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viernes, 31 de julio de 2015

jueves, 30 de julio de 2015

Conferencia de Antonio Escohotado “El mapa del alma y el mapa del mundo. El yo, Construcción de la identidad”, en el X Encuentro Eleusino. El Escorial, el 17 de enero de 2015.



He estado haciendo unas chuletas de un libro que me llevó veinte años el escribir. Este, “Realidad y sustancia”. A mi juicio es el único tratado de metafísica, en sentido puro y duro; como la “Monadología” de Leibniz, la “Ética” de Spinoza, La “Metafísica” de Aristóteles… Es un intento de hablar de la totalidad de lo real, que es, desde luego, muy audaz. Aunque yo creo que todos tenemos alguna idea sobre la totalidad de los real, pero no la hemos puesto en orden ni nos hemos atrevido… nos hemos expuesto a la razonabilidad del resto de las personas. Yo concebí este tratado después de un viaje… en mitad de un viaje de los más importantes y fértiles de mi vida con la dietilamida del ácido lisérgico o LSD, donde en un cierto momento vi nada más, ocupando todo el campo visual, que el cañón de una pistola muy, muy oscuro, con la invocación… unas palabras que decían: tu memoria va a sucumbir en cuestión de segundos, sin más. Entonces yo me dije: pues tendré que hacer un sistema para seguir viviendo sin memoria. Ese sistema para seguir viviendo sin memoria es este libro. Me costó muchísimo. Era un repaso de lo que se ha pensado en términos de metafísica. Metafísica, ontología, realidad primera, tiene bastantes nombres… A mí me parece que es poesía en prosa, la forma más depurada de la poesía en prosa; la forma de conseguir que el que habla no lo haga de prestado, como quien dice usando un chicle masticado por un segundo, sino que inaugure el chicle. Para llegar a hablar desde sí mismo hay que darle sentido propio, personal, totalmente personal, como es personal nuestra experiencia ahora de esta sala, a unas cinco o diez palabras que normalmente heredamos de los demás y consideramos que están muy bien. Por ejemplo sustancia, accidente, espacio, tiempo, materia, forma, realidad… A mí me acabó saliendo una cosa que empezaba y terminaba por lo mismo, es decir, que cumplía las reglas arquitectónicas de levantar algo que no se cae. Luego la casualidad quiso que, como publicase después un libro sobre drogas y este tuviera la palabra sustancia, muchas personas acabaron comprando esta primera edición pensando que tenía alguna relación con la farmacología psicoactiva. De modo que, a mi juicio, es el único tratado de metafísica que tiene dos ediciones en vida del autor. No sé si ustedes recuerdan que Hegel tiró, de la “Fenomenología del espíritu”, quinientos ejemplares en 1830. Para 1900, setenta años después, Goebhardt, que era el editor, hizo una segunda edición de mil ejemplares. Con aquellos quinientos, que no se vendieron, Hegel se hizo tan absolutamente decisivo que por una parte le salió Carlos Marx, por otra parte le salió Comte y el positivismo, por otra parte le salió la teoría del desarrollo económico, a través de Schumpeter, con la destrucción creativa, que no es más que la negación de la negación hegeliana… Fíjense ustedes lo que con cuatrocientos treinta o cuatrocientos diez ejemplares se puede montar. Porque aún ahora sigue pareciendo incomprensible. Y, efectivamente, en aquella época era un Hegel que tenía treinta y pocos años, el hombre tenía ideas geniales, pero le era muy difícil explicarse y hacer accesible para los demás. Sólo más adelante, en sus lecciones, su historia de la filosofía, filosofía de la historia, sobre todo en su tratado sobre filosofía del derecho, la teoría del Estado, etc., empezó este hombre a escribir bien, porque antes escribía superbién, pero a trozos. Entonces se leía uno cinco o seis líneas absolutamente fascinantes… por ejemplo, recuerdo una: “la belleza, a falta de fuerza, odia al entendimiento, porque este exige de ella lo que no está en condiciones de dar; el entendimiento es aquella fuerza capaz de permanecer junto a lo negativo y en la experiencia de la muerte extraer orgullo y realidad”. Yo no sé si en cinco líneas se puede decir una cosa igual de potente, pero él las dice bastante a menudo. Lo que pasa es que entre medias dice que “esto, como siendo mediado, pero siendo una mediación todavía inmediata, se tiene que plantear como reflexión de la mediación consigo misma, que en su propia inmediatez se resuelve y reordena”; esto segundo es una soberana sandez. Pero es que él era así. En cierto modo también es así el Aristóteles de los “Analíticos I y II”, que son la base de la lógica occidental, lo eran, nacieron enteros y ahí siguen estando y no los toca ni su padre. Pero léanse ustedes los “Analíticos I y II” y verán que es bastante denso el asunto. Al hablar del yo a mí me iluminó especialmente Freud, esos cinco o seis años que dediqué a leer todo, todo… su correspondencia, también los discípulos, los críticos, etc., etc., y se acordarán, quizá alguien lo ha mencionado antes de mí, lo que él llamaba topología psíquica, en varios ensayos suyo, por ejemplo “Más allá del principio del placer”, que es donde a mi juicio acaba de perfilar sus nociones al respecto, la idea de que podemos hablar de un yo, un superyó y un inconsciente, básicamente (luego se puede hablar de las diferencias entre subconsciente y consciente, lo puedo omitir). ¿Qué es superyó? Superyó es el peso de la tradición, de las costumbres; la influencia que tiene sobre nosotros todo lo recordado, expresa o implícitamente, del mundo exterior, tanto presente como pasado. Se habla de superyó c., quizá sería más adecuado hablar de personas blandas, porque ciertas personas que no tienen suficiente fuerza de voluntad o arrestos, cumplir con el superyó, es decir, la consciencia moral (también lo podemos llamar Pepito Grillo, si les parece), cumplir con eso les resulta muy difícil y, entonces, prefieren ir y sentarse en el diván del psicoanalista o el psicólogo. E inconsciente… pues inconsciente es otra vez, en cierta medida, lo exterior, pero no como exterior, sino emergiendo de dentro, condicionando toda una serie de actos de tipo onírico, fantástico… El inconsciente es el terreno del deseo en general. Y el yo es la parte de voluntad que hay en todo lo que se mueve. Si no recuerdo mal decía Shakespeare, creo que en Macbeth, “sentido tendrá o, si no, no se movería”. Es decir, para menearse hace falta tener algún tipo de principio orientativo que te dé cauce, porque si no lo tienes te quedas quieto, como una piedra o en la relativa inmovilidad de un árbol. Pero para ir de aquí para allá hace falta tener sentido. Entonces el deseo combinado con el sentido configura esta gran parte del interés humano que da bajo el nivel del mar. El mismo nivel del mar es lo que yo definiría como yo. Si no recuerdo mal Freud decía que el yo es la proyección de una superficie. Ahí tenemos un juego interesante donde la misma sustancia que está abajo, en lo inconsciente, y que está arriba, en el superyó, que es todo lo que es “no yo”, todo lo que trasciende nuestra inmediatez personal, interactúa con esa fina lámina que somos nosotros. Y esa fina lámina normalmente está encargada del trabajo principal, que es hacer o no hacer, ir o no ir, pensar que esto es bueno o esto es malo, dar o no dar dinero, etc., etc. El yo es el que lleva el coche, pero sólo el que lleva el coche. Aceptada genéricamente la topología psíquica ahora les sugiero que hagamos una pequeña inversión en la poesía en prosa que es la ontología, la filosofía primera o la metafísica… Sabes ustedes que “metafísica” es absolutamente accidental… Cuando Andrónico de Rodas tuvo que organizar los escritos dispersos de Aristóteles, que había descubierto un centurión de Sila en un pueblo de nombre muy curioso, llamado Skepsis, “la duda”… Aquello lo mandaron a Roma. En Roma en retórico Tyrannion y Cicerón, que eran los dos más expertos en griego, dijeron que era demasiado complicado, que no sabía… Lo volvieron a mandar a Atenas y, para entonces, que habían pasado dos siglo y medio, los aristotélicos se habían despistado tanto, tanto, que no quedaba más que una escuela llamada “empiristas” y el jefe de la escuela, Andrónico de Rodas, se puso a ordenar aquello y situó los siete libros, que se llaman “Metafísica” (filosofía primera u ontología de Aristóteles), después de los de la “Física”, que también son siete libros; de ahí viene “meta ta physica”. Entonces hablamos del yo, el superyó y el inconsciente. En filosofía primera el planteamiento sería el sujeto y el objeto. Dónde llega cada uno. Al meterme a trabajar esto, claro, yo me había dedicado desde pequeñito, con una pasión extraña, vocacional y genética, a los libros más abstrusos de la biblioteca de mis padres y los más abstrusos eran, evidentemente, los relacionados con filosofía. Digo ¿qué es el sujeto? Y estuve años y años. Y al fin me hice la siguiente construcción, que voy a intentar exponerles de una forma muy sencilla. Sujeto, etimológicamente viene de una expresión griega que designa “lo que está por debajo de”, el fundamento. Esta expresión se parece un poquito, en términos filológico-semánticos, a “ápeiron”, que es la palabra con la cual nace la filosofía. El fragmento de Anaximandro dice “todo lo determinado viene de lo indeterminado y allí paga su deuda con ello”, el “cosmos” es ese retorno del todo a lo indeterminado. Luego se habla… es evidente que con Renato Descartes lo que se tenía por realidad de repente experimenta un giro subjetivista, cuando Descartes, al comienzo del “Discurso del método” y también al comienzo de sus “Meditaciones de prima filosofía”, empieza a someter a duda a todo y a la duda metódica va sucumbiendo el mundo exterior y lo único que le queda como certeza es que “yo pienso”. A partir de aquí viene lo que llamamos el subjetivismo moderno o la filosofía moderna. Lo único indubitable es el “yo pienso”, que algunos van a interpretar como flujo de consciencia y otros como una entidad de orden trascendental, digamos no pesable ni medible, responsable en general de lo que podemos llamar presencia y mediatamente realidad. Descartes no hubiera podido imaginar hasta qué punto un hombre como Wittgenstein, hablando a principios del siglo XX, y definiendo en gran medida lo que iba a pensar el siglo XX sobre todas estas cuestiones iba a decir cosas como “cuando digo que una cosa carece de sentido la excluyo del ámbito del lenguaje y, por ello, del mundo”. Es quizá la manifestación más extrema de lo que podemos llamar la omnipotencia de la subjetividad sobre la realidad: “cuando digo que una cosa carece de sentido la excluyo del ámbito del lenguaje y, por ello, del mundo”. Vaya, mandamos mucho ¿no? En el año quince o veinte Wittgenstein, el positivismo lógico, que más bien se puede entender como la academia en el momento de máxima soberbia y de máximo poder público, entonces dice que todo depende de meter o sacar del lenguaje y que está en el lenguaje depender de tener sentido; el sentido depende a su vez de que “yo, señor Wittgenstein diga que no y, entonces, aquello ha desaparecido”. Finalmente ¿quién ha podido hablar?, dentro de esta corriente subjetivista que inició Descartes, ¿quién está autorizado para hablar de la totalidad de los real? ¡Ah! Los físicos de sus partículas. Y entonces los únicos que hacen metafísica desde el año veinte o treinta son físicos; físicos normalmente de la línea dogmática, no de la línea relativista, que marca Einstein y que luego van a llevar a extremos extraordinarios Prigogine o Mandelbrot; no, no, de la línea más dogmática. Entonces la totalidad de lo real yo creo que el texto donde más claramente se explica es en este que se llama "Los tres primeros minutos del universo", de un premio Nobel,  Weinberg precisamente, que está en la línea del pobre señor este de la silla… que son los que hablan de qué es lo que realmente pasa en el mundo. Claro, yo les sugiero que aquí se parte de una rigurosa abstracción del objeto físico. No estamos hablando del objeto como eso que damos por supuesto: el objeto es aquello que existe sin que nosotros lo contemplemos, aquello que no depende de nosotros, lo independiente en general, lo que tiene vida propia. Toda esta línea de extrema subjetivación de la realidad desemboca en que el objeto tiene que ser llevado a máxima abstracción. Fíjense ustedes lo que son los quarks, leptones, muones, etc., etc. Pues si por un lado el que nos puede hablar de lo real es Weinberg y nos cuenta los tres primeros minutos del universo, con la sopa cósmica esa, sobre la cual especula… Esto tiene una contrapartida inmediata en el campo académico, no de físicos matemáticos, sino de filósofos, como existencialismo y, más concretamente, como egología trascendental. Egología trascendental es un término de Sartre, en uno de sus escritos más interesantes, a mi juicio el más consistente de todos los que escribió, que se llama “La trascendencia del ego”. Entonces si por un lado tenemos un objeto, que en realidad es leptones o bosón de Higgs, por el otro lado lo que tenemos es un sujeto que ya, literalmente, legisla sobre el mundo. El mundo, si no entra en las categorías que él considera necesarias, que describió Kant un siglo y medio antes, pues no. Entonces, decía yo aquí, terminando el primer capítulo, nos encontramos ante una desustantivación del mundo. Lo que ha perdido sentido y lo que nadie es capaz de definir, de Weinberg y de Sartre, es qué querían decir los antiguos con “sustancia”. Sustancia, como saben ustedes, es un participio del verbo “eimí” griego (lo que es, era o siendo). ¿Qué es lo que querían decir los antiguos con sustancia, que permitió, por ejemplo, a Aristóteles, hacer una lógica que surgió entera de su cabeza, como surgió de la cabeza de Zeus Minerva Atenea (un buen martillazo en su debido momento)? Pues no tiene sentido. Uno de los problemas de la filosofía inglesa es que no es filosofía. A mi juicio los ingleses son un pueblo maravilloso, pero su pragmatismo, su sentido de la utilidad les hace sordos a los secretos del lenguaje, que nos permiten a los demás darnos cuenta de que, aparte de que hay cosas y aparte de que hay ego, hay una cosa impersonal llamada lenguaje, también creadas impersonalmente, que se llaman sintaxis, y que eso es una realidad que tiene sus propios misterios y sus propias evidencias. Yo me propuse pensar un poco más a fondo esto y me ayudó mucho Bergson. Bergson, que fue un filósofo de principios del siglo XX, diciendo “hay una realidad exterior” (que es lo que niega la egología trascendental); “hay una realidad exterior y, sin embargo, dada inmediatamente a nuestro espíritu”. Realidad y espíritu son otras don de las palabras que esta tendencia, que viene desde Descartes, que se va a quedar, por un lado, en los "Los tres primeros minutos del universo" de Weinberg y, por otro lado, en la egología trascendental de Sartre, que como ustedes saben, se manifiesta en náusea, porque el sentimiento básico del sujeto sartriano es la náusea… Hay que comprender, son personas que están viviendo después de terminar la Primera Guerra Mundial, que fue la masacre más grande de los anales, pero sabiendo que iba a ser imprescindible una segunda y todavía peor. Esa generación entreguerras, a la que pertenecen Sartre y Heidegger, claro, toma la angustia y la náusea como centro de “lo que hay dentro”. Porque fuera… fuera lo único que hay son batallas, asesinato, armas de destrucción masiva. Pues Bergson dice “hay una realidad exterior y, sin embargo, dada inmediatamente a nuestro espíritu”. (25:35) Zubiri, un poco después, un hombre muy olvidado pero un gran estudioso del proceso del pensamiento, no sólo filosófico, sino también científico dice: «hemos llegado a hablar de “darme cuenta de”, cuando deberíamos decir “darme cuenta en”», rompiendo la escisión entre el ego y el mundo porque, claro, yo estoy en la cosa (sigo con Zubiri) y la cosa está en mí; eso es realidad.

SEGUNDO CAPÍTULO. El yo y la cosa. Si nos fijamos el yo es una cosa y la cosa es un yo. Me puedo extender largamente e incluso hacer algunas frases felices, algún retruécano ingenioso sobre la naturaleza cósica del yo y la naturaleza yoica de la cosa. Se lo sugiero a ustedes. Denle vueltas en la cabeza y algo sacarán. Lo primero que surge con la pregunta por el yo y por la cosa es otra de las palabras que también queda fuera con la desustantivación del mundo. La palabra esencia, que también es una derivación del verbo ser, sólo que no se trata del “eimí” griego; se trata del “ese” latino, “essentia”, lo que la cosa es. La esencia es la reflexión de algo sobre sí mismo. Con la esencia el ir hacia afuera se detiene, topa con la cosa y vuelve. Podemos entonces aprovechar para pensar sobre nosotros mismos, pero podemos también aprovecha para pensar sobre la propia cosa. Si seguimos con lo que indica “essentia” nos damos cuenta de que la mejor traducción castellana sería “invenir”, venir hacia adentro. Y entonces nos ponemos muy serios y decimos: si hay una sola certeza, que “yo pienso” pero ¿qué sustancia tiene “yo”?, ¿qué sustancia tiene “yo pienso”? Porque en realidad es un binomio, no se puede separar “yo” y “pienso”; es “yo pienso”. ¿Qué esencia tiene esto?

La solución que empieza proponiendo el CAPÍTULO TRES es que… (había una palabra que no habíamos sacado, pero que sigue siendo necesaria, como todas esas que habíamos olvidado; la palabra “nada”). Es decir ¿de dónde sale el sujeto? De la nada, de “sí mismo”, pero “sí mismo” con las determinaciones que tenemos. “Sí mismo” es una vaciedad. “Sí mismo” es tan vacío como ser. Y en esa pura vaciedad del ser nos damos cuenta de que es idéntico a la nada. Y sin embargo en ese tránsito del ser a la nada lo podemos considerar como mera abstracción devorándose a sí misma. Pero si nos fijamos un poco más nos damos cuenta de que ese tránsito, ese devenir es el hecho de que una cosa deviene otra. El ser no es y la nada no es, porque el ser se va convirtiendo en nada y la nada va, de alguna manera “nadeándose” y volviendo a convertirse en ser. Entonces lo que hay en realidad es que las cosas no son fijas, que las cosas devienen, que la existencia es flujo, que en realidad la sustancia es un moverse.

En ese devenir, si profundizamos (CAPÍTULO CUATRO) identificaremos rápidamente una cosa positiva, que podríamos llamar el cuadro, la composición, el paisaje, el panorama, el detalle, pero el detalle enmarcado. Y también todo esto es metáfora, todo esto es nada más que una forma de hablar, todo esto es “bla bla bla”. ¿Qué hay de práctico en esta combinación del “bla bla bla” con el cuadro? Pues que estamos opinando, que estamos hablando y hablamos siempre, con un mismo esquema. El sujeto se ha convertido en cópula, es decir, es una forma de “es”, “existe”, “produce”. Es un verbo el sujeto y hay dos extremos, dos o cuarenta y ocho, da igual. La cópula conecta cosas distintas y, al conectarlas, produce un tercer contenido. Entramos pues en una teoría del juicio. Estábamos en el sujeto. Decíamos que el sujeto está vacío y, después de estas mediaciones que meramente he sugerido, descubrimos que el sujeto opina, forma juicios. Al investigar este “formar juicios” de que sigue unas pautas definidas y que no vale cualquier juicio; necesitamos que haya congruencia entre los extremos en relación a la cópula.

Y entonces inmediatamente pasamos de la teoría del juicio a lo que se puede llamar teoría del argumento (CAPÍTULO CINCO). El argumento, también llamado silogismo. El silogismo es una concatenación de premisas, que para nada son dos y una conclusión, como es el silogismo escolástico formal… Es una concatenación de premisas donde lo que hemos hecho es ir concretando al sujeto, que primero era todo, según Descartes; luego es nada; luego, en realidad es un emisor de juicios y, luego, nos damos cuenta que esa emisión de juicios le sitúa a él como término medio y no sólo como término medio, sino como término medio congruente o incongruente. Cuando es incongruente se genera una primera generación de argumentos, es decir, de concatenaciones de juicios que podemos llamar arbitrarios. Esa es la primera figura del silogismo en teoría escolástica.

Pero en ese moverse de los argumentos arbitrarios resulta que ellos mismos… (hay dos capítulos más, terriblemente insoportables de precisión o de detalle sobre esto). El argumento arbitrario se convierte en argumento reflexivo y, después de sobarse a sí mismo y masticarse a sí mismo, el argumento reflexivo se convierte en un argumento de necesidad, que también, en términos lógicos, se llama argumento categórico. Normalmente el argumento categórico tiene la forma de una premisa universal afirmativa, seguida por otra premisa universal afirmativa y una conclusión universal afirmativa. Lo que en esencia nos ha enseñado esto es que de una premisa particular negativa no se deduce nada; de una premisa particular afirmativa sólo se puede deducir otra premisa particular afirmativa y, por tanto, que gran parte de las cosas que se nos dicen, para empezar el discurso científico, violan las más elementales reglas del pensamiento. Sería muy largo darles detalles. Ya se dan ustedes cuenta que esto va bastante espesito de contenido. Estoy intentado hablar de lo que permite hablar. Llegado al argumento categórico, ese sujeto que ha pasado por las fases que les he estado describiendo se da cuenta de que a lo mejor lo único que él hace… (nos hemos quedado con él como mediador, como mediador incoherente o coherente de cosas que existen, que no queda muy definido, todavía, si son exteriores o interiores; son cosas que existe, son contenidos de la consciencia o juicios) Entonces el yo, que ya se ha reconocido como el sí mismo, es decir, como el mismo que tiene una afirmación determinante de su propia esencia (por eso no es un condicional, sino un afirmativo, del sí al sí), se entiende como acción. Otra vez la acción es un inmenso campo, es muy vasto… Es muy vasto, pero requiere devenir. Es decir, la inacción excluye.

Y entonces, al descubrirse el sí mismo como acción, todo lo que ha hecho antes (CAPÍTULO DIEZ) se queda reducido a la primera parte, es decir, a lo que hace el sujeto como tal sujeto. Tras esta experiencia, que finalmente viene, acuérdense ustedes, de un cañón diciendo “vas a perder la memoria en cualquier instante”, entonces la investigación sobre el sujeto se convierte en una investigación sobre el objeto. El objeto lo definíamos al principio como aquello indiferente a ser contemplado, como aquello que puede seguir viviendo sin nuestra mediación, como lo que desafía a la única realidad según Descartes, como lo que decía Bergson (“una realidad exterior, pero dada inmediatamente a nuestro espíritu”). Entonces nos ponemos a pensar en el objeto y la cosa más inteligente que se dijo, por lo menos hasta llegar Hegel, la inventó un profesor muy estudioso de Königsberg, Kant, diciendo “¡Dios mío, estamos mirando la realidad sin darnos cuenta de la diferencia entre ponernos y no ponernos gafas!” La realidad no se puede capturar sin gafas y somos todos cortos de vista, hipermétropes o miopes, pero todos somos cortos de vista, de manera que la única forma de empezar a pensar sobre el mundo exterior es que todo lo que no hacemos directamente nosotros en este mundo exterior lo vamos a poner entre paréntesis, lo vamos a llamar fenómeno y vamos a decir que de él solo podemos hablar en términos de lo que aparece y en tanto que aparece. No podemos hablar de la cosa en sí. No existen otras cosas en sí, fuera de nosotros mismos, nuestro ánimos, que esos si son noúmenos. Todo lo demás son fenómenos y para hablar de fenómenos, sin pillarse los dedos, es preciso tener un escrúpulo que hasta ahora no se ha tenido. En ciencia luego este escrúpulo se va a definir como neutralidad valorativa. Eso no quiere decir que tú no tengas valores, sino que tú vas a reseñar lo que fuere del mundo exterior, normalmente opiniones de otras personas sobre el mundo exterior, con un filtro.

Entonces, ateniéndonos sólo a lo que Kant nos permite como legítimo, que es lo fenoménico, lo primero que el objeto dice de sí mismo (CAPÍTULO TRECE) es “soy materia”. Es el concepto. Ustedes tienen unas ideas muy claras sobre la materia ¿verdad? Pues me temo que a lo mejor les tengo una breve sorpresa. Materia es aquel ser indiferente a sí mismo. El origen del concepto, tal y como lo plantea Aristóteles, “ile”, que textualmente es madera, pero más bien en el sentido de leña, es decir, de algo para quemar… La materia es aquello que no tiene identidad propia, la materia es aquello que sirve para esto o para lo otro, la materia es lo indiferente reflejado sobre sí mismo. La materia… bueno, masa, informidad, pero sobre todo indiferencia. Como materia las cosas ni son ni dejan de ser. Simplemente es algo así como un indicar. Decimos: “ahí hay algo”. Eso es materia.

Aquello que permite que la materia tenga existencia real es la forma (CAPÍTULO CATORCE). La forma signa las cosas. Por ejemplo, fíjense ustedes que las unidades más esenciales de la materia, los átomos, vienen signados. Está inscrita ya en lo elemental la forma. Uno de los grandes prodigios científicos es la escala de Mendeléiev, donde durante mucho tiempo seguía habiendo huecos, pero hay una secuencia de elementos que están formados por su composición atómica. Había muchos que no se había descubierto (y es posible que haya alguno aún sin descubrir), pero se fueron descubriendo. ¿Y eso qué quiere decir? Que la materia como materia no tiene sentido sin una forma. Solo la forma permite atestiguar que esa indiferencia de algo, ¡ojo!, a sí mismo, porque la materia no es que sea indiferente al exterior, por supuesto, es que es indiferente hacia su propio interior. Sólo como materia formada entra en lo real.

Lo que pasa es que, claro, nos quedamos con la forma (CAPÍTULO DICISÉIS) y la mera forma es una entelequia que nos lleva a muy distintos caminos que son estériles. Y nos damos cuenta de que la forma es la forma del contenido y que, por tanto, estábamos hablando de una materia sin percibir realmente lo que estaba detrás de la materia, porque lo que la materia es, es contenido. Lo que pasa es que nos hacía falta pasar a través de la indiferencia respecto de sí, a la determinación que proporciona la forma, para darnos cuenta de que las cosas son contenido. ¿Pero qué significa contenido? Pues que las cosas son individuos, es decir, que son compuestos, que son compuestos de materia y forma. Hilemorfismo, hyle y morphé en los términos aristotélicos, porque igual que en Aristóteles nace entera la lógica, nace entera la física. Ese compuesto de materia y forma en Aristóteles es puro movimiento. ¿Cómo que puro movimiento? Aristóteles dice: «sí, es el paso de la “dinamis” a la “energeia”, es el paso de la potencia al acto». El universo en sí, eso que llamábamos antes, abstractamente, un devenir, es un ir de las cosas hacia ellas mismas, un cumplirse, un realizarse. A eso se llama causa, que a su vez tiene cuatro raíces. Hay cuatro tipos de causas. Pero la causa eminente es la causa final, es aquello que hace que en distintos instantes del tiempo la cosa siga siendo ella en vez de, en cada instante, ir fragmentándose como, por ejemplo, supone el atomismo lógico de Bertrand Russell a la hora de analizar por qué hay palabras y por qué hay sintaxis, que es un soberano disparate lo de Russell. Pero el finalismo que introduce la causa que, a su vez, una unidad de lo interior y lo exterior, nos permite llegar al primer objeto realmente objetivo, que es el individuo.

Entonces, si estábamos en lo fenoménico (CAPÍTULO DICISIETE) no tenemos más remedio, al llegar al individuo, que darnos cuenta que en parte va en aumento, porque somos individuos, es decir, porque estamos otra vez sin darnos cuenta, después de todo este viaje por las categorías del lenguaje, estamos volviendo a nosotros mismos. Nosotros somos compuestos hilemórficos. Entonces yo ahí hago un equilibrio y, al mismo tiempo que introduzco la noción de energía, que recuerden, “energeion”, es decir, puesta en práctica, puesta en límites… También está la palabra de Leibniz “entelegeia” que es lo mismo: “en-telos-echein”, “poner en fin”, “poner en límites”, “poner en fines”… entonces se comprobó que había una palabra que no estaba en el discurso filosófico como una determinación nuclear de la metafísica, que es ánimo. Junto al descubrimiento de la energía en cuanto tal propuse que desde el lado nouménico la energía es ánimo.

Que esto no era una categoría hasta ahora en metafísica, pero que debía introducirse (CAPÍTULO DIECIOCHO). Entonces, al hablar del ánimo, ¿había alguna forma de que no fuera inmediatamente decir “bueno, es que ahora yo tengo… cuándo voy a terminar esta charla, porque tienen ustedes…”? ¿Hay alguna forma de darle objetividad y generalidad y necesidad?… Pues librando al ánimo a su camino recurrente e inexcusable. ETAPA UNO, azar; ETAPA DOS, potencia; ETAPA TRES, necesidad. Fíjense ustedes que la misma cosa se puede concebir como azarosa, potencial y necesaria, pero es completamente distinto en cada caso. Cuando la concebimos como azarosa es inesencial, aquello que ella misma va siendo. Cuando la concebimos como potencial le damos una tensión interna, que conecta cada cosa y que nos da al menos la impresión de que hay una unidad, es decir, destino; los antiguos decía hado, sino para designar esta unidad que no tiene apoyos definidos o apoyos explícitos. Necesidad ¿qué demonios quiere decir necesidad? ¿Se lo han planteado ustedes qué demonios quiere decir necesidad?

Hegel definía la libertad como consciencia de la necesidad, consciencia de la necesidad… (CAPÍTULO VEINTIUNO) ¿No queremos decir con necesidad pura y simplemente lo que las cosas están siendo? Realidad… ¿hay alguna forma de separar necesidad de realidad? Nos quedamos en que la necesidad es la realidad… Ya hemos pegado un salto importante desde el “yo pienso” y la egología trascendental. ¡Ah, caramba! Estamos inmersos en una realidad, que es al tiempo azarosa y necesaria. Esa combinación de azaroso y necesario es el hecho de la accidentalidad. Es decir, que las cosas son y no pueden dejar de ser (por ejemplo, yo voy a poder dejar de tener dos brazos y dos piernas) pero que, por supuesto, los animales para nada tienen dos brazos y dos piernas; unos sí y otros no. Entonces al introducir la variante… la variable (en este caso sería una variable colosal) accidentalidad lo que estamos diciendo es que hay una variabilidad que no depende de nosotros, pero que, al mismo tiempo, es puramente inmanente. Seguimos entrando en el mundo y le vamos dando riquezas y despojando al ego, o al yo, de esas supuestas atribuciones de demiurgo creador de todo el universo y vamos ganado en inmanencia. Entonces descubrimos que lo que hablábamos de que el ser y la nada son tan abstractos que resultan indiscernibles, pero en el pasar del uno al otro nos encontramos con la realidad del devenir, es decir, con el hecho de que las cosas nacen y mueren y, entre tanto, envejecen, pues nos encontramos con un proceso, que es el proceso causal. Otra vez estaba en el capítulo diecisiete y vuelve a emerger en el veintiuno el proceso causal. Pero ahora nos damos cuenta de que la causa es básicamente violencia, es decir, es aquello que impide que la determinación alcanzada en la existencia permanezca en cuanto tal, por ejemplo el proceso de envejecer.

Esta violencia, este “no te quedarás”, este pasar minutos, segundos… esta imposibilidad del estar, este hecho de que el ser es devenir se puede considerar violencia (CAPÍTULO VEINTIDOS) pero ¿en qué sentido violencia? ¿Qué es lo que destruye y qué es lo que construye? Por ejemplo, ustedes piensan el tiempo, el tiempo es una potencia destructiva, si la hay, pero también una potencia creativa, si la hay. El tiempo mata y el tiempo crea. ¿Cuál es la dirección del proceso causal? Pues en realidad son dos direcciones. Una, la dirección emanativa, pensada muy a fondo por los neoplatónicos, sobre todo por Plotino y Proclo… Luego ha acabado dando el segundo principio de la termodinámica, es decir, que todo estado de orden tiende hacia un estado de orden inferior, que la flecha del tiempo va en dirección a la creación de más desorden… A eso lo llamaban los antiguos emanación. La causa es violencia emanativa. La verdad estuvo al comienzo, cada instante que pasa hay menos verdad. El mundo se va desintegrando. Con haber descrito la emanación ya está claramente descrito cual es su alternativa. La alternativa es evolución, en alemán “entwicklung”, que es la postura de Aristóteles: “el tiempo es más constructivo que destructivo”, dice en la física, porque es mucho más razonable pensar que habrá más riqueza al final que al comienzo. Esto ya es una elección puramente de metafísicos, yo diría que es una elección de cómo se encuentra uno cada día al despertarse; es la medida de nuestra neurosis, elegir entre la emanación y la evolución.


Cuando ya hemos llegado a esta divergencia (CAPÍTULO VEINTICINCO y final) no encontramos con algo más preciso que el individuo, que es el viviente. El viviente, que tiene el ánimo como nervio de su ser, plantea un silogismo donde él, nosotros, es el término medio, y los extremos son, por una parte la realidad y por otra parte la accidentalidad. Creo que tengo un texto que les puedo leer (este rollo se está terminando, pero fíjense ustedes qué cantidad de rollo, hasta que punto me lo tomé, muy, muy en serio): “frente a un mundo cualquier pensamiento limitado” (y evidentemente no hace falta por qué decir “pensamiento limitado”) tiene tres opciones: acatar la irrealidad como realidad, romper el cerco de irrealidad por medio del arte, creando un mundo dentro del mundo o caer en la realidad accidental sola y libre, esto es, en la sustancia…” (siempre estoy citando a Hegel, no se sabe por qué). Vamos, el viviente, hemos dicho que finalmente crea un argumento donde dos extremos son lo real y lo accidental y nos planteamos el mundo desde la perspectiva del que ha hecho ya este recorrido por los secretos del lenguaje, que es darle significado a esas palabras que hemos tomado de prestado, a esas pocas palabras que hemos estado analizando básicamente sin límite (quizá todo lo que estamos hablando es sobre la expresión “sin límite”). Entonces llegamos a un mundo “transfinito”, a un mundo rebosante en todas direcciones donde, al no tomar el sujeto más de lo que le corresponde y tampoco rendirse a una objetividad que sería sordomuda, ciega, indiferente a nuestra propia presencia, el individuo llega a una postura que yo, hace treinta años, llamaba “acosmismo”: “pero acosmismo de la sustancia consiste en excluir del objeto cualquier estatuto distinto de la infinitud; niega allí ley alguna fuera de la…; niega que sea sino perfección, acabamiento y, en consecuencia, que se encuentre cumplido alguna vez; niega, en fin, cualquier esencia y cualquier existencia diversa del puro fluir infinitas cosas en infinitos modos”. Esto, como saben ustedes, es la definición de sustancia que da Benito Spinoza en la “Ética”; fluir infinitas cosas en infinitos modos. El mapa del ego y el mapa del mundo. Kant nos propuso el escrúpulo de aquellas cosas que nosotros no hemos hecho o estamos haciendo directamente, esas ponerlas entre comillas y aplicarles la neutralidad valorativa como criterio. Uno de los… El correlativo de darse tanta importancia, tanto boato a ego, que es lo que empieza a suceder desde Descartes, es el acto inverso, la sumisión a la ciencia dura, a la ciencia matemática como expresión de lo real. ¿Se han dado ustedes cuenta de lo difícil que es localizar las facultades cerebrales? Que este sentimiento está en esa zona, que aquel otro en otra zona… ¿Por qué será eso? Desde el punto de vista filosófico, evidentemente, es que el observador es observado y no hay manera de mantener la distancia estética si el observador es inmediatamente idéntico a lo observado y, por tanto, toda localización cerebral contiene un sofisma de principio. ¿Les parece a ustedes que la localización de las facultades anímicas, es decir, del ánimo en el cerebro…? (sería una objetivación del sujeto)… ¿Les parece a ustedes que ha empezado ahora, con la neurofisiología? No señor, es una de las cosas más antiguas, está ahí desde el Renacimiento. Los frenólogos, que eran una escuela bastante anterior a Hegel, ya habían hecho poderosas especulaciones sobre dónde estaba qué, es decir, dónde estaba el amor, dónde estaba el odio, dónde estaba la generosidad, dónde estaba la avaricia… No salió. Y Hegel hizo un comentario, que yo creo que puede servir para terminar: “estos señores que intentan localizar la inteligencia han llegado a alguna conclusión de que el espíritu es, en último término, la forma de un hueso”… Yo creo que no, pero en fin, como me han pedido que les hable de metafísica, ale, ha sido una charla metafísica. Muchas gracias.

Antonio Escohotado habla para Canal Sur 2 Andalucía con motivo de su participación en las “Jornadas Factor Humano III Realidades”, organizadas por la Universidad de Sevilla y la Asociación cultural Corchea 69 Producciones, el año 2009, en la Escuela de Ingenieros de la Isla de la Cartuja.



EL ESTADO

El Estado es siempre inocente querido. La culpa la tienen los gobiernos. Es Estado es siempre inocente. El Estado es una institución sabia para moderar el egoísmo individual. El que se atreva a atacar y a poner en duda al Estado no sabe de lo que habla, a mi juicio. Yo he sido de los primeros, porque es que yo me he pasado una época de anarco radical, ácrata. Yo de milagro no he sido un terrorista, pero de milagro. Como estuve metido en las escisiones prochinas del PC y en las variantes más extremas y, además, tenía mucha relación con etarras..., de milagro no he hecho alguna cosa con el FRAP, de milagro, pero claro, me alegro infinitamente. Nunca me lo hubiera perdonado. Probablemente me hubiera suicidado si hubiera hecho algo así.

EL COMUNISMO

He encontrado en el comunismo el afán de seguridad contrapuesto al afán de libertad. Eso es el núcleo del descubrimiento que he hecho. Digamos que en el corazón humano hay como la doble espiral del ADN, en el sentido de que se va copiando a sí mismo..., igual que se va copiando el ADN, nosotros nos vamos copiando en una secuencia... A partir de cada momento de libertad viene un vértigo frente a ese aumento de libertad y, por tanto, una conciencia de la seguridad, de la necesidad de la seguridad. Ese momento de la seguridad es el comunismo y el momento de la libertad es lo que podemos llamar capitalismo liberal o liberalismo en general.

NORTEAMÉRICA

Norteamérica ha vuelto a dar una lección extraordinaria al mundo. No ya de democracia sino de arrojo, o sea, si antes decíamos que en el ADN hay una parte de libertad y otra parte de seguridad, es evidente que los americanos lideran la parte de libertad. O sea, porque es que si no elegía a Obama elegían a la señora Clinton y tampoco habían tenido una presidenta. O sea..., impresionante en ambos casos.

DEMOCRACIA DIRECTA

Va a ser inevitable a través de Internet. Va a ser inevitable. O sea, la democracia directa llegará. Lo que pasa es que, todavía, la población es bastante bruta y, a lo mejor, se le ocurriría, por ejemplo, utilizar la democracia directa para decir que no se pagan impuestos, porque, digamos, si hay algo que realmente hiere al ser humano como malformación de nacimiento, o sea, lo que tenemos de mal nacidos, todos, empezando por mí, es una fascinación por el corto plazo... E decir, el medio y el largo, bueno, lo apartamos siempre y, claro, lo pagamos muy duramente: individuos, sociedades, civilizaciones enteras lo pagan. Pero eso..., esa malformación de nacimiento va a ser muy difícil, de modo que si Internet todavía no ha producido la democracia directa y en vez de tener que soportar las memeces de un gobernante u otro, la ciudadanía adopta el autogobierno que, bueno, ya sabemos que, por otra parte, lo gobernantes son nada más que los representantes del pueblo ¿eh?

LAS DROGAS

Pero, igual que por ejemplo..., eso pasa igual que con la marihuana. O sea, la marihuana está de hecho despenalizada, a nadie le parece mal..., o sea, se acabó la guerra contra la marihuana. ¿Por qué no se vende la marihuana en los estancos o en los supermercados..., por ejemplo, como sucede en Holanda? Pues porque son tan impresentables los delos partidos políticos que quieren ahora legalizar... Impresentables en el sentido de que son feúchos y parecen medio tontos ¿eh?, que, digamos, si esa causa la asumiese Antonio Banderas y Madonna, no habría ningún problema en sacarlo adelante... Estoy arto de eso. Estoy absolutamente arto de eso, o sea... Además, es más, antes yo podía decir las cosas y ser franco en materia de drogas. Ahora, por ejemplo, no puedo publicitar mis costumbres farmacológicas, porque serían causa de escándalo público. Estoy arto. Yo creo que mi obra es uno de los ejes que ha hecho que nuestro país sea el más libre del mundo en materia de drogas. Sin duda. No, no, eso no creo, no empleo la palabra..., el verbo creer para eso, no, eso es evidente. Nosotros tenemos un consumo de dragas superior al que tiene ningún otro país del mundo... Una variedad y unos precios y una cantidad de puntos de venta inigualables. O sea..., y el que diga otra cosa miente. O sea, la guerra a las drogas no existe en nuestro país y yo creo que existió un poco, pero yo empecé a dar caña al final de los ochenta y principios de los noventa y bastó, no porque mis discurso fuera especialmente lúcido, sino porque la sociedad, en realidad, no estaba por la tarea... Pues da igual legalizar o no legalizar. Hay una legalidad de ipso en España. O sea, los únicos que están en las cárceles ahora son los correos, que son muchos, por supuesto, porque un mercado tan grande como el español, figúrate si necesita correos, pero esos son los únicos que están en la cárcel. La magistratura, los jueces, la mayoría de los jueces y la mayoría de los fiscales, están avergonzados ante la legislación que deben aplicar. Los sindicatos de policía ya en mi tiempo, ya a principios de los años noventa, ya cuando iba yo a los programas de la tele, estaba con el secretario del sindicato unificado de policía y decía: Escohotado tiene razón, la policía sostiene que hay que hacer lo que dice Escohotado. Y los magistrados también. El actual fiscal general Conde Pumpido, el ministro portavoz, Alonso, que son dos magistrados, estos dos han firmado conmigo un manifiesto, en el año noventa y tres pidiendo que se haga una nueva ley del medicamento y suprimiendo el artículo 344 del Código Penal, por las buenas, o sea... porque el 344 era un articulito, que en tiempos de Franco tenía tres líneas, ahora ocupa nueve páginas, y se han acabado las letras, porque empezaron con a, b, c, d..., ahora ya se han pasado a la z y han tenido que hacer unos numeritos de estos ii, iii..., o sea, es completamente risible. ¿Por qué el Ministerio de Justicia, en España, tiene un presupuesto como de tiempos de Canovas del Castillo y Sagasta? ¿Porque lo quiere el pueblo español? No. ¿Porque no hay dinero? No. ¿Por qué tenemos un Ministerio de Justicia como el que tenemos? Pues porque interesa que las decisiones judiciales sean lentas. Porque la clase política vive de ser elegida cada cuatro años y cuatro año es lo mínimo que lleva una causa jurídica, de modo que, teniendo una justicia que funciona mal, toda la clase política..., da igual PP que PSOE..., por eso no se ha cambiado ni con Aznar ni con González ni con éste..., interesa una justicia lenta. No ya mala: lenta. Pero la moralina, el sermón, lo edificante..., con eso no se va a ninguna parte. O sea, estás mirando ahí y le dices a tu prójimo: ale, obra con esto responsablemente... ¿Por qué no lo dicen con respecto al coche..., con respecto a todo lo demás? Las drogas, las drogas ilegales son un distrito de distorsiones psicóticas legitimado..., o sea, es un lugar donde la gente puede decir sin parar cosas delirantes y pensar que están diciendo lo necesario.., no solo lo..., lo necesario. Pensando en otros... Yo siempre he dicho: usted que habla mal de las drogas está muerto de miedo a su propio interior. Usted es el que es un piltrafa ante una droga, porque usted no tiene sentido de la responsabilidad, ¡usted en particular!, y sin embargo usted lo prohíbe, como si fuera un asunto de todos los demás. Cuídese, señor...
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Malvaceae Hibiscus elatus en el Bulevar Louis Pasteur de Málaga.

Flor de Hibiscus elatus (Malvaceae) en el Bulevar Louis Pasteur el catorce de abril.

Antonio Escohotado dirige el programa Carta Blanca, el 12 de octubre del 2006, en la segunda cadena de Televisión Española.


Quiero justificar aquí el hecho de que, siendo un programa en el que dialogan varias personas, no se trascriben más que las palabras de Antonio Escohotado. Ello es porque realmente este blog, al menos de momento, no se interesa por ningún problema en particular (en este caso sería el “problema”de las drogas –realmente el problema creado por los prohibicionistas y sus políticas) sino que se pretende nada más que facilitar el acceso al pensamiento de Escohotado.

PRIMERA PARTE
ANTONIO ESCOHOTADO: Soy Antonio Escohotado, autor de “Historia general de las drogas”,un libro larguísimo, de unas mil quinientas cincuenta páginas. Dediqué muchos años de mida a estudiar qué habían hecho distintas culturas, en distintos tiempos con estas sustancias hoy tan problemáticas. Estoy acostumbrado a salir en muchos programas convencionales de televisión donde se habla de este tema desde la franja del alarmismo y la excepcionalidad. M explico. Allí quienes están son policías, rehabilitadores, adictos antiguos o actuales, familiares desesperados por la situación de estas personas, un público que aplaude o abuchea… Agradezco a Carta Blanca la oportunidad de plantear los temas con calma y con una superioridad que espero superior a la normal. Mi actitud, en general, que se va a ir mostrando en los distintos bloques, es tomar nuestro contacto con las drogas como una forma de arte, libertad y responsabilidad. Tendremos un primer bloque de tercera edad, como yo, con Eduardo Aute y con Luis Racionero, un bloque de segunda edad, con José JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS y Joan Carles March y hasta un bloque de primera edad Bebé y Albert Pla.
ANTONIO ESCOHOTADO: Hombre de ciencias y hombre de letras, cuyo entendimiento combina lo claro y lo profundo, en décadas de relación con mi amigo Luis Racionero jamás le he oído decir algo que no sea interesante y original.
ANTONIO ESCOHOTADO: Talento, dulzura y una humildad proporcional a la rareza de sus méritos como poeta, pintor y músico, mi amigo Eduardo Aute cumple lo previsto por Spinoza en su “Ética”: un cuerpo capaz de muchas cosas tiene una alma fundamentalmente eterna.
ANTONIO ESCOHOTADO: Dos viejos amigos y dos conciencias lúcidas. Luis se pasó en California los dos años cruciales del sesenta y ocho al setenta. Nosotros, Eduardo, más o menos, nos tiramos esos años, sin tanto ruido, pero aquí. ¿Cómo era la situación de drogas cuando nosotros éramos “jovenzanos”, cuando teníamos veinte años, por ejemplo?
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Tú viajaste bien o viajaste con dificultad?
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: Pero no has hablado de las drogas de farmacia. Yo creo que, cuando éramos nosotros “jovenzanos”, los médicos nos recomendaban tomar anfetaminas, las farmacias dispensaban barbitúricos…
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Pero en California cómo estaban las cosas?
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: no, la heroína yo creo que viene de los “beatnik”, de la generación anterior…
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: Lo primero que yo descubrí, cuando me puse a estudiar este tema, es que las primeras comuniones, comuniones de las religiones, son con sustancias psicoactivas, es decir, que las ostias originales son ostias psicoactivas. Sólo el formalismo de algunas religiones monoteístas triunfantes, como el cristianismo y el islam, mantuvieron la ceremonia de comunión, pero quitando el vehículo… Eso lo vimos en América con nuestros misioneros porque, claro, después de media hora de recibir la ostia, muy amablemente, el cacique u otro…,decía: su medicina está estropeada, yo tengo una muy buena. Eso normalmente le costaba la vida al cacique, si…
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: Una de dos, o creemos en magia y en Eleusis daban una magia que se tragaban gentes de una sobriedad intelectual como Platón y Aristóteles, cosa que es muy difícil de creer, o le daban un vehículo psicoactivo.
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: Bueno, pero…, a nosotros…, a nuestros jóvenes, que hora, digamos, pueden tomar, no LSD, pero algún vehículos de ebriedad parecido, de esa familia, o sea, visionario, es muy parecido a Aladino con la lámpara. La esencia es que tú, frotando la lámpara viene el genio y le pides un deseo, pero eso, suponte, que con la LSD o con sus drogas equivalentes, frotas la lámpara, sale el genio, y entonces todo lo que le puedes decir es: huy, es que estaba aburrido, no sabía qué hacer y me he tomado una pastilla, o me he tomado un microfilme. Entonces el genio hace plaf, y te aplasta como una colilla… Pero digamos, aún eso es útil… O sea, con esas drogas, las de la familia visionaria, no se juega…, por mucho que los intentes, no se juega… Lo que pasa es que cuanto más te revuelque el genio, más útil es para ti y como las drogas de esa familia no son físicamente tóxicas, una de dos, o el sujeto es sicótico ya de nacimiento, en cuyo caso le va a salir fuerte, o si no la droga le va a decir: ojo, no seas memo, profundiza. Ahora, también hay que ver que la medicina, la medicina científica, se distingue del chamanismo y empieza como tal carrera y profesión, justamente con un manejo adecuado de los tóxicos, es decir con el principio hipocrático de que "Dosis sola facit venenum". De que no hay un solo veneno que sea inútil, que todos los venenos son útiles, pero que depende de la dosis, depende del individuo y depende del caso. Por ejemplo la digitalina, que está ahora por florecer en toda España, la Digitalis purpurea…, es un principio de una toxicidad inaudita. Sin embargo millones y millones de personas que tienen problemas de corazón han salvado la vida debido a ella.
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: Pero depende, depende. Porque nos gusta el fútbol, nos gusta el juego. ¿Alguna vez nos hemos jugado una partida de póquer, los tres?
LUIS RACIONERO…
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO:… sin ser unos vejestorios de tercera edad y hablar de la juventud como si estuviera medio tonta. Yo, cuando tenía veinte años, también era medio tonto… Tienen más poder adquisitivo y tienen una variedad de drogas como no se había conocido y, sobre todo, tienen millones de puntos de drogas, de venta…,porque es que antes las drogas estaban en la botica, en la droguería y en el herbolario, y ahora al contrario La prohibición ha estimulado a fabricantes clandestinos y donde había cinco puntos de venta, ahora hay quinientos y lo que en la farmacia costaba equis, en la calle cuesta equis partido por dos. Ese es el fenómeno paradójico de la prohibición. O sea, que en principio tenía que haber restringido usuarios y consumo y lo que ha hecho es, o bien coexistir con un irresistible aumento de usuarios y consumo o bien, incluso, estimularlos. Por ejemplo, si yo le digo a un hijo mío que el sexo es malo, a un hijo mío pequeño, digamos…, a Antonio, que tiene catorce años, que va a cumplir mañana catorce años…, que es sexo es fatal, corro un serio peligro que el niño piense que es sexo es divino y que yo le estoy ocultando eso porque, si él pudiera disfrutarlo, se daría cuenta que el resto de la vida no vale nada y que lo único que vale es la cosa sexual. Esa es, digamos, la dinámica perversa en que está la prohibición, aunque, por otra parte, estaremos de acuerdo en que ciertas cosas hay que prohibirlas.
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO:… sin ser unos vejestorios de tercera edad y hablar de la juventud como si estuviera medio tonta. Yo, cuando tenía veinte años, también era medio tonto… Tienen más poder adquisitivo y tienen una variedad de drogas como no se había conocido y, sobre todo, tienen millones de puntos de drogas, de venta…,porque es que antes las drogas estaban en la botica, en la droguería y en el herbolario, y ahora al contrario La prohibición ha estimulado a fabricantes clandestinos y donde había cinco puntos de venta, ahora hay quinientos y lo que en la farmacia costaba equis, en la calle cuesta equis partido por dos. Ese es el fenómeno paradójico de la prohibición. O sea, que en principio tenía que haber restringido usuarios y consumo y lo que ha hecho es, o bien coexistir con un irresistible aumento de usuarios y consumo o bien, incluso, estimularlos. Por ejemplo, si yo le digo a un hijo mío que el sexo es malo, a un hijo mío pequeño, digamos…, a Antonio, que tiene catorce años, que va a cumplir mañana catorce años…, que es sexo es fatal, corro un serio peligro que el niño piense que es sexo es divino y que yo le estoy ocultando eso porque, si él pudiera disfrutarlo, se daría cuenta que el resto de la vida no vale nada y que lo único que vale es la cosa sexual. Esa es, digamos, la dinámica perversa en que está la prohibición, aunque, por otra parte, estaremos de acuerdo en que ciertas cosas hay que prohibirlas.
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: La solución es de lo que vamos a hablar en la segunda parte. Porque precisamente ante el gran fenómeno, ante el gran experimento que ha sido la prohibición…, un experimento moral…, lo decía Hoover, el presidente norteamericano: “la prohibición” (en su caso era, básicamente, la ley seca) “es el más grande experimento moral de todos los tiempos”. Llevamos por tanto casi cien años, los norteamericanos, y nosotros, quiero decir el resto del planeta, desde 1971, la convención internacional…, en la política de un mundo sin droga, un mundo libre de drogas. Sin embargo cada vez hay más drogas. Por número, cada vez hay más usuarios, cada vez son más baratas en términos comparativos o en términos absolutos y, sorprendentemente, tampoco hay tantas sobredosis como había hace veinte años. Por ejemplo, en 1991, yo recuerdo a Barrionuevo, el ministro de González, diciendo que había aproximadamente una media de dos mil muertes anuales de personas, con la jeringa en el brazo. Ahora, inexplicablemente, y conectado con el hecho de que hay grandes poblados que funcionan como supermercados de cocaína, “crack” y heroína, esa proporción ha descendido espectacularmente. Los propios yonkis antiguos han decidido dejar la aguja. Son fenómenos, digamos, de auto-organización social. Los jóvenes, con la ingesta que tienen ahora, yo creo que, en nuestro tiempo hubiéramos sucumbidos. Nuestros hígados, nuestro páncreas no estaban preparados. En cambio, ahora se ha producido una especie de rápida micro-mutación y se pueden pasar, y aunque a mí me da muchísima pena la cantidad de tiempo que pierden nuestros jóvenes y el peligro inminente en el que se meten, por ejemplo en carretera, con vehículos de motor, no mueren tantos como sería de prever. ¿No se os ocurre algo?
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Pero cuáles han bajado? ¿Cuáles han bajado? Se diría que el prototipo…, la que ha bajado es la heroína, pero, en realidad, lo que ha hecho la heroína no es bajar, sino cambiar la pauta de consumo, porque es que era muy espectacular… ¿Recordáis hace quince años aquellas personas que iban con una jeringuilla por la calle: “le pincho, le picho, yo tengo el sida, deme dinero”.Atracos a farmacias, continuamente yonkis en los cuartos de baño, de las discotecas o de los bares, en estado de sobredosis o ya muertos… Se ha acabado todo eso, pero se ha acabado como fenómeno espontáneo.
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: En la segunda parte hablaremos nosotros tres y ya con un grupo de personas de segunda edad, y no de tercera, sobre la reducción de daños… el programa de reducción de daños que, prácticamente es tomarse la prohibición como un hecho que no se va a poder cambiar entero y, entonces, aceptado eso, vamos a ver en qué medida podemos minimizar los perjuicios que esto causa al orden social.
SEGUNDA PARTE
ANTONIO ESCOHOTADO: En esta segunda parte introducimos dos contertulios de segunda edad, José JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS, penalista, criminalista muy destacado, además de buen amigo, y Joan Carles March, médico a quien debemos la experiencia de sustitución…, de mantenimiento en metadona por mantenimiento en heroína, una experiencia coronada por el éxito en la Junta de Andalucía. Con ellos vamos a continuar lo que habíamos iniciado con Luis y con Eduardo en la primera parte. Muchísimas gracias por venir y vamos a ver si conseguimos seguir diciendo cosas que, de alguna manera, puedan interesar y ser útiles. Yo creo que ahora debemos pasar al grupo de cuestiones que se pueden considerar“programa de reducción de daños”. José Luis, por qué no me echas una mano y…
JOSÉ JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS…
ANTONIO ESCOHOTADO: José Luis, ¿tú interviniste en aquel proyecto, me parece que fue del noventa y uno de modificación del código penal y la ley del medicamento? Si no recuerdo mal.
JOSÉ JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿No firmó aquello el actual fiscal y el actual ministro del interior?
JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS…
JOAN CARLES MARCH…
ANTONIO ESCOHOTADO: Es que ciertas cosas sin el papeleo no salen adelante y, para hacer el papeleo bien, hace falta un jurista y para un jurista, ahí tenemos a José Luis.
JOAN CARLES MARCH…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Y tú a qué atribuyes esa espectacular diferencia, digamos, de pasar de la metadona, que se supuso que era, desde Nixon en adelante, la droga que iba a salvar…, que no salva a nadie…? ¿A qué lo atribuyes, digamos, tú, psíquicamente, de los usuarios, ese cambio?
JOAN CARLES MARCH…
ANTONIO ESCOHOTADO: Yo te pregunto esto porque lo que tengo, claro, es que hacerle una crítica a la metadona como sustituto a la heroína, igual que le haría, como sustituto de, digamos, de un gran vino, blanco o tinto, una mala cerveza, o sea, las personas buscan un efecto en la heroína, que es analgesia, sedación y euforia. En la metadona encuentran analgesia, sedación y no euforia.
JOAN CARLES MARCH…
JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS…
ANTONIO ESCOHOTADO: Son para la micro-franja, digamos, de sujetos acogidos a la prohibición, de alguna manera, que antes de la prohibición no está en los anales… Por ejemplo, nosotros vemos las cuentas de botica de Goya, por hablar de un hombre conocido en España, y ahora de diagnosticaríamos una aguda drogodependencia de láudano, es decir, de opio. Sin embargo, evidentemente, Goya tomaba el láudano, en cantidades masivas, para pintar y pintó genialmente. O sea, usó un fármaco para crear… con la prohibición llega, digamos, el uso de una droga como coartada, no sólo para no pintar, sino para atreverse a robar a los demás…
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: Entonces no estaba tomando láudano… estaba tomando bolas de opio, directamente. Aquello es tremendo. Son los sueños del opio cuando estás en una zona de retirada. Igual de Quincey, o sea, en las memorias de un comedor de opio también se encuentran las visiones de Goya, pero descritas literariamente.
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: Y Goethe, Goethe, por ejemplo sería hoy un drogodependiente…, sin embargo es el más grande poeta y escritor de la historia de Alemania… Pero, con la prohibición vino una micro-franja de personas que no sólo le sientan mal las drogas, le sientan hiper-mal, pero además, aprovechando la prohibición, digamos, delinquen, o rompen las familias por dentro, o sea, las convierten en virutas… Para estos está la política de reducción de daños, yo creo, o sea, la política de reducción de daños puede cubrir a la gran franja de usuarios de drogas ilícitas que no crean problemas, pero especialmente están llamadas, o pensadas, para esa micro-fracción del cuerpo social que sí que crea problemas.
LUIS RACIONERO…
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: No claro, puede ser…, yo creo que nueve de cada diez no se manifiestan y, aunque se puedan morir de cáncer de páncreas o de hígado, en modo alguno son drogadictos para la ley o para la…
LUIS RACIONERO…
ANTONIO ESCOHOTADO: No nada… Yo creo que esto no llega ni al dos de la población española y es mucho decir. José Luis sabrá mejor, o sea…
JOAN CARLES MARCH…
EDUARDO AUTE…
ANTONIO ESCOHOTADO: No, de parar la caída… Estamos hablando de mantenimiento. El concepto de mantenimiento en…, la primera jurisprudencia, que yo sepa, fue la norteamericana, fue atacado como una perversión jurídica y una abominación. O sea, no se podría mantener a nadie en una droga porque lo que había es que coger a esa persona y desintoxicarla ¿estoy en lo cierto?
JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS…
ANTONIO ESCOHOTADO: Es un arte. Para gran parte de los españoles, tomar vino o tomar licores hasta el límite, digamos, de la euforia, pero sin pasarte. Eso es lo que ha olvidado en general la cruzada antidroga. Esto es un asunto de arte, para las personas, un asunto de amor propio, un asunto auténticamente de conocimiento, en vez de un asunto de protección ajena.
LUIS RACIONERO…
EDUARDO AUTE…
JOAN CARLES MARCH…
ANTONIO ESCOHOTADO: Que es remedio no sea peor que la enfermedad, que es lo que se ha revelado en este caso.
ANTONIO ESCOHOTADO: He conocido a Bebe y Albert Pla mientras preparaba este programa. Ellos tienen la oportunidad de tomar decisiones más informadas. Pertenecen a una generación que ha crecido en un mundo donde las drogas están más diversificadas y, por fortuna, no se emplean tan autodestructivamente como cuando yo tenía veinte años. Sabemos más. Para mí, claro, que soy de una generación muy distinta… Yo vengo de un empleo mucho más autodestructivo, mucho más limitado. Habías menos drogas, había más ganas de acabar con tu propia vida usándolas y, si no recuerdo mal, de cada diez amigos que éramos quizá sólo quedo yo o alguno más. Ahora me da la sensación de que la gente joven se pasa muchísimo, toma muchísimas drogas. En realidad lo tiene integrado en su vida, o sea, es como si no tuviese mucho sentido, tanto lo cotidiano como la parte divertida, si no hubiera “pastis”, si no hubiera “quetas”, si no hubiera porros, si no hubiera…, lo que hay. En principio yo esperaría que hubiera la misma mortalidad que en mi tiempo. Cuánto me alegro de ver que no, cuanto me alegro de ver que…, que aguantáis… No digo vosotros, porque a lo mejor vosotros, en particular, no tomáis nada, pero la juventud sí toma.
ALBERT PLA…
ANTONIO ESCOHOTADO: No, en mi tiempo es que fue especialmente mal. En mi tiempo se mezcló con la forma política, sobre todo los europeos que preferían mayo del sesenta y ocho a Woodstock… Los de Woodstock todavía tenían un poco más de drogas, sexo y rock and roll. Mayo del sesenta y ocho eran mucho más tanáticos, mucho mas “o la revolución proletaria o la destrucción del mundo”. Y aquellos, claro, pasaron rápidamente de la LSD, que les sentaba muy mal, a la heroína inyectada y se desintegraron… Es distinto, yo creo que vuestra generación, por fortuna, aunque toma muchas más drogas que…, más variadas que la mía, sí, a mí me asombra, yo tengo siete hijos, muchos de ellos están en edad, y no se me muere ninguno ni ninguno ha tenido que ir, digamos, de urgencias. ¿Tú conoces a alguien que haya ido de urgencias?
ALBERT PLA…
ANTONIO ESCOHOTADO: Mezclan muchas cosas… Pero yo creo que está vinculado con el fin de semana. Porque incluso…, o sea…, y el fin de semana, a su vez, significa que hay que cambiar la vida todas las semanas. O sea, que del lunes al miércoles se es de una forma y de jueves a domingo pues se es de otra forma ¿no?, ¿otro ritmo?
ALBERT PLA…
BEBE…
ANTONIO ESCOHOTADO: Pues yo, la verdad, creo que en lo de feliz-infeliz… ¿Tú que crees, que eran más felices en mi generación?
ALBERT PLA…
BEBE…
ANTONIO ESCOHOTADO: No hemos mencionado la palabra aburrimiento. Aburrimiento sería una forma de infelicidad, pero no muy aguda ¿no? Quizá la forma más aguda de infelicidad que conocen los niños. Mamá, me aburro. Papá, me aburro. Ahí es donde más puedes coger un aburrimiento… No, un aburrimiento…, como una broca de dentista, o sea, que realmente es muy urgente y que puedes decir que es muy infeliz. Yo creo que conforme nos vamos haciendo mayores vamos soportando más cargas de aburrimiento, sobre todo cuando tenemos que estar con personas que no nos apetece… Yo creo que no me he aburrido nunca solo… Pero a veces me ha tocado aburrirme…, pues, claro, eso no cambia los efectos de las drogas, o sea, digamos…, las drogas tienen unos efectos primarios y secundarios, dependiendo de las dosis y dependiendo de cada una, y las tomes por aburrimiento, las tomes por conocimiento, las tomes por estar más cerca de otros. Yo creo que una de las razones, también, por las cuales se toman, es “junteidad”, o sea, hacer sociedad, hacer comunidad con otros. En todo caso me da la sensación de que se han convertido en algo inseparable del fin de semana y el fin de semana, a su vez, algo inseparabla de la gente joven. ¿Tú crees que vas a seguir con el fin de semana siempre, Bebé?
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: Claro, claro…, es como meterte en carretera el día que salen, lo el día que entran las personas. Es fatal. En mi libro “Historia general de las drogas” que, a medida que la humanidad va creciendo en número, pues claro, va reduciéndose el espacio. Sobre todo vamos viviendo en grandes núcleos urbanos, y que la progresiva desaparición del espacio interno se tiene que compensar, de alguna manera, con un desarrollo del espacio interno y que las drogas son la típica sustancia dirigida a aumentar el espacio interno, o sea, a crear una banda más ancha.
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: Estoy contigo Bebé, lo que pasa…, para tapar cosas… Hombre, es que las drogas las ha habido en todos los tiempos, pero que las consuma la juventud, eso, que yo sepa, es nuevo, pero es que también es nuevo que la juventud tenga poder adquisitivo. O sea, en últimos treinta o cuarenta siglos de historia recordada, la juventud ha tenido de todo, pero no ha tenido poder adquisitivo. Ahora tiene poder adquisitivo y, entonces, como encima viene la prohibición, que es un experimento, un experimento moral muy importante, el experimento moral posiblemente más importante del siglo XX, como experimento moral… Y, entonces, pues claro, proporciona a todas la personas que están un poco jorobadas, o muy jorobadas, una coartada, de manera que pueden decir, “huy, yo quería ayudar a mamá, quería portarme bien con mi hermano, quería ser amigo de mis amigos, pero…, pasó por allí una papelina y, como si fuera succionado por un huracán, de repente me metí y me he convertido en un pelele, en un ser inútil y, además, lo único que puedo hacer es pedir sin dar y exigir sin gratitud. Eso está vinculado más a la prohibición que a las drogas en sí, a mi juicio. Lo que pasa es que cuando eres un aburrido y no te has encontrado, entonces tiendes a tomar…, no sé…, las drogas legales, o las ilegales, porque es que cualquier cosa…, cualquier cosa para, digamos, que no estás cumpliendo lo que tú esperas de ti mismo…
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Te has dado cuanta?
BEBÉ…
ALBERT PLA…
ANTONIO ESCOHOTADO: Cuando tienes un demonio dentro y tomas drogas, sale.
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Y tú lo ves parecido, tomar drogas, a pilotar un avión, conducir un coche…, le ves algún parecido?
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: Es que pilotar un avión o conducir un coche, hace falta un aprendizaje y tomar en consideración una serie de cosas teóricas…, el examen de conducir tiene un teórico y un práctico ¿no?
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: Yo es que veo que vuestra generación sabe mucho más de drogas de lo que sabía la mía…
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Tú lo no crees? Bueno, no solamente no lo crees, sino que hablas con mucho más fundamento de causa que yo… Si ahora se toman tanto y, aunque no se mueran, se toman por aburrimiento y con desinformación, estamos…, nos estamos directamente donde nos gustaría.
ALBERT PLA…
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: Lo que es más preocupante, a mi juicio, del uso de las drogas es, no sólo la desinformación, sino que cada vez empiezan el consumo antes y, claro, igual que un niño pequeño no es capaz de hacer un contrato o no debe hacer un contrato y le prohíbe la ley hacer un contrato y obligarse en este sentido o en otro, tampoco es muy capaz para discernir. La prohibición creó un mercado negro. El mercado negro se desarrolla diversificando los productos y poniéndolos a disposición de personas que no tienen la edad, digamos, para obtenerlos como se obtenían antes, en la farmacia… Y entonces se van adaptando las generaciones jóvenes… Se van adaptando a esta libertad, a esta disponibilidad e pasta para conseguir las cosas.
ALBERT PLA…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Te has dado cuenta? ¿Cuántas cervezas hacen falta para…, digamos, colocarte? Pues unos cuantos euros de cervezas, si vas comprando cañas. Si compras, por ejemplo, un gramo de heroína, el colocarse saldrá unas cuarenta veces más barato que colocarse con cerveza ¿qué paradoja verdad? Es curioso… Yo creo que todas las drogas, incluida la cocaína, no han subido de precio, como han subido las demás cosas del mundo. Por ejemplo, al pasar al euro yo creo que la vida nos ha subido, por lo menos, un cuarenta por ciento.
ALBERT PLA…
ANTONIO ESCOHOTADO: Me alegro… Albert, has dado…, eso, eso es conocimiento, lo que acabas de decir. Hace falta escucharlo, porque, digamos, la actitud alarmista que tiene la gente de mi edad ante las drogas, o la gente políticamente correcta, en general, está lanzada en, bueno, “cuanto más se hable mal de ella y más se ilegalice, más difíciles serán”. ¡Qué va! Justamente es lo contrario, es decir, son el único producto que hay ahora, que no ha subido de precio, que ha aumentado la oferta, tanto en cantidad como en diversidad. Sorprendente, pero ¿vosotros cómo veis el futuro de las…? ¿Igual que el presente? El futuro en materia de drogas, en España…
ALBERT PLA…
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: ¿Pero quién va a poder quitarse? Ya ves que aquí se han utilizado medios enormes de dinero, miles de policías, represión mundial y lo único que hemos conseguido es que estas sustancias se mantengan en el mismo precio que antes, lo cual quiere decir bajar de precio.
ALBERT PLA…
BEBÉ…
ANTONIO ESCOHOTADO: Eso me parece fenomenal. Yo creo que ahí… No compensa que desaparezcan. No pueden desaparecer y hay un límite a la voluntad humana. O sea, uno se puede formar propósitos, pero no siempre significa que los saque adelante. Yo creo que esa cuestión nos interesa mucho, pero me parece que ahora vais a tocar la guitarra, o sea, nos vais a deleitar otra vez. Me da la sensación, ¿o no?
FINAL
ANTONIO ESCOHOTADO: Este programa ha sido enteramente espontáneo. Justamente por eso me atrevo a pedirles que dejen leer una chuleta con la que termino. Si se fijan ustedes, la guerra de las drogas, que ha durado unos ochenta años, se ha terminado. Es un poco vano decir que ante la cantidad de usuarios, la cantidad de drogas que hay, seguimos teniendo una guerra contra ellas. Lo que tenemos ahora es un fenómeno de auto-organización, de adaptarnos a una situación nueva y la mejor forma de adaptarse a una situación nueva es con conocimiento y amor propio. Segundo punto de la chuleta, toda prevención que queramos enseñar a nuestros hijos será ineficaz si no es una prevención calculada para el uso, en vez de para la abstemia. Por la misma razón no podemos conceder permiso de conducir una avioneta o un coche, más que sabiendo conducir la avioneta o el coche. Punto tres y final, vayamos pensando en un partido de tabacófilos, que reclame un tercio de los espacios, ya que somos un tercio de la población. Pienso en un esquema como el que ha puesto en marcha Boadella y otros sensatos catalanes y, por supuesto, sostenido, en caso de que no se le escuchara, por la desobediencia civil. Y nada más.
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miércoles, 29 de julio de 2015

Parque Manuel Navarrete – Camino de la Virreina y Calle Joaquín Gaztambide (Distrito 5 – Palma Palmilla)

Apocynaceae Nerium oleander  

Arecaceae Chamaerops humilis    

Arecaceae Phoenix dactylifera    

Arecaceae Syagrus romanzoffiana  

Asparagaceae Yucca elephantipes  

Bignoniaceae Jacaranda mimosifolia     

Cupressaceae Cupressus sempervirens     

Fabaceae Albizia julibrissin    

Fabaceae Erythrina crista-galli     

Lamiaceae Teucrium fruticans  

Lauraceae Cinnamomum camphora

Magnoliaceae Magnolia grandiflora    

Malvaceae Brachychiton acerifolius  

Meliaceae Melia azedarach    

Moraceae Ficus rubiginosa    

Moraceae Morus alba    

Moraceae Morus alba 'Pendula'   

Pinaceae Pinus halepensis    

Pinaceae Pinus pinea     

Platanaceae Platanus × hispanica     

Proteaceae Grevillea robusta    

Rosaceae Prunus cerasifera var. pissardii    

Salicaceae Populus alba 'Bolleana'