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jueves, 28 de enero de 2016

Arecaceae Brahea brandegeei Parque de Málaga

Brahea brandegeei (Arecaceae), en el Parque de Málaga, el diecisiete de febrero de 2014 (parterre 32 del plano disponible en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad).


martes, 26 de enero de 2016

Arecaceae Brahea armata Parque de Málaga

Brahea armata (Arecaceae) en el paseo del Parque (Málaga) el diecisiete de febrero de 2014.


Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» IV - OBJECIONES DE CARÁCTER NO ECONÓMICO AL CAPITALISMO (IV-2 Materialismo).



Hay también quienes censuran al capitalismo su burdo materialismo. Reconocen que mejora incesantemente el nivel de vida de las masas, pero las aparta de los cometidos verdaderamente nobles y elevados. Vigoriza los cuerpos. En cambio al alma y a la mente las condena a inanición. Bajo su egida decaen las artes. Pasaron los días de los grandes poetas, pintores, escultores y arquitectos. Lo que el capitalismo aporta en este terreno es bazofia.

La apreciación del arte resulta siempre de subjetiva condición. Unos admiran lo que horripila a otros. No cabe medir ni ponderar la valía de un poema o de una obra arquitectónica. Quienes se deleitan contemplando la catedral de Chartres o Las Meninas, de Velázquez pueden calificar de zafios a quienes no pasman tales maravillas. ¡Cuántos escolares se aburren soberanamente cuando tienen que aprender los estupendos versos de Hamlet!  Sólo aquellos dotados del sentido de lo bello son capaces de apreciar el valor del artista y disfrutar con su obra. Hay mucha hipocresía entre los que pretenden hacerse pasar por gente cultivada. Adoptan actitud de entendidos y fingen admiración por el arte y los artistas del ayer. No muestran análoga simpatía por el creador contemporáneo, que aspira a consagrarse. Aquella fingida adoración por los antiguos maestros les sirve para menospreciar y ridiculizar a los nuevos genios que rehúsan someterse a las modas del pasado, prefiriendo crear estilos propios.

John Ruskin fue uno de los que (junto con Carlyle, los Webbs, Bernard Shaw y otros) cavaron la fosa de la libertad, la civilización y la prosperidad británicas. Individuo depravado en su vida pública y privada, glorificó la guerra y el derramamiento de sangre. Denigraba obcecadamente, la ciencia económica, cuyas enseñanzas era incapaz de comprender. Fue fanático detractor del mercado y panegirista fogoso de los gremios medievales. Rindió homenaje al arte de centurias pasadas. En cambio a su gran coetáneo Whistler le hizo objeto de ataques tan soeces, viles e injuriosos, que fue condenado por calumnia. Contribuyó a difundir el manido prejuicio de que el capitalismo no sólo constituye sistema económico nocivo, sino que además destruye la belleza e implanta la fealdad, arrasa la grandeza e introduce la mezquindad, suprime el arte y encumbra la inmundicia.

Como decíamos la apreciación de lo artístico es de condición tan subjetiva que, en tal materia, nada cabe dejar zanjado apodícticamente, contrariamente a lo que sucede con los razonamientos lógicos o las cuestiones de hecho. No obstante nadie en su sano juicio se atrevería a menospreciar la grandeza del arte capitalista.

Precisamente prevaleció la música a lo largo de aquella época “tan metalizada y de tan mezquino materialismo”. Wagner y Verdi, Berlioz y Bizet, Brahms y Bruckner, Hugo Wolf y Mahler, Puccini y Ricardo Strauss ¡qué ilustre muchedumbre! ¡Qué época cuando grandes maestros como un Schumann o un Donizetti pasaban casi desapercibidos, tapada su excelencia por otros genios de rango aun superior!

Y ahí están las grandes novelas de Balzac, Flaubert, Maupassant, Jens Jacobsen, Proust y los poemas de Victor Hugo, Walt Whitman, Rilke, Yeats. ¡Qué mísero sería nuestro horizonte sin las obras de estos titanes y las de otros escritores no menos sublimes!

Tampoco olvidemos a los pintores y escultores franceses, que nos enseñaron nuevos modos de contemplar la naturaleza y gozar de la luz y del color.

Menos aun puso nadie nunca en duda que, a lo largo de la época capitalista, todas las ramas de la actividad científica progresaron como por ensalmo. Sin embargo los eternos descontentos rearguyen que en esencia ahora se trata de trabajos de “especialización”, echándose de menos la labor de “síntesis”. Resulta ello evidentemente insostenible en el campo de la matemática, la física y la biología… ¿Y qué decir de la obra filosófica de Croce, Bergson, Husserl y Whitehead?

Cada era infunde personalidad propia a sus realizaciones artísticas. No constituye arte la servil imitación de las grandes obras del pasado, sino más bien plagio. Sólo la originalidad valoriza la obra artística. Cada época tiene su propio estilo, estilo que la define como tal época.

Pero no ocultemos nada y digamos lo que es lícito en favor de los admiradores del ayer. Ciertamente las últimas generaciones no legaron a la posteridad monumentos tales como las pirámides, los templos griegos, las catedrales góticas, los palacios renacentistas o las obras del barroco. En los últimos cien años se han construido muchas iglesias y catedrales y, aun en mayor numero, palacios oficiales, escuelas y bibliotecas. Es verdad que tales edificaciones carecen de originalidad. Se limitan o a copiar viejos modelos o a entremezclar estilos diversos ya conocidos. Tan solo en el terreno de la vivienda y en el de las oficinas parece atisbarse cierto estilo unificador. Dicho lo anterior resultaría ridícula pedantería negarse a apreciar la peculiar grandeza de algunas perspectivas modernas, por ejemplo la silueta de Nueva York. Pero en fin, vamos a admitir que la arquitectura actual no ha alcanzado la excelencia de la antigua.

Las causas son diversas. Por lo que se refiere a los edificios religiosos, el apego de las iglesias a las formas tradicionales dificulta la innovación. El impulso que hacía levantar suntuosas mansiones se debilitó con la decadencia de las dinastías y estirpes nobiliarias. Diga lo que quiera la demagogia anticapitalista, la opulencia de empresarios y hombres de negocios es, comparativamente, tan inferior a la de los antiguos reyes y príncipes que no pueden aquellos permitirse semejantes lujos. Nadie tiene hoy medios suficientes para levantar un Versalles o un Escorial. El antiguo déspota podía, en abierto desafío a la opinión pública, encargar al artista más admirable la fábrica imperecedera que pasmaría luego a la multitud ignorante. Pero hoy en día, incluso los edificios públicos han de renunciar a toda original extravagancia. Ni comisiones ni ponencias osan apoyar al atrevido precursor. Prefieren atenerse a lo normal y consagrado. No quieren líos.

Las masas nunca supieron apreciar el arte contemporáneo. Sólo cenáculos minoritarios rendían merecido homenaje a quienes luego todos considerarían escritores y artistas geniales. La ausencia de sentido artístico en los más nada tiene que ver con el capitalismo. Lo que pasa es que el sistema enriquece de tal modo a las multitudes que las gentes, de pronto, se transforman en “consumidores” de por ejemplo literatura, pero generalmente de la mala. Entonces invaden el mercado novelas insustanciales destinadas a lectores de escasa preparación. Sin embargo bajo el capitalismo ello no es óbice para que quien quiera y sepa pueda, sin pedir permiso a nadie, escribir y publicar la obra monumental.

Los críticos derraman lágrimas de cocodrilo ante la supuesta decadencia de las artes decorativas. Comparan los antiguos muebles, conservados en museos y nobles mansiones, con el menaje económico masivamente fabricado por la gran industria, olvidando que aquellas piezas maestras se producían exclusivamente para los ricos. No había cofres con tallas doradas en las chozas miserables de la gente del pueblo. Quienes desprecian el mobiliario económico que utiliza el asalariado americano, que crucen el rio Grande y contemplen las casas de los peones mejicanos carentes de todo menaje. Cuando la industria moderna comenzó a proveer a las masas de los mil objetos necesarios para la elevación del nivel de vida, su principal preocupación consistió en producir del modo más barato posible, sin preocuparse del aspecto estético. Más tarde, a medida que el progreso del capitalismo incrementaba la riqueza de las clases obreras, poco a poco los fabricantes comenzaron a producir objetos cada vez más bellos y refinados. Dejando aparte prejuicios sensibleros, ningún observador imparcial negará que en los países capitalistas haya cada día mayor número de hogares cómodos y bonitos.

lunes, 25 de enero de 2016

Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» IV - OBJECIONES DE CARACTER NO ECONOMICO AL CAPITALISMO (IV-1 El argumento de la felicidad).



Los detractores del capitalismo gustan de apelar fundamentalmente a dos argumentos: en primer lugar que el poseer un automóvil, un aparato de televisión o una nevera eléctrica no proporciona la felicidad; en segundo término que son muchos quienes todavía carecen de tales amenidades. Ambos asertos son ciertos. Lo que pasa es de ellos no se puede deducir cargo alguno contra el sistema capitalista.

La gente no busca una inalcanzable felicidad absoluta. El hombre se afana y moviliza por suprimir malestar específico del modo más cumplido posible y, si lo consigue, deviene más feliz o menos desgraciado de lo que sería en otro caso. Al adquirir una televisión pone de manifiesto con su propio actuar que, en su individualizada opinión, el aparato va a hacerle más dichoso o menos infortunado, según se mire. En otro caso se habría abstenido. La función del médico no estriba en proporcionar bienestar perfecto al paciente. Lo que procura es aliviar molestia especifica atendiendo así el mas intimo deseo de todo ser vivo, a saber, alejar cuanto resulta nocivo para lo propia salud y vida.

Tal vez haya budistas mendicantes quienes, pese a vivir de la caridad ajena, sumidos en la suciedad y en la miseria, se sientan perfectamente felices sin envidiar a nabab alguno. Allá ellos, beatos sean. Sin embargo tal género de vida resultaría insoportable para la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos. Normalmente el hombre siente impulso innato por mejorar la condición personal. ¿Quién podría inducir a la clase media americana a adoptar la indigente actitud oriental? El descenso de la mortalidad infantil constituye uno de los triunfos más conspicuos del capitalismo. ¿Quién negará que este fenómeno ha reducido al menos una de las mayores causas de infelicidad de las gentes?

Es igualmente absurdo el otro reproche que se hace al capitalismo, el que los progresos todavía no benefician a todos. Los más inteligentes y enérgicos desbrozan el camino hacia la mejoría social. Abren la marcha. El resto les seguirá poco a poco. Como antes decíamos lo nuevo constituye al principio lujo extemporáneo que solo disfrutan unos pocos. Luego, gradualmente, bajo el capitalismo va todo poniéndose al alcance de la mayoría. No arguye en contra del uso del calzado o del tenedores que el aprovechamiento de tales utensilios se extendiera muy lentamente y que, aun hoy, haya millones que desconozcan su existencia. Los refinados caballeros y distinguidas damas que adoptaron el uso del jabón franquearon el camino para la producción del mismo en gran escala que permitió a las masas el disfrutarlo. Quienes, estando en su mano y gustándoles, se abstienen de adquirir una televisión, pensando que otros muchos carecen del aparato, en modo alguno están facilitando la difusión de tal mercancía, sino todo lo contrario.

Arecaceae Bismarckia nobilis Parque de Málaga

Bismarckia nobilis (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el catorce de febrero de 2014 (parterre 61 del plano disponible en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad).


Peciolos de Bismarckia nobilis (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el catorce de febrero de 2014.


domingo, 24 de enero de 2016

Arecaceae Arenga engleri Parque de Málaga

Arenga engleri (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diecisiete de febrero de 2014 (parterre 36 del plano disponible en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad).


Troncos de Arenga engleri (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diecisiete de febrero de 2014.


Foliolos de una hoja de Arenga engleri (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diecisiete de febrero de 2014.


Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» III - LA LITERATURA BAJO EL CAPITALISMO (III-6. El teatro y las novelas de tesis “social”).



El público, seducido por las ideas marxistas, pide novelas y comedias socialistas (“sociales”). Los escritores, que generalmente comparten la misma ideología, se aprestan a servir la solicitada mercancía. Suelen comenzar con descripción detallada de cuadro social desolado. El capitalismo es desde luego “malorum causa”, que hunde en la pobreza y la miseria a las desgraciadas clases explotadas, enfermas, ignorantes, obligadas a vivir en hediondos lodazales, mientras los ricos estúpidos y corruptos disfrutan de lujos y comodidades sustraídas a los obreros. Lo malo y ridículo es siempre burgués, lo bueno y sublime, invariablemente, proletario.

Tales autores son de dos tipos. Hay unos que nunca conocieron la pobreza. Nacidos de familias urbanas acomodadas, de agricultores con medios o de técnicos bien pagados, se educaron en ambientes burgueses y desconocen los círculos sociales en que sitúan a sus personajes. Tienen que documentarse  acerca de esos bajos fondos que quieren describir antes de ponerse a redactar. Sin embargo abordan sus estudios llenos de prejuicios. Saben ya de antemano lo que van a descubrir. Les consta “ab initio” que la vida de los asalariados es inimaginable, desolada y triste. Cierran los ojos a cuanto no desean ver, destacando tan solo aquellas circunstancias que conforman con el esquema preconcebido. Los socialistas les enseñaron que el orden capitalista inflige sufrimientos sin cuento a las masas y que empobrece en mayor grado a las clases trabajadoras cuanto más progresa. Escriben pues con tesis, procurando difundir los dogmas marxistas.

Lo malo de estos autores no es el que se inclinen a reflejar solo la miseria y la desdicha. El artista debe poder trabajar libremente sobre el tema que más le interese. Lo pernicioso del caso estriba en la errónea y tendenciosa interpretación que dan a la realidad social. Son incapaces son de advertir que los lamentables fenómenos en cuya contemplación se regodean jamás pueden achacarse al capitalismo. Por el contrario constituyen o irritantes restos del ayer pre-capitalista o efectos provocados precisamente por las medidas intervencionistas, hoy tan en boga, que perturban el normal funcionamiento del mercado. No se percatan de que el capitalismo es el sistema más apto para suprimir la miseria, al montar la producción en gran escala, de acuerdo con los dictados de las masas consumidoras. Fijan la atención únicamente en el asalariado, en su condición de obrero, sin darse cuenta de que este es al propio tiempo el principal beneficiario de los productos que él mismo fabrica, bien sea en forma de artículos de consumo o materias primas, que luego se transformaran en bienes consumibles.

Tales publicaciones deforman gravemente la verdad cuando dan a entender que los males descritos son lógica consecuencia de la “mecánica” capitalista. La simple compulsa del número de artículos en serie fabricados y vendidos evidencia palmariamente que el asalariado medio dista mucho de conocer la miseria autentica. Emilio Zola fue la figura más destacada en este tipo de literatura “social”. Abrió la ruta que multitud de imitadores, desde luego menormente dotados que él, seguirían luego. Para Zola el arte se hallaba ligado íntimamente a la ciencia. Los descubrimientos científicos debían constituir su base y, en el terreno de las ciencias sociales, el gran avance había sido el marxista, proclamando que el capitalismo constituía el peor de los males y que la venida del socialismo no solo era inevitable, sino, además, altamente deseable. Se ha dicho que sus novelas fueron una curiosa “colección de homilías socialistas”. Sin embargo el propio Zola, con lodos sus prejuicios y todo su entusiasmo socializante, sería pronto rebasado por discípulos aventajados. Creen sus lectores que estos escritores “proletarios” reflejan la genuina realidad social. Pero la verdad es que no se limitan a reflejar circunstancias fácticas. Antes al contrario interpretan los hechos a la luz de las enseñanzas de Marx, de Thorstein Veblen, de los Webb. Dicha interpretación constituye la base del libelo, porque en realidad no estamos ante obras literarias, sino ante mera propaganda socialista. Los dogmas en que se apoyan los argumentos manejados resultan para sus expositores verdades inconcusas y el lector, por su parte, comulga con idénticas ideas. De ahí que frecuentemente el autor ni siquiera mencione las doctrinas en que se apoya. Sólo alude a ellas alguna vez indirectamente.

Pero no sutilicemos, no es necesario. En cuanto queda demostrada la inadmisibilidad de la teoría socialista y la improcedencia de los falsos argumentos económicos en que busca amparo la misma, toda la tesis de los repetidos escritos se viene abajo cual castillo de naipes. Son obras que pretenden aplicar a la realidad social las doctrinas anticapitalistas. En cuanto estas se desfondan, quedan aquellas carentes de base.

El segundo grupo de novelistas “proletarios” al que aludíamos antes se halla integrado por quienes nacieron en el propio ambiente que describen. Se han apartado ya del mundo obrero, ingresando en las filas de los profesionales y, a diferencia de los autores proletarios de origen “burgués”, no han de dedicarse a investigaciones específicas para conocer la vida de los asalariados. Su propia experiencia resulta bastante a estos efectos.

Pero precisamente dicha personal experiencia ilustra al sujeto acerca de realidades que vienen a contradecir los dogmas básicos del credo socialista. Advierte el interesado en efecto la inexistencia de barreras que impidan a los hijos inteligentes y laboriosos de padres modestos escalar posiciones mejores. El propio currículum del autor lo atestigua. Sabe bien por qué él triunfó, mientras la mayoría de sus hermanos y camaradas no lo consiguió. Topó reiteradamente con otros jóvenes en su ascensión, quienes también ansiaban aprender y progresar. Algunos alcanzaban las metas ambicionadas, otros fracasaban. Al integrarse en la sociedad burguesa e percata que no es truhanería lo que proporciona mayores ingresos a unos que al resto. Perviviría aun en el círculo donde naciera si fuera tan torpe como para dejar de ver que son muchos los hombres de negocios y los profesionales, quienes a su propia semejanza deben considerarse “self-made men”, los cuales igual que él también partieron de la pobreza. Comprende que son otras circunstancias, distintas de las imaginadas por el resentimiento socialista, las que provocan la desigualdad crematística capitalista.

Cuando tales literatos escriben lo que, como decíamos, no son más que homilías filosocialistas, faltan a la verdad. La insinceridad de sus novelas y obras teatrales las hace despreciables, resultando incluso inferiores a los libros de sus colegas de origen “burgués”, quienes creen al menos en lo que escriben.

Pero no se conforman los escritores socialistas con la simple descripción de las víctimas del capitalismo. Les interesa igualmente reflejar la vida y milagros de los beneficiarios del sistema, los empresarios, esforzándose en exhibir las formas arteras que emplearon para enriquecerse. Dado que ellos (gracias a Dios sean dadas) no dominan tan turbios negocios, en autorizados libros de historia buscan información. Les Ilustran los especialistas acerca de cómo los “gánsteres financieros” y los “voraces tiburones” hicieron sus millones: “Comenzó su carrera como turbio traficante de ganado. Compraba a los campesinos las reses vivas. Las conducía al mercado, donde las vendía al peso a los carniceros. Sin embargo poco antes se cuidaba de darles sal en abundancia para que bebieran mucha agua. Un galón de agua pesa unas ocho libras. Que ingiera la vaca tres o cuatro galones y veréis que bonito precio conseguís”.

Es así como se describen, en miles de novelas y obras teatrales, las torpes maquinaciones del personaje más vil de la trama, el hombre de negocios. Los repugnantes capitalistas se hicieron ricos vendiendo acero agrietado y alimentos putrefactos, zapatos con suelas de papel y piezas de algodón que hacían pasar por tejidos de seda.

Sobornaban a gobernadores y congresistas, jueces y policías. Estafaban a clientes y operarios. Son lamentables realidades, inocultables ya.

No se dan cuenta tales escritores de que con sus relatos están calificando implícitamente de perfectos idiotas a millones de americanos, quienes evidentemente con la mayor candidez se dejan timar por el primer bribón que se les acerca, como en el caso de las vacas infladas, en las que ningún carnicero lograba advertir el engaño. Son ganas de tomarle el pelo al lector, pasarse de la raya, el decir en letra de molde que todos los comerciantes e industriales yanquis son inocentes palomas fáciles de embaucar por el garlito más anodino. Fabulas, mentiras como las restantes “verdades” del socialismo científico.

Para el escritor “izquierdista” el hombre de negocios es un bárbaro, un jugador, un borracho. De día en el hipódromo, de noche en el cabaret, para acabar durmiendo con la querida. “No bastándoles a los burgueses las esposas e hijas de sus obreros, sin mencionar las prostitutas de profesión, les compláce seducirse mutuamente las respectivas esposas”, clamaban Marx y Engels desde lo alto del Sinaí socialista. Y a no dudar es así como la literatura, los libretos y guiones americanos más en boga, describen usualmente al empresario estadounidense”.

sábado, 23 de enero de 2016

Arecaceae Archontophoenix cunninghamiana Málaga Plaza del General Torrijos

Ejemplar de Archontophoenix cunninghamiana (Arecaceae), floreciendo en la Plaza del General Torrijos de Málaga, el veintidós de mayo de 2014.


Inflorescencia de Archontophoenix cunninghamiana (Arecaceae) en la Plaza del General Torrijos de Málaga, el veintidós de mayo de 2014.


Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» III - LA LITERATURA BAJO EL CAPITALISMO (III-5 El fanatismo de la gente de pluma).



El observador superficial difícilmente advierte la hoy prevalente intolerancia del gobernante contra el disidente, ni menos aun cala las artimañas y maquinaciones empleadas para ahogar la voz del contrario. Lo que él ve es que se discute mucho y que, al parecer, nadie está de acuerdo en nada.

Pero la verdad es otra. Precisamente ese ardor con que comunistas, socialistas e intervencionistas, integrados en diversas sectas y escuelas, se combaten entre sí oculta el que, pese a tanto perorar, hay una serie de dogmas fundamentales en torno a los cuales todos ellos coinciden enteramente. Se margina a los escasos pensadores independientes, que pretenden combatir tales idearios, dificultándoseles el contacto con las gentes. La impresionante maquina de propaganda y proselitismo “izquierdista” ha triunfado plenamente, haciendo intocables ciertos temas. La intolerante ortodoxia de quienes gustan de considerarse “heterodoxos” se ha impuesto por doquier.

Mezcolanza confusa de doctrinas diversas e incompatibles entre sí es lo que ampara este “heterodoxo” dogmatismo. Un eclecticismo de la peor especie, colección caótica de conjeturas derivadas de doctrinas falaces y conceptos erróneos cuya improcedencia quedó demostrada tiempo ha. Fragmentos inconexos de socialistas (“utópicos” y “científicos”), fabianos ingleses, institucionalistas americanos, sindicalistas franceses, historicistas alemanes y tecnócratas de todo pelaje.

Se reincide en los errores de Godwin, Carlyle, Ruskin, Bismarck, Sorel, Veblen y legión de autores menos conocidos.

Hay un dogma axial en torno al cual coincide este coctel ideológico, a saber, que la pobreza es consecuencia de inicuas instituciones sociales que es preciso suprimir. La instauración de la propiedad y de la empresa privada fue el pecado original que privo a la humanidad de la dichosa vida del Edén. El capitalismo sólo benefició a explotadores sin entrañas y condenó a las honradas masas trabajadoras a pobreza y degradación progresiva. Pero existe el Estado (verdadero demiurgo) capaz él solo de doblegar al aprovechante avariento. La idea de “servicio” debe sustituir a la idea de “lucro”. Ni las intrigas ni las brutalidades de los “reyes de las finanzas” podrán detener la ya inaplazable revolución social. Deviene imperativa la planificación centralizada y entonces habrá abundancia y riqueza para todos. Quienes impulsan esta gran transformación son progresistas, pues batallan por un ideal generoso y que además conforma con las leyes inexorables de la evolución histórica. Quienes se oponen son reaccionarios, por cuanto pretenden detener en vano empeño el avance inexorable del progreso.

Los progresistas abogan por medidas que aliviaran de inmediato la suerte de las masas dolientes, a saber, la expansión del crédito y el aumento de la circulación fiduciaria, los salarios mínimos impuestos coactivamente por el Estado o los sindicatos (con la connivencia de aquel), la tasación de los precios y alquileres y múltiples otras medidas intervencionistas. Ante tanta palabrería vana, la ciencia económica se alza demostrando que por tales vías no es posible alcanzar los objetivos que sus propios patrocinadores desean conseguir, provocándose situaciones todavía más insatisfactorias que aquellas que se pretendía remediar. La expansión crediticia engendra las crisis y las depresiones reiteradas. La inflación hace subir vertiginosamente los precios. Los salarios superiores a los del mercado desatan paro que no se puede dominar. Las tasas máximas reducen la producción y las mínimas provocan la aparición de excedentes que no se pueden colocar. La realidad de tales asertos ha quedado evidenciada de modo irrefutable por la ciencia económica. Ningún falso economista izquierdista se ha atrevido a negar su certidumbre.

El cargo fundamental que los progresistas formulan contra el capitalismo consiste en asegurar que la periódica reaparición de crisis, depresiones y paro son fenómenos típicos y consustanciales al sistema. Los liberales opinan precisamente lo contrario: que las depresiones y el paro son consecuencia de las medidas intervencionistas que previamente adoptara el gobierno para mejorar las cosas y enriquecer a las masas. Ninguna de ambas posturas diametralmente opuestas debe aceptarse a fuer de dogma indisputable. Lo más lógico parece sería estudiar a fondo los temas en cuestión, deduciendo las conclusiones oportunas, para después, honesta y abiertamente, difundirlas. Sin embargo ese planteamiento no es del agrado de los progresistas, por constarles que sus idearios van a salir malparados de tal debate, heridos de muerte. Por eso procuran disimular el fondo de las cosas, evitar que la condenable herejía liberal inficione las aulas universitarias, los cenáculos intelectuales y el ágora pública en general. Quienquiera osa seguir la expuesta vía liberal soporta graves ataques y agravios. Se disuade al joven estudioso para que no lea “tantas estupideces”.

Para el dogmatico progresista existen dos grupos sociales antagónicos, que se disputan la “renta nacional”. Los terratenientes, empresarios y capitalistas (“la empresa”) que bajo un régimen de libertad se apropiaría de la parte del león, dejando para “el trabajo” (empleados, obreros y campesinos) tan solo pobres migajas bastantes únicamente para la mera supervivencia. Los trabajadores, lógicamente irritados por la codicia de los patronos, lo natural sería que apelaran a las propuestas más radicales del comunismo, con la consiguiente supresión de la propiedad privada. sin embargo la mayoría es paciente y moderada, por lo que rehúye un radicalismo excesivo. Rechaza el comunismo y de momento se aquieta, aun no percibiendo la totalidad de esas rentas “no ganadas” que en justicia le corresponden. Admite las soluciones intermedias, el dirigismo económico, el Estado-providencia, el socialismo. Acude a los intelectuales como árbitros, considerando que ellos, no siendo beligerantes, sabrán resistir a los extremistas de ambos grupos y, en definitiva, apoyaran a los moderados, mostrándose favorables para con la planificación, la socialdemocracia, la protección del obrero, poniendo coto final a la abusiva codicia del empresariado.

Parece innecesario reincidir en análisis detallado de los desaciertos y contradicciones que encierra tal modo de razonar. Bastará con destacar tres errores básicos.

Primero. El gran conflicto ideológico de nuestra época no gira en torno al modo de distribuir la “renta nacional”. En ningún caso se trata de una lucha entre dos clases, cada una de las cuales pretendería apropiarse el mayor porcentaje posible de montante específico a distribuir. Lo que de verdad ahora interesa es determinar cuál sea, desde un punto de vista social, el sistema económico mejor, es decir, dilucidar cuál de los dos órdenes (capitalismo o socialismo) da la máxima productividad al esfuerzo humano, elevando en definitiva el nivel medio de vida de las gentes más rápidamente, con mayor amplitud y superior calidad. Pero, en cuanto emprendemos tal vía nos damos de bruces con el problema de la imposibilidad del cálculo económico bajo el socialismo, sistema que jamás puede ordenar racionalmente la actividad económica, por razones intrínsecas y de definición. A los socialistas horroriza la mera insinuación del tema, por lo que procuran escamotearlo como sea, relegándolo al limbo del olvido. Que nadie lo mencione ni siquiera, postura con la que ponen bien de manifiesto la intolerancia de su dogmatismo. Es axiomático para ellos que el capitalismo constituye el peor de los males, encarnando en el socialismo, por el contrario, cuanto se considera beneficioso. Y esto hay que tenerlo por indiscutible. Sea anatema quienquiera propugne el análisis económico del socialismo. El sistema político occidental no permite todavía infligir castigos a la manera rusa. A quienes osan bogar contra corriente, de momento solo se les insulta, denigra y boicotea, insinuando ser su tan incomprensible proceder de perverso e inconfesable origen.

Segundo. No existe en lo económico diferencia apreciable entre socialismo y comunismo. La organización social es la misma en ambos casos: propiedad colectiva de los medios de producción frente a propiedad privada de los mismos. Socialismo y comunismo constituyen términos sinónimos. Los socialistas se fundamentan en un documento titulado Manifiesto comunista y el imperio comunista lleva por nombre “Unión de Republicas Socialistas Soviéticas”.

El antagonismo que se manifiesta a veces entre el comunismo ya establecido y los partidos socialistas extranjeros no afecta a los objetivos finales respectivos. Surge cuando la dictadura soviética pretende sojuzgar un nuevo país (al final lo que buscan es la conquista de América) o cuando se plantea el tema referente a si el asalto debe de ser de carácter violento o de índole democrática.

Los políticos economistas y las gentes que les respaldan cuando predican dirigismo y bienestar social (Welfare State) están propugnando sin darse cuenta las soluciones socialistas y comunistas. La planificación implica que los programas estatales deben privar sobre los particulares, prohibiéndose a empresarios y capitalistas la inversión de sus bienes en aquello que estimen más conveniente. Han de atenerse a las instrucciones del Sr. Ministro, lo que equivale a estatalizar la dirección económica.

Desde luego supone grave error el creer que las soluciones del socialismo, el dirigismo o el Estado providencia sean diferentes a las que el propugna comunismo, por “menos absolutas” o “menos radicales”. Desde luego no constituyen antídotos antimarxistas. La moderación del socialista estriba tan solo en que no está dispuesto a vender su patria a los agentes de Rusia, ni maquina la muerte de toda la burguesía no marxista como el comunista. Desde luego la cosa tiene trascendencia, pero en nada afecta a los objetivos finales que todos los aludidos movimientos persiguen.

Tercero. El capitalismo y el socialismo constituyen sistemas sociales diametralmente opuestos. El control privado de los medios de producción y el control público de los mismos son nociones contradictorias. Resulta impensable una economía mixta, es decir, intermedia entre capitalismo y socialismo. Quienes propugnan esas soluciones, que erróneamente califican de intermedias, no buscan un compromiso entre capitalismo y socialismo. Están pensando en una tercera formula de características peculiares que debe ser ponderada como ente específico por sus propias circunstancias. Es lo que los economistas denominan intervencionismo. Desde luego el sistema, contrariamente a lo que sus defensores piensan, no sirve para entremezclar unas gotas de capitalismo con otras tantas de socialismo. Se trata de organización social distinta, tanto del uno como del otro. El economista asegura, sin que por ello deba calificársele de intransigente o de extremista, que el intervencionismo no puede alcanzar los objetivos deseados. Es más, viene a empeorar la situación, incluso desde el punto de vista del intervencionista que implanta la injerencia. Decir eso no es caer en el fanatismo o la obcecación, es simplemente describir las inevitables consecuencias del intervencionismo.

Cuando Marx y Engels abogaban en el Manifiesto comunista por ciertas medidas intervencionistas, no pretendían buscar arbitraje salomónico entre socialismo y capitalismo. Recomendaban tales medidas (incidentalmente las mismas que constituyen la esencia del New Deal y del Fair Deal) por considerar constituían los primeros pasos hacia la plena instauración del comunismo. Reconocían abiertamente que, aun cuando eran ineficaces e indefendibles desde el verdadero punto de vista social, tenían un valor pues, a medida que se aplicaran, evidenciarían su propia insuficiencia, dando así pie a nuevos ataques contra el antiguo orden, lo que permitiría revolucionar definitivamente el sistema de producción.

La filosofía del progresismo milita pues en favor del socialismo y del comunismo.

viernes, 22 de enero de 2016

Arecaceae Archontophoenix alexandrae Parque de Málaga

Archontophoenix alexandrae (Arecaceae) floreciendo en el Parque de Málaga, el dieciocho de marzo de 2014 (parterre 60 del plano disponible en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad).


Inflorescencia de Archontophoenix alexandrae (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el dieciocho de marzo de 2014.


jueves, 21 de enero de 2016

Martin Scorsese

1973: Malas calles (791 mal, DRA-170)
1974: Alicia ya no vive aquí
1976: Taxi Driver (C-A SCO tax, 791 tax)
1977: New York, New York
1980: Toro salvaje (C-A SCO tor, 791 tor)
1982: El rey de la comedia
1985: Jo, ¡qué noche! (h)
1986: El color del dinero (h)
1988: La última tentación de Cristo (h)
1990: Goodfellas (Uno de los nuestros) (h)
1991: El cabo del miedo (h)
1993: La edad de la inocencia (C-A SCO eda, 791 eda)
1995: Casino (h)
1997: Kundun (h)
1999: Al límite
2002: Gangs of New York (h)
2004: El aviador (h)
2006: Infiltrados (h)
2010: Shutter Island (h)
2011: La invención de Hugo (791 inv)
2013: El lobo de Wall Street (791 lob)
......................
1970: Woodstock: 3 Days of Peace & Music
1970: Street Scenes
1974: Italianamerican
1978: American Boy: A Profile of: Steven Prince
1978: The Last Waltz (El último vals)
1999: Il mio viaggio in Italia (Mi viaje a Italia)
2001: The Concert for New York City: "The Neighborhood"
2003: The Blues: "Feel Like Going Home"
2004: Lady by the Sea: The Statue of Liberty
2005: No Direction Home: Bob Dylan
2008: Shine a Light
2010: Una carta a Elia
2010: Public Speaking

2011: George Harrison: Living in the Material World

Arecaceae Allagoptera arenaria Parque de Málaga

Espádices de Allagoptera arenaria (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diez de febrero de 2014 (parterre 44 del plano disponible en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad).



Allagoptera arenaria (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diez de febrero de 2014.


martes, 19 de enero de 2016

Arecaceae Acrocomia aculeata Parque de Málaga

Acrocomia aculeata (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diecisiete de febrero de 2014 (Parterre 17 en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad)


Tronco espinoso de Acrocomia aculeata (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el diecisiete de febrero de 2014


lunes, 18 de enero de 2016

Arecaceae Acoelorraphe wrightii Parque de Málaga

Acoelorraphe wrightii (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el catorce de febrero de 2014 (Parterre 33 en Blanca Díez-Garretas y Alfredo Asensi: El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad)


Tronco de Acoelorraphe wrightii (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el catorce de febrero de 2014.


Frutos de Acoelorraphe wrightii (Arecaceae) en el Parque de Málaga, el catorce de febrero de 2014.


La familia Arecaceae en las calles, plazas, parques y jardines de Málaga.

 Acoelorraphe wrightii 36°43'7.06"N 4°25'3.65"W Parque de Málaga
 Acrocomia aculeata 36°43'6.58"N 4°25'7.19"W Parque de Málaga
 Allagoptera arenaria 36°43'8.05"N  4°25'0.51"W Parque de Málaga
 Archontophoenix alexandrae 36°43'10.19"N   4°24'53.48"W Parque de Málaga
 Archontophoenix cunninghamiana 36°43'14.98"N 4°24'43.78"W Pl. General Torrijos
 Arenga engleri 36°43'7.34"N 4°25'3.21"W Parque de Málaga
 Arenga micrantha  36°43'6.82"N   4°25'2.25"W Paseo del Parque
 Arenga tremula 36°43'6.60"N  4°25'3.02"W Paseo del Parque
 Bismarckia nobilis 30 S 372432 4063545 Parque de Málaga
 Brahea armata  36°43'7.65"N   4°25'11.10"W Calle Molina Larios x Calle Cortina del Muelle
 Brahea brandegeei 36°43'7.29"N   4°25'3.57"W Parque de Málaga
 Butia yatay 36°43'7.07"N   4°25'1.76"W Parque de Málaga
 Caryota mitis 36°43'5.76"N   4°25'8.25"W Parque de Málaga
 Caryota obtusa  36°43'9.26"N   4°24'53.73"W Parque de Málaga
 Caryota urens  36°43'5.51"N   4°25'8.42"W Parque de Málaga
 Chamaedorea costaricana 36°43'8.28"N  4°24'57.63"W Parque de Málaga
 Chamaedorea elegans 36°43'7.63"N  4°24'59.04"W Parque de Málaga
 Chamaedorea metallica 36°43'5.71"N  4°25'8.17"W Parque de Málaga
 Chamaedorea microspadix 36°43'4.95"N  4°25'7.82"W Parque de Málaga
 Chamaedorea oblongata 36°43'7.78"N  4°24'58.84"W Parque de Málaga
 Chamaedorea seifrizii 36°43'10.03"N  4°24'54.41"W Parque de Málaga
 Chamaerops humilis 36°43'0.00"N   4°26'0.43"W Jardines de Picasso
 Chamaerops humilis var. argentea 36°43'10.58"N  4°24'48.41"W Parque de Málaga
 Chambeyronia macrocarpa 36°43'5.94"N   4°25'7.44"W Parque de Málaga
 Coccothrinax alta 36°43'5.81"N  4°25'6.08"W Parque de Málaga
 Copernicia alba 36°43'7.41"N   4°25'1.54"W Parque de Málaga
 Cryosophila stauracantha 36°43'5.84"N  4°25'6.67"W Parque de Málaga
 Cryosophila warscewiczii  36°43'5.26"N  4°25'8.55"W Parque de Málaga
 Dictyosperma álbum 36°43'2.63"N   4°26'14.77"W Puente de las Américas
 Dypsis cabadae 36°43'5.81"N  4°25'8.18"W Parque de Málaga
 Dypsis decaryi 36°45'18.99"N  4°25'32.80"W Parque La Alegría
 Dypsis leptocheilos 36°43'5.72"N  4°25'8.42"W Parque de Málaga
 Dypsis lutescens 36°43'7.24"N 4°25'2.76"W Parque de Málaga
 Dypsis madagascariensis 36°43'11.28"N  4°24'48.22"W Parque de Málaga
 Gaussia maya 36°43'11.13"N  4°24'47.34"W Parque de Málaga
 Howea belmoreana 36°43'5.69"N   4°25'8.36"W Parque de Málaga
 Howea forsteriana 36°43'7.57"N   4°25'0.33"W Parque de Málaga
 Hyophorbe verschaffeltii 36°43'5.83"N  4°25'6.36"W Parque de Málaga
 Hyphaene coriacea 36°43'6.21"N  4°25'4.27"W Paseo del Parque
 Jubaea chilensis  † 36°43'9.77"N   4°24'53.69"W Parque de Málaga
 Jubaeopsis caffra 36°43'5.78"N  4°25'6.40"W Paseo del Parque
 Latania lontaroides 36°43'8.48"N  4°24'57.89"W Parque de Málaga
 Livistona australis 36°43'3.25"N  4°26'14.71"W Puente de las Américas
 Livistona benthamii  36°43'6.71"N   4°25'6.53"W Parque de Málaga
 Livistona chinensis 36°42'4.03"N  4°26'9.92"W Jardines de Francisco Valverde – Huelin
 Livistona decora 36°42'59.08"N  4°26'14.83"W  (Puente de las Américas); 36°43'33.74"N   4°25'27.01"W (Plaza Escritora Rosa Chancel); 36°43'5.28"N   4°25'49.06"W (Calle Hilera); 36°43'11.37"N   4°24'47.59"W (Parque de Málaga)
 Livistona fulva 36°43'8.62"N  4°24'56.65"W Paseo del Parque
 Livistona mariae 36°43'11.62"N  4°24'49.02"W Parque de Málaga
 Livistona nitida 36°43'0.48"N   4°26'13.02"W Puente de las Américas
 Livistona rotundifolia 36°43'59.85"N  4°26'2.37"W Parque de los Ángeles
 Livistona saribus  36°43'10.51"N   4°24'48.36"W Parque de Málaga
 Parajubaea torallyi 36°43'8.26"N  4°25'1.07"W Parque de Málaga
 Phoenix canariensis 36°42'58.22"N 4°25'29.68"W Alameda de Colón
 Phoenix dactylifera 36°42'35.22"N   4°27'14.29"W Av. José Ortega y Gasset
 Phoenix reclinata 36°43'0.51"N   4°26'12.48"W Puente de las Américas
 Phoenix roebelenii 36°42'35.74"N 4°25'41.74"W Av. Ingeniero José María Garnica
 Phoenix rupicola 36°43'7.77"N   4°24'59.89"W Parque de Málaga
 Phoenix sylvetris 36°43'5.95"N   4°25'6.56"W Parque de Málaga
 Phoenix theophrasti 36°43'6.43"N   4°25'4.11"W Parque de Málaga
 Pritchardia hillebrandii 36°43'6.08"N  4°25'7.01"W Parque de Málaga
 Pritchardia munroi 36°43'6.70"N   4°25'5.68"W Parque de Málaga
 Ptychosperma caryotoides 36°43'6.01"N  4°25'5.51"W Parque de Málaga
 Ptychosperma elegans 36°43'7.29"N   4°25'2.53"W Parque de Málaga
 Ravenea rivularis 36°45'14.79"N  4°25'30.26"W Parque La Alegría
 Rhapis excelsa 36°43'6.12"N   4°25'8.61"W Parque de Málaga
 Rhapis humilis 36°43'5.42"N   4°25'8.56"W Parque de Málaga
 Rhopalostylis sapida 36°43'9.69"N  4°24'54.46"W Parque de Málaga
 Roystonea borinquena 36°43'8.50"N  4°25'0.05"W Parque de Málaga
 Roystonea oleracea 36°43'5.22"N   4°25'9.57"W Parque de Málaga
 Roystonea regia 36°43'8.31"N  4°25'0.72"W Parque de Málaga
 Sabal bermudana 36°41'28.49"N   4°26'29.82"W Paseo Marítimo de Poniente
 Sabal causiarum 36°42'59.13"N  4°26'9.83"W Puente de las Américas
 Sabal mauritiiformis 36°43'5.28"N  4°25'7.99"W Parque de Málaga
 Sabal palmetto 36°43'4.72"N  4°25'9.87"W Parque de Málaga
 Syagrus coronata 36°43'6.87"N  4°25'2.22"W Parque de Málaga
 Syagrus romanzoffiana 36°41'45.62"N 4°26'32.84"W Av. Sor Teresa Prat
 Syagrus schizophylla 36°43'6.75"N  4°25'2.59"W Paseo del Parque
 Trachycarpus fortunei 36°43'2.71"N  4°26'14.54"W Puente de las Américas
 Trachycarpus fortunei 'Wagnerianus' 36°43'6.46"N   4°25'4.73"W Parque de Málaga
 Trithrinax brasiliensis 36°43'11.25"N  4°24'47.19"W Parque de Málaga
 Trithrinax campestris  36°43'3.00"N   4°26'8.15"W Puente de las Américas
 Veitchia joannis 36°43'5.69"N  4°25'6.26"W Parque de Málaga
 Washingtonia filifera 36°43'0.57"N   4°26'0.49"W Jardines de Picasso
 Washingtonia robusta 36°41'35.80"N  4°26'34.13"W Parque Gregorio Sánchez Chiquito de la Calzada

 Wodyetia bifurcata 36°45'17.45"N  4°25'31.52"W Parque La Alegría 

domingo, 17 de enero de 2016

Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» III - LA LITERATURA BAJO EL CAPITALISMO (III-4 La libertad de prensa).



La libertad de prensa constituye señal típica de las naciones libres. El viejo liberalismo hizo de ella su caballo de batalla. Nadie consiguió oponer objeción solida al razonamiento de los dos libros clásicos, Areopagitica, de John Milton, 1644, y On Liberty, de John Stuart Mill, 1859. El poder editar sin tener que recurrir a licencia previa constituía, para todos, presupuesto básico de la libertad de expresión.

Pero solo allí donde hay propiedad privada de los medios de producción puede haber prensa libre. Si el papel, las imprentas, etc., son, como sucede en la comunidad socialista, propiedad del gobierno, la libre expresión se esfuma. Las autoridades deciden en exclusiva quiénes tienen derecho a escribir y qué se vaya a editar y difundir. La propia Rusia zarista, comparada con la Unión Soviética, nos parece ahora un país de prensa libre. Cuando los nazis realizaron sus famosas quemas de libros no hacían sino seguir las indicaciones de uno de los más celebrados autores socialistas: Cabet.

Comoquiera que todos los países avanzan hacia el socialismo poco a poco la libertad de prensa va degradándose en nuestro mundo. Publicar un libro o un artículo cuyo contenido moleste al gobernante o a los grupos mayoritarios influyentes entraña mayores riesgos cada vez. No se liquida aun al disidente como en la URSS, ni arden los manuscritos como otrora en las hogueras de la Inquisición. Los viejos sistemas de censura fueron superados. Los partidos “progresistas” son más “modernos”; simplemente boicotean a aquellos escritores, editores, libreros, impresores, anunciantes e, incluso, lectores que osan manifestar la más leve crítica de sus programas.

Todo el mundo es libre para abstenerse de leer lo que no le guste e incluso para recomendar a otros que hagan lo mismo. Pero muy distinto es recurrir a la amenaza y a la coacción, a las graves represalias contra gentes cuya única culpa es el haber favorecido publicaciones cuyo contenido no agradó a grupos siempre dispuestos a recurrir a la violencia. Un boicot sindical —o su mera amenaza— atemoriza el ánimo y subyuga la voluntad de los dueños de diarios y publicaciones en general, quienes vergonzantemente se someten al dictado de los capitostes laborales.

Los modernos líderes obreristas son mucho más susceptibles que los emperadores y reyes del pasado; se irritan con facilidad; no están para bromas; su cerril disposición acabó enmudeciendo, en este terreno, a la sátira teatral y cinematográfica.

En las salas del Ancien régime se representaban libremente obras (Beaumarchais) ridiculizando a la nobleza; lo mismo hacia Mozart en inmortal opera; Offenbach y Halevy, en La gran duquesa de Gerolstein, satirizaban el absolutismo, el militarismo y la vida de la corte del Segundo Imperio francés. Pero en general Napoleón III y los monarcas europeos se reían a gusto contemplando comedias que les ponían como chupa de domine. El censor de los teatros británicos de la época victoriana, el lord Chamberlain, no obstaculizó la representación de las revistas de Gilbert y Sullivan, que satirizaban las venerables instituciones amparadoras de la no escrita constitución inglesa; nobles lores llenaban los palcos mientras, en el escenario, el conde de Montararat decía que “la Cámara de los Lores nunca pretendió alcanzar alturas intelectuales”.

Nadie puede, actualmente, desde un escenario, meterse en serio con quienes detentan el poder. Los sindicatos, las mutualidades laborales, las empresas socializadas, los déficits y tantas otras lacras del Estado benefactor son temas tabú; cualquier irrespetuosa alusión a tales realidades resulta aviesa y condenable. Los sindicalistas y los funcionarios de los organismos socializantes son vacas sagradas. El teatro solo puede recurrir a aquellos tópicos manidos que han degradado la divertida opereta y las alegres comedias de Hollywood.

sábado, 16 de enero de 2016

viernes, 15 de enero de 2016

Araucariaceae Araucaria columnaris Jardines de Santa Paula Calle Realenga de San Luis Málaga

Araucaria columnaris (Araucariaceae) en los Jardines de Santa Paula, Calle Realenga de San Luis, Málaga, el veintisiete de febrero de 2014.


Tronco de Araucaria columnaris (Araucariaceae) en los Jardines de Santa Paula, Calle Realenga de San Luis, Málaga, el veintisiete de febrero de 2014.


Estróbilos masculinos de Araucaria columnaris (Araucariaceae) en los Jardines de Santa Paula, Calle Realenga de San Luis, Málaga, el veintinueve de junio de 2014.


Estróbilos femeninos de Araucaria columnaris (Araucariaceae) en los Jardines de Santa Paula, Calle Realenga de San Luis, Málaga, el veintidós de marzo de 2014.