el otro lo meten en la cárcel, el otro se idiotiza… “No, no, pero seguimos pensando lo mismo…” Al ser humano sólo le defiende el conocimiento.

G. P.: Acerca de la diferencia entre legalización y normalización…

A. E.: Muy sencillo. Recordar que el experimento no es legalizar, sino que el experimento fue prohibir. Se han hecho diversos experimentos en la vida. Por ejemplo liberarnos de los homosexuales, por ejemplo liberarnos de la disidencia política, por ejemplo liberarnos del cultivo de la magia. Se han hecho y han salido mal. Este experimento es un experimento, la prohibición. Entonces lo que hay que hacer es volver al estado anterior al experimento. Y dicen ¡ay! ¿Cuándo fue eso? No…, antes de 1971, no hace mucho tiempo. La convención internacional de sustancias sicotrópicas, donde la fuerza de los norteamericanos como superpotencia mundial les permitió exportar una cruzada puramente local, porque las farmacias en África o en Asia o en Europa no hacían ningún caso de las prohibiciones que regían en los Estados Unidos de Norteamérica, ni tampoco en Canadá… Lo que había antes de 1971, que ciertos productos de la naturaleza, los más afines a la síntesis química, a la farmacia; los más relacionados con la botánica, al herbolario; los más introducidos para ceremonias recreativas, institucionales, como bodas, bautizos…, al supermercado. Así de sencillo. Lo que hay que hacer es derogar la prohibición, no legalizar las drogas. Legalizar las drogas sería revolucionar todo el tema de los derechos civiles, cambiar las constituciones. Si, por ejemplo, un estado tiene derecho a legalizar las drogas, un estado tiene derecho a legalizar, o ilegalizar, el turismo, la pintura, la lectura, el estudio… Esto es todo un despropósito. El origen de esto es un despropósito y si seguimos con esto y no nos damos cuenta de que todo es absurdo y ridículo y anticientífico, no vamos a ninguna parte. La propia palabra droga es tan ambigua, tan indeterminada, que da risa. Primero, en el catorce, se prohibieron cuatro sustancias. Ahora hay dos mil seiscientas prohibidas, y acaba de salir una ley de análogos en Estados Unidos para decir que cualquiera parecida también está prohibida, pero es que ni siquiera se ha descubierto… Todo es delirante. Es como la guerra de las galaxias, pero llevándose por delante cuarenta mil personas al año, como sucede en Méjico. La cosa parece un error, pero en la práctica es una tragedia cotidiana para millones de personas. No hablamos de que hay por lo menos cinco o seis millones de personas encarceladas en las cárceles del planeta por esta cuestión, que es una cuestión absurda, que no va a ninguna parte y que no lleva a ninguna parte más que a seguir agravando el problema, porque las cruzadas fracasan porque está en su esencia fracasar, porque triunfan fracasando. Cuando no se encontró el cuerpo de Jesús en Jerusalén, que fue la primera cruzada, empezó la historia de los fracasos. La segunda cruzada fue la cruzada de los niños. Es que como no habían logrado los mayores conseguir el cuerpo de Cristo, se fueron los niños. Murieron hasta trescientos mil niños en los Alpes y en los puertos del Mediterráneo, intentando embarcarse a recuperar ellos con un cirio el cuerpo… Se nos olvidan las cosas, pero es que la ignorancia y el maniqueísmo llevan a males infinitos, y ¿la única forma de prevenirlos?: Conocimiento. Sustituir la amnesia por conocimiento.

G. P.: A J. A. M.: ¿Usted qué piensa de esto?

J. A. M.: Que si esto, que si lo otro…

A. E.: ¿Cuál es la pregunta?

J. A. M.: Que si es posible un consumo responsable de sustancias tan adulteradas…

A. E.: Pues voy a citar cuatro personas del siglo XIX que están en la mente de todos: Goethe, Goya, Bismarck y Wagner. Se dedican los cuatro a cosas distintas, pero son cuatro eminencias de la humanidad. Goya es un pintor. Goethe es un político, en cierto modo, pero fue una de las grandes plumas alemanas de todos los tiempos. Wagner es un músico y Bismarck es el creador de la Europa moderna, el Canciller de Hierro. ¿Qué tienen en común? Tomar cotidianamente láudano, es decir, opio; ¡cotidianamente! ¿Para qué lo toman? Ahora sería calificados todos de adictos y sometidos a régimen de desintoxicación, los cuatro… Lo toman para trabajar más y mejor… ¡Ah, se ha desnaturalizado el opio! ¿Ahora, en 2014, no es lo que era en 1814? Mentira. ¿Qué ha cambiado? La prohibición. Todas estas sustancias, en particular las del sector analgésico, los derivados del opio, la morfina, la heroína, la codeína…,se han usado siempre, desde Marco Aurelio, que los tomaba diariamente por consejo de Galeno, casualmente el creador de la medicina científica, Claudio Galeno… Ya lo menciona Hipócrates cuatro siglos antes, en el “Corpus hippocraticum” diciendo que, entre otros usos, el opio es estupendo para cuando a las mujeres le llegan las sofocaciones uterinas, es decir, la menopausia…Pues claro, cuando viene una pandilla de desinformados, mesías autonombrados, secretamente interesados en el negocio que se va a crear con la prohibición, a decirnos que ¿cómo se puede distinguir entre el adicto y el no adicto con las sustancias?, basta recordar la historia, basta recordar que Marco Aurelio es el emperador más digno, honrado, que ha habido nunca y que, probablemente, los demás emperadores también se desayunaban con una judía de opio tebaico, como se desayunaba Marco Aurelio. En nuestro tiempo las cosas han cambiado, pero con respecto del opio, de la marihuana, de la cocaína, de la anfetamina, de cualquier droga que haya, la diferencia es si el sujeto es o no es neurótico. Hablemos de neuróticos. ¿Qué es un neurótico? Un neurótico es un individuo que no lo puedes clasificar como loco, porque sabe muy bien cuáles son sus intereses e intentará salirse con la suya y, sin embargo es incapaz de hacer lo que los demás hacen y de cumplir con lo que los demás cumplen. ¿Por qué? Porque tiene lo que Freud llamaba ambivalencia, es decir, no acaba de amar lo que ama ni de odiar lo que odia, sino que siempre está a término medio. Ahora le surge una enfermedad, pero en realidad es otra enfermedad y luego otra, otra… Está mal dentro de sí mismo, no se organiza. Eso es un neurótico. Un neurótico en relación con la droga es, simplemente, la seguridad de que va a consumirla mal. Pero es que un neurótico, en relación con un vehículo de motor o en cualquier otra cosa, es un neurótico. Es absurdo echarle la culpa a los coches, del conductor suicida. Pues tan absurdo es echarle la culpa a las drogas del mal uso de las drogas. Parece mentira que cien años después de la prohibición sigamos escuchando a personas, supuestamente expertas en esta materia, que no dicen más que bobada tras bobada, ignorancia tras ignorancia y, bueno, yo quiero creer que muchos de ellos lo que son es hipócritas, porque es que verdaderamente no lo entiendo. Aquellos diez años que yo dediqué a estudiar la historia de las drogas de verdad que no tenía la menor idea, no sabía que se habían tomado todas, y cómo se habían tomado y cómo las distintas épocas sociopolíticas habían ido influyendo. Pero ¿por qué demonios he tenido que ser yo el único que le haya dedicado diez años, doce horas diarias de trabajo al tema. ¿Por qué, si somos ocho mil millones de personas? Yo no me lo explico, de verdad que no me lo explico… Y luego, que haya tenido que pasar por la cárcel por esto..., pues estupendo. Es una prueba más de cómo se defienden estas posiciones.

G. P.: Acerca de las amenazas que ha recibido…

A. E.: Es curioso como siendo la dignidad humana la libertad y la responsabilidad, luego, en la práctica, cuando intentas aplicarlo te haces muchos enemigos. La independencia, por ejemplo, a nivel de mi gremio, el universitario, me ha costado cosas graves ¿eh? No es fácil no pertenecer a una capilla, no deberle a alguien tu plaza. No es fácil decir “yo quiero merecer”. “No, no, merecer no, tú, si eres de los míos y me prometes luego votar a quien yo diga, ahora te voto yo a ti”. Eso es corrupción, eso merece la cárcel, y, sin embargo, eso es lo que pasa cada día.

G. P.: Que cómo ha enfrentado el corporativismo universitario…

A. E.: Pues mire usted, ahí tengo unos record mundiales. Cuando presenté mi tesis doctoral, en el sesenta y tres, era la primera tesis en castellano sobre Hegel. Luego el libro se publicó en Revista de Occidente como ensayo sobre la filosofía hegeliana de la religión. Pues bueno, el decano, presidente del tribunal me dijo “este Hegel es un protestante y no va usted a leer la tesis, pero como usted sabe alemán y domina el tema y yo no, lo que yo me encargaré es de que no haya quórum en el tribunal”. Y como son cinco, él era uno y nombraba a todos, dos me apoyaban. Tres veces se leyó la tesis y tres veces no hubo quórum. A la cuarta yo me busqué un notario y me fui a la lectura y, de repente, apareció el bedel y le dijo al decano “hay un notario de Madrid que quiere hablar con usted”. “¿Un notario? ¿Para qué? Que pase. El notario dijo “vengo de parte del señor Escohotado a levantar acta de que está usted aquí, en el decanato, a las doce treinta y desde las doce están en el aula once esperándole”.Y en aquel momento se fue rápidamente al aula once y dijo “no quiero más hablar, muy bien, summa cum laude, diez, no hace falta ni que la defienda”. Así me hice doctor. Cuando en el año ochenta y tres acababa de ser encarcelado por este asunto de director de la mafia hippy de Ibiza se convocaron una conversión de todos los que éramos adjuntos de las asignaturas, en titulares. Unos casi diez mil, nueve mil y pico. Uno quedó fuera, yo. Ya para entonces tenía once títulos publicados, casi cuarenta traducciones, era el más conocido de mi gremio. El único que sacó cero de los siete miembros del tribunal. Naturalmente hice una reclamación administrativa de por qué habían excluido sólo a mí, de diez mil, y entonces el tribunal se dignó decir que bueno, que me daban un cinco; los demás habían pasado con nueve noventa y ocho, por supuesto; y eso supuso dos años de retraso, de sueldo y de escalafón. Hace tres años, antes de jubilarme, decidí que bueno, porque insistían mis hijos, decidí presentarme por primera vez a cátedra, pensando que iba a tener el atrevimiento de cargarme, pero no cargarme en el segundo ejercicio, que era el de memoria de cátedra, proyecto docente, sino en el primero, en el de currículo, porque el de currículo tiene factores objetivos: cantidad de publicaciones que tienes, obras traducidas, repercusión nacional e internacional y, sobre todo, una cuestión que, a lo mejor, hay en la universidad colombiana también, que se llama sexenios de investigación. Yo me presenté con seis sexenios de investigación, que son el máximo que se puede tener, porque si no no hay tiempo; seis años, figúrese, son treinta y seis años. Yo me presenté con seis sexenios. Más de la mitad del tribunal que me juzgaba tenía dos sexenios. El que más tenía, el presidente del tribunal, tenía tres sexenios. Yo ya sabía que si tenía la suerte de que me cargasen en la prueba de currículo les desmontaría, les llevaría a un juicio contencioso administrativo y les vencería. Y efectivamente, se atrevieron y me pusieron siete ceros otra vez, como me habían puesto en el ochenta y tres y yo recurrí. La primera respuesta de la Secretaría de Estado de Universidades fue que había llegado mi reclamación fuera de tiempo: era un tampón de correos. Entonces lo llevamos a la Audiencia Nacional y la Audiencia dijo “¡qué absurdo!, ¿cómo reclaman un tampón de correos?” Es evidente que el tampón de corros tiene la fecha. Y condenó al Ministerio de Educación a mil euros por temeridad y maniobras dilatorias. ¿Qué hizo el Ministerio? Apeló. Eso fue al Tribunal Supremo. El Tribunal ya se agarró un cabreo tremebundo y le metió diez mil euros por temeridad y maniobras dilatorias. El juicio se me ponía fenomenal. Es lo que yo había pensado. Yo soy jugador de ajedrez. Casi fui campeón de España en el año setenta y dos. Salía todo perfecto. Pero no calculé los palzos (...).

G. P.: Acerca de su ritmo de trabajo…

A. E.: Como dije esta mañana yo empecé queriendo ser valiente y acabé aprendiendo a estudiar. Creo que el verbo estudiar no lo conjugamos en toda la profundidad que tiene, porque el verbo estudiar es el verbo amar, pero concretado en el beneficio propio y en el de los demás. He descubierto que estudiar es una fuente de alegría inextinguible porque, claro, al estudiar no estamos topándonos con los sueños, con las fantasías o con los ideales, sino que estamos topándonos con la realidad, una cosa infinitamente profunda en todas direcciones. Entonces el estudio nos va deparando sorpresas. Sorpresas significa cambios de idea. Sólo los imbéciles tienen ideas fijas. La cumbre, la realización del espíritu humano es irse sorprendiendo. No en vano el origen de la filosofía, lo dice el libro lambda de la Metafísica de Aristóteles, es el asombro, y del asombro surge la curiosidad y de la curiosidad surge la tenacidad del estudio. Hasta tal punto se ha corrompido la cosa que el diccionario de la lengua española definía por curiosidad “querer saber lo que se desconoce”; desde el setenta y nueve ha venido una pandilla de sinvergüenzas y el diccionario de la lengua española, la R.A.E., dice “curiosidad es querer saber lo que no nos incumbe”. Desde el setenta y nueve. Eso es como de Auschwitz, es un Auschwitz aplicado a la lingüística; pero también asombro, antes del setenta y nueve, significaba “sorpresa, maravilla”, ahora, desde el setenta y cuatro, asombro se traduce por “susto”… ¿He contestado a su pregunta?

G. P.: Sí, pero me gustaría…

A. E.: La alegría del descubrimiento, el hallazgo, eso vivifica, eso es como si fuera una súper-vitamina y una súper-proteína… Cuando uno, pacientemente, en principio sin esperar nada, sin pedir nada… Vamos a dar un ejemplo práctico. El tomo tres, que estoy ahora con la historia del comunismo, me llegó Lenin, pues claro, yo me leí el par de biografías canónicas que hay sobre Lenin, me leí las obras de Lenin, prácticamente todas…, pero me encontré con que Internet me ofrecía cuatro mil cien referencias. Podía haberme visto algunas, u otras…, no, dije “¿cuánto vas a tardar, Antonio?” Como mucho un año…Me las liquidé en tres meses las cuatro mil cien. Luego se abrieron los archivos de Moscú y aparecieron los documentos clasificados, que eran seis mil y pico más. Pues me los leí también. Escasamente en los meses estos últimos, porque eran textos pequeños, memorandos, notas… Cuando terminé dije “¿sabrá tanto Lenin de sí mismo como sé yo ahora de él?” Pero claro, la historia del comunismo tiene por lo menos cien personajes como Lenin. Pero yo llevo quince años y no me importará estar veinte, si la salud me conserva, para tener la más profunda noción que pueda de cada protagonista, de cada hora, de cada momento…A mí me parece que si las personas eligieran estudiar serían más felices y serían más útiles para el prójimo. Yo lo hago porque es la actividad que más me gratifica y también pienso en la que más útil me hace ante los demás. Espero, por ejemplo, que hoy, después de esta charla, ustedes dos tengan una idea un poquito más clara acerca del asunto que a mí me apasionó durante diez años. Otra cosa es que esté hasta las narices de hablar de drogas, porque fue un asunto del pasado y no me gusta que me etiqueten. También me podían etiquetar como experto en Aristóteles con tanto fundamento, pero nadie me recuerda como traductor del “De anima”. Sólo se me recuerda como cosas de este estilo… O traductor de Newton. Por ejemplo, cuando yo tenía cincuenta años me di cuenta de que había escapado de las matemáticas de mala manera, había aprobado con cinco de mala manera. ¿Qué podía hacer? Pues traducirme los “Principia Mathematica” que estaban en latín, Newton, no estaban en castellano, y de paso aprender cómo se generó el cálculo, porque claro, si aprendemos algo por definición, la definición es plana y chata. En cambio, si sabemos cómo una cosa nace y muere, entonces esa génesis nos explica lo que la cosa es. Me traduje los “Principia” y ahora pues ya sé lo que es cálculo. Sé lo que es cálculo desde la madre del cálculo y salvé ese agujero que tenía de las matemáticas de bachillerato, porque como después ya hice letras… No sé matemáticas superiores, por supuesto… Pero se me había quedado el cálculo fuera.

G. P.: …

A. E.: Lo único que hay de común a las iniciativas en materia de drogas en todas partes del mundo, en el Uruguay, en Estados Unidos, en España… Vamos a exceptuar la zona islámica, donde no pasa nada…, lo único que pasa son asesinatos. Lo único común es que la guerra a las drogas se ha convertido en un armisticio y lo que antes era represión, ahora es prevención de daños. Así van muriendo todas y fueron muriendo todas las cruzadas existentes. Así pactaron Ricardo Corazón de León y Saladino. No seguir peleando por la tumba de Cristo. Y así se acabó la cruzada contra el librepensamiento en el siglo XIX y así se acabó en el siglo XX la cruzada contra los sodomitas y los gais en general. Cada vez que una operación de limpieza, es decir un genocidio, se convierte en una operación preventiva podemos imaginar que los causantes, los responsables están retrocediendo, sin poner el culo al aire, de su propia situación. Creo que lo común en materia de drogas, de todo el planeta, hoy, es que se está dando marcha atrás. Lo que pasa es que hay unos intereses creados gigantescos. Ahora ya son realmente gigantescos. Sólo el tráfico de armas puede compararse, y no creo que pueda compararse, con la magnitud de los beneficios que genera la prohibición y, sobre todo ¿qué manera hay de dar marcha atrás a la corrupción institucional generalizada, en la que las policías, los ejércitos, los gobiernos están completamente comprometidos, de la cabeza a los pies, con este asunto? Se empezó queriendo beneficiar a la humanidad y hubiera podido beneficiar a la humanidad teóricamente, pero resultó que no. Nadie podía juzgar en 1914 que esto iba a ser el horrible fracaso que ha sido. Solo lo podemos decir a posteriori porque, en general, la vida se distingue de la geometría y de la alta matemática en que la vida es a posteriori y la geometría y la alta matemática son a priori. Pero el mundo de lo a priori y el mundo simbólico tiene como único inconveniente que no tiene realidad.
J. A. M.: ¿Finalmente qué recomienda en relación con…?

A. E.: Recomiendo el coraje de la verdad. Recomiendo tener el coraje de la verdad, amar la existencia, no siquiera en términos inconscientes aceptar esa secreta maldición de “me hubiera gustado no haber nacido”, que es lo que está detrás de todos los actos de agresión que los hombres hacen respecto de los hombres, maldecir el acto de haber nacido. Y por tanto, como esta es la esencia de las religiones monoteístas, creer en el otro mundo. No, no, en otro mundo no, ¡aquí! Aferrarse al aquí, eso es lo que yo propongo, y renunciar a las esperanzas del más allá, que normalmente lo único que contienen son invitaciones al genocidio.

G. P.: ¿Qué quiere decir eso del triunfo de la inteligencia y del triunfo del conocimiento?

A. E.: Largo ¿eh? Largo. El triunfo de la inteligencia… Pues mi maestro Hegel diría que el espíritu se reconozca como espíritu y que reconozca que lo espiritual del espíritu es la autonomía. En definitiva responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad.
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