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viernes, 29 de abril de 2016

jueves, 28 de abril de 2016

Bertrand de Jouvenel: «Los intelectuales europeos y el capitalismo» VIII



VIII


La hostilidad hacia quien se enriquece, hacia el “homme d’argent”, es una actitud reciente de la intelectualidad laica. Cualquier historia de la literatura europea no puede menos de citar los nombres de numerosos personajes, hábiles para hacer dinero, que protegieron a intelectuales y a lo que parece se ganaron el afecto y el respeto de sus protegidos; así la valentía que demostraron los hombres de letras que defendieron a Fouquet (cuando este financiero y ministro de Hacienda de Luis XIV fue hecho prisionero) demuestra los profundos sentimientos que había inspirado. Los nombres de Helvetius y de Holbach deben aparecer necesariamente en cualquier historia del pensamiento antes de la Revolución francesa; estos dos “hommes d’argent” eran muy admirados en su ambiente. Mientras que el personaje más popular entre los intelectuales franceses en tiempos de la Revolución era el banquero Necker, en la revolución de 1830 otro banquero, Lafitte, es el personaje de primer plano. Pero a partir de entonces los caminos se separan: en adelante los intelectuales no aceptan ya la amistad de los capitalistas, los cuales, a su vez, dejan de ser posibles figuras inspiradoras como había sido Necker. Es bastante extraño que la pérdida de popularidad de quien se enriquece coincida con un aumento de su utilidad social. Los ricos a quienes tanto habían admirado los intelectuales franceses de los siglos XVII y XVIII eran en gran parte concesionarios de impuestos (publícanos). El fundamento económico de la concesión es sencillo: las sociedades concesionarias alquilaban el privilegio de exigir un determinado impuesto, pagando cierta cantidad de dinero al fisco y se preocupaban de que mucho más del montante oficial fuera a llenar sus arcas; la diferencia constituía su beneficio bruto; restando de éste el coste de la exacción se obtenía un pingüe beneficio. Esta manera de proceder merece ciertamente el nombre de “explotación” mucho más que cualquier forma moderna de obtener beneficio. Por lo demás estos beneficios sólo en raras ocasiones se empleaban en inversiones productivas para el país; los concesionarios de impuestos eran famosos por la pompa de sus consumos. Como su privilegio era lucrativo, se ganaban a las personas influyentes de la corte ayudándolas “en caso de dificultad” con gran generosidad. De esta manera el concesionario de impuestos reunía en sí todos los caracteres que suelen atribuirse al “mal capitalista”, sin ninguna de las cualidades que rescatan a este último; no producía nada, sus beneficios eran proporcionales al rigor de sus agentes y mantenía su privilegio con la corrupción. ¡Es realmente paradójico que este tipo de hombre que se enriquece fuera admirado por el intelectual de su tiempo y que cayera en la impopularidad cuando su forma principal de hacer dinero fue la producción de bienes para uso popular

Arecaceae Phoenix roebelenii Málaga Puente de las Américas

Phoenix roebelenii (Arecaceae) en los jardines del Puente de las Américas de Málaga el veintidós de febrero de 2014.


Arecaceae Phoenix reclinata Málaga Jardines de Picasso

Phoenix reclinata (Arecaceae) en los Jardines de Picasso (Málaga) en veintidós de febrero de 2014.



martes, 26 de abril de 2016

jueves, 21 de abril de 2016

sábado, 16 de abril de 2016

Arecaceae Parajubaea torallyi Parque de Málaga

Parajubaea torallyi (Arecaceae) en el Parque de Málaga en tres de marzo de 2014.


Base del tronco de Parajubaea torallyi (Arecaceae) en el Parque de Málaga en tres de marzo de 2014.


jueves, 14 de abril de 2016

Orchidaceae en la Sierra de Mijas, en Manuel Becerra Parra y Estrella Robles Domínguez, “Guía de campo de las orquídeas silvestres de Andalucía” (Ronda, 2009).

Para cada especie se indican las cuadriculas UTM donde han sido localizadas y los meses de floración.

1.           Aceras anthropophorum (L.) Aiton fil. - UF45, UF55, UF65 / IV-VI
2.           Anacamptis pyramidalis (L.) Rich. - UF45, UF55 / V-VII
3.           Cephalanthera longifolia (L.) Fritsch - UF45 /IV-VI
4.           Epipactis tremolsii Pau = Epipactis helleborine subsp. tremolsii (Pau) E. Klein - UF55 / V-VI
5.           Himantoglosum hircinum (L.) Sprengel - UF55 / V-VII
6.           Limodorum abortivum (L.) Sw. - UF55 / IV-VI
7.           Neotinea maculata (Desf.) Starn. - UF45, UF55 / IV-VI
8.           Ophrys apifera Hudson - UF55, UF65 / IV-VI
9.           Ophrys atlantica Munby - UF45, UF55 / IV-V
10.        Ophrys bombyliflora Link - UF45, UF55, UF65 / III-IV
11.        Ophrys fusca Link - UF45, UF55, UF65 / I-V
12.        Ophrys fusca subsp. dyris (Maire) Soó - UF45, UF55 / IV-V
13.        Ophrys lutea Cav. - UF45, UF55, UF65 / III-V
14.        Ophrys lutea subsp. quarteirae Kreutz, M.R. Lowe & Wucherpfennig - UF55 /
15.        Ophrys scolopax Cav. - UF45, UF55, UF65 / III-V
16.        Ophrys speculum Link - UF45, UF55, UF65 / III-V
17.        Ophrys speculum subsp. lusitanica O. Danesch & E. Danesch - UF55 / IV-V
18.        Ophrys tenthredinifera Willd. - UF45, UF55, UF65 / III-VI
19.        Orchis champagneuxii Barnéoud = Orchis morio L. subsp. champaneuxii (Barn.) Camus - UF45, UF55 / III-V
20.        Orchis collina Banks & Sol. ex Russell = Orchis saccata Ten. - UF45, UF55, UF65 / III-IV
21.        Orchis conica Willd. = Orchis tridentata subsp. commutata (Tod.) Nyman - UF55, UF65 / III-VI
22.        Orchis coriophora L. - UF45, UF55, UF65 / IV-VII
23.        Orchis italica Poiret - UF45, UF55 / III-VI
24.        Orchis langei K. Richt. - UF55 / III-VI
25.        Orchis mascula L. - UF45, UF55, UF65 / IV-VI
26.        Orchis olbiensis Reut. ex Gren = Orchis mascula (L.) L. subsp. olbiensis (Reuter ex Grenier) Aschetson & Graebner - UF45, UF55, UF65 / III-V
27.        Orchis papilionacea L. - UF55 / III-V
28.        Serapias cordigera L. - UF55 / V-VI
29.        Serapias lingua L. - UF45, UF55 / III-VI
30.        Serapias perviflora Parl. - UF45, UF55 / IV-VI

miércoles, 13 de abril de 2016

Arecaceae Nannorrhops ritchiana Parque de Málaga

Nannorrhops ritchiana (Arecaceae ) en el Parque de Málaga el cuatro de febrero de 2016.


Bertrand de Jouvenel: «Los intelectuales europeos y el capitalismo» VII



VII

El intelectual se considera un aliado natural del trabajador. Esta alianza se concibe, por lo menos en Europa, como una alianza de armas. En la mente del intelectual está arraigada la imagen del hombre de pelo largo y del hombre de mono azul, en pie en las barricadas, uno junto al otro. Parece que esta imagen tiene su origen en la revolución francesa de 1830 y que encontró el fervor general en la de 1848. La imagen se proyectó entonces hacia atrás en la historia. Se dio por demostrada la alianza permanente entre la minoría de los pensadores y la masa de los trabajadores y la poesía romántica expresó y difundió esta concepción. Pero el historiador no encuentra vestigio alguno de esta alianza en el caso de la intelectualidad laica. Sin duda el clero estaba entregado a curar y confortar a los pobres y a los infelices; más aún, sus filas se nutrían continuamente con personas procedentes de las clases más bajas; de ahí que la intelectualidad eclesiástica fuera el camino por el que los pobres de talento podían llegar a dominar a príncipes y reyes. Pero la intelectualidad laica, alejándose en su desarrollo de su origen clerical, parece que se desentendió de las preocupaciones de la Iglesia. Las muestras de su interés por lo que en el siglo XIX se llamó la “cuestión social” son, hasta este siglo, muy escasas. Existe, en cambio, una amplia documentación de la lucha de los intelectuales laicos contra las instituciones de beneficencia de la época administradas por la Iglesia. En la Edad Media la Iglesia había amasado una inmensa riqueza con las donaciones de los fieles y las fundaciones para fines benéficos. Desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII estas riquezas fueron restituidas a la propiedad privada mediante extensas confiscaciones y en este movimiento los intelectuales desempeñaron una función de primer plano. Puesto que estaban al servicio del poder temporal, empezaron a observar que los bienes eclesiásticos eran los que más difícilmente estaban sometidos a impuestos y, poco a poco, llegaron a pensar que la propiedad sería más productiva en manos de los particulares y, por consiguiente, que la empresa privada era la que mejor servía a las cajas del tesoro del príncipe; finalmente resultó evidente que el príncipe perdía sus rentas y el súbdito sus oportunidades a causa de la acumulación de riqueza en manos perpetuas (véase el informe de D’Aguesseau sobre las fundaciones perpetuas). Los intelectuales laicos tenían en poca consideración las necesidades sociales a que hacían frente las instituciones que ellos trataban de destruir: se tenía que haber hecho una redada de mendigos y mandarlos a los trabajos forzados; he ahí el gran remedio, en abierto contraste con la actitud medieval. Es oportuno comparar la actitud de los intelectuales laicos y la de los más violentos opositores de los servicios sociales en nuestros días, sólo que aquéllos fueron mucho más lejos, adoptando una actitud que acaso reaparezca en nuestra época, dentro de algunas generaciones, en caso de que los servicios sociales absorban gran parte de la riqueza nacional de una economía pobre. En abierta contradicción con los monjes, que tenían que vivir en pobreza junto con los trabajadores, los intelectuales laicos fueron al principio compañeros y servidores de los poderosos. Se les puede llamar amigos del hombre común en el sentido de que combatieron las distinciones debidas al nacimiento y vieron con favor la subida de los plebeyos, especialmente de los comerciantes. Existía un natural vínculo de simpatía entre el comerciante y el funcionario, ya que la importancia de ambos iba en aumento, pero ambos eran tratados aún como socialmente inferiores. Existía una semejanza natural en el sentido de que ambos eran calculadores, ponderadores “racionales”. Existía, en fin, una natural alianza entre los intereses de los príncipes y de los comerciantes. La fuerza del príncipe dependía de la riqueza del país y ésta dependía de la iniciativa individual; estas relaciones las percibieron y expresaron, ya a comienzos del siglo XIV, los consejeros laicos de Felipe el Hermoso de Francia. Los letrados al servicio de los príncipes tendían a liberar la propiedad de las trabas medievales para estimular una economía en expansión, en beneficio de las finanzas públicas. Todos estos términos son aquí anacrónicos, pero no expresan mal la política de entonces.

lunes, 11 de abril de 2016

Arecaceae Livistona saribus Parque de Málaga

Livistona saribus (Arecaceae) en el Parque de Málaga el diez de abril de 2016.


Peciolos de Livistona saribus (Arecaceae) en el Parque de Málaga el diez de abril de 2016.


Espinas peciolares de Livistona saribus (Arecaceae) en el Parque de Málaga el diez de abril de 2016.

domingo, 10 de abril de 2016

Bertrand de Jouvenel: «Los intelectuales europeos y el capitalismo» VI



La sociología y la historia social son disciplinas que hoy están muy en auge y debemos buscar en ellas una ayuda. Sus cultivadores, por desgracia, han dedicado poca o ninguna atención a los problemas referentes al intelectual. ¿Cuál es y cuál ha sido su puesto en la sociedad? ¿A qué tensiones da lugar? ¿Cuáles son los rasgos característicos de la actividad intelectual y qué complejos tiende ésta a crear? ¿Cómo han evolucionado las actitudes del intelectual hacia la sociedad y cuáles son los factores de esta evolución? Todos estos y muchos otros problemas deberían atraer a los estudiosos de las ciencias sociales; su importancia ha sido señalada por los mayores pensadores (Pareto, Sorel, Michels, Schumpeter y, primero entre todos, J. J. Rousseau), pero la “infantería de la ciencia”, por decirlo así, no los ha seguido y ha dejado sin explorar este vasto y fructífero campo de estudio. Por ello debemos contentamos con los escasos datos que poseemos y rogamos se nos disculpe la inexperiencia y la confusión en nuestro intento de investigación, realizada sin los medios adecuados. La historia de los intelectuales occidentales a lo largo de los diez últimos siglos se puede dividir fácilmente en tres partes. En el primer período, la “intelligentsia” fue levítica: los únicos intelectuales fueron los llamados y ordenados al servicio de Dios; ellos eran guardianes e intérpretes del verbo divino. En el segundo período asistimos a la aparición de la intelectualidad laica, siendo sus primeros representantes los consejeros reales; el desarrollo de la profesión legal proporcionó durante mucho tiempo el mayor número de intelectuales laicos; otra fuente fue la de los juglares de corte, que poco a poco fueron ampliando sus intereses pero fue una fuente numéricamente muy poco importante. Esta intelectualidad laica aumentó lentamente en número pero rápidamente en influencia y condujo una agresiva batalla contra los intelectuales eclesiásticos, que fueron poco a poco sustituidos en las funciones principales de la clase intelectual. En un tercer período, que coincide con la revolución industrial, nos hallamos ante una extraordinaria proliferación de los intelectuales laicos, favorecida por la generalización de la educación laica y por el hecho de que la prensa (y más tarde la radio) se convirtió en una gran industria (efecto también de la revolución industrial). Esta “intelectualidad” laica es desde este momento con mucho la más influyente y constituye el objeto de nuestro estudio. Los intelectuales occidentales, en grandísima mayoría, muestran y proclaman su hostilidad hacia las instituciones que denominan globalmente capitalismo. Cuando se les pregunta sobre los motivos de esta hostilidad, dan razones afectivas, como el interés por el trabajador”, la antipatía hacia el capitalista”, y razones morales como “la crueldad y la injusticia del sistema”. Esta actitud revela una singular semejanza superficial con la actitud de la intelectualidad clerical de la Edad Media (y un estridente contraste, según veremos, con la de la intelectualidad laica hasta el siglo XVIII). El centro de la atención y de la actividad de la Iglesia medieval lo constituían los desgraciados: ella era la protectora de los pobres y se ocupaba de todas las funciones que ahora han pasado al “Estado providencia”: alimentar a los indigentes, curar a los enfermos, educar al pueblo. Todos estos servicios eran gratuitos, sostenidos por la riqueza que la Iglesia sacaba de las tasas eclesiásticas y de las cuantiosas donaciones, enérgicamente solicitadas. La Iglesia no sólo ponía siempre la condición de los pobres ante los ojos de los ricos, sino que reprendía continuamente a éstos, actitud que no debe considerarse como un mero intento de ablandar el corazón de los ricos por su bien moral y en beneficio material de los pobres. No sólo se exhortaba a los ricos a que dieran, sino también a que se abstuvieran de perseguir la riqueza. Consecuencia, perfectamente lógica, del ideal de la imitación de Cristo. El afán de bienes terrenos no estrictamente necesarios se consideraba decididamente “malo”: “Teniendo con qué alimentarnos y con qué cubrirnos, estemos con eso contentos. Los que quieren enriquecerse caen en tentaciones, en lazos y en muchas codicias locas y perniciosas, que hunden a los hombres en la perdición y en la ruina, porque la raíz de lodos los males es la avaricia” (I Tim. 6, 8-10). Es claro que una fe que ponía a los hombres en guardia contra los bienes terrenos (“No améis al mundo ni lo que hay en el mundo”, I Carta de San Juan. 2. 15) no podía menos de considerar a los más entusiastas y afortunados buscadores de tales bienes como una vanguardia que arrastraba a sus propios seguidores a la destrucción espiritual. Los modernos, por otra parte, tienen una visión mucho más positiva de los bienes de este mundo: el aumento de la riqueza les parece una cosa excelente, y la misma lógica les debería llevar a considerar a aquellos mismos hombres como una vanguardia que conduce a quienes la siguen a aumentar las riquezas materiales. En la situación material de la Edad Media esta concepción habría sido poco realista. Mientras la riqueza procedía de la tierra, en la cual no se realizaban mejoras y mientras los ricos no efectuaban inversiones productivas, en nada podía beneficiarse la multitud de la existencia de los ricos, si bien esta existencia hizo surgir las industrias artesanas a partir de las cuales se desarrollaron, mucho después, las industrias que producían para las masas; además su existencia sirvió al desarrollo de la cultura. Es tal vez digno de notarse que el uso moderno del beneficio, la expansión derivada de las ganancias retenidas, surgió y se erigió en sistema en los monasterios; los santos varones que los gobernaban no vieron nada malo en extender sus propiedades y en cultivar nuevas tierras, en construir edificios mejores, en emplear cada vez un número mayor de personas. Ellos fueron el primer ejemplo del tipo de capitalista ascético y no consumidor. Berdiaef ha observado con razón que el ascetismo cristiano tuvo una parte fundamental en el desarrollo del capitalismo; es una de las condiciones para que haya reinversión. Me complace observar que los intelectuales modernos consideran favorablemente la acumulación de riqueza por parte de organismos que llevan el sello del Estado (empresas nacionalizadas), que no dejan de tener cierta semejanza con las empresas monásticas. Sin embargo, no reconocen el mismo fenómeno cuando falta el sello estatal.

Orchidaceae en la Sierra de Mijas, en S. Pérez-Sanz, J.M. Nieto & B. Cabezudo, “Contribucion al conocimiento de la flora de la Sierra de Mijas, Málaga, España” (Acta Botánica Malacitana, 12: 189-208 Málaga, 1987)

Para cada especie indican el tipo de formación en la que más frecuentemente se encuentra, el tipo fundamental de sustrato sobre el que se desarrolla, un índice sobre su abundancia y las cuadriculas UTM donde han sido localizadas

1.   Aceras anthropophorum (L.) Aiton fil. - UF65 / PF / Suelos pedregosos muy humificados. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
2.   Himantoglosum hircinum (L.) Sprengel - UF55 / R / Rellanos de rocas calizas.
3.   Neotinea maculata (Desf.) Starn. - UF55, UF45 / PF / Pastizales sobre protosuelo. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
4.   Ophrys apifera Hudson - UF55 / PF / Pastizales de protosuelo y claros de matorral.
5.   Ophrys atlantica Munby - UF55, UF45 / PF / Taludes y claros de matorral.
6.   Ophrys bombyliflora Link - UF55 / R / Herbazales y pastizales de suelos húmedos.
7.   Ophrys dyris Maire - UF55 / R / Suelos pedregosos.
8.   Ophrys fusca Link - 1JF55 / F / Laderas, taludes y claros de matorral. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
9.   Ophrys lutea Cav. - UF45, UF55 / F / Pastizales de laderas, taludes y cunetas. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
10.               Ophrys scolopax Cav. - UF55 / PF / Herbazales de suelos margosos húmedos. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
11.               Ophrys speculum Link - UF45, UF55 / F / Claros de matorral y suelos pedregosos. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
12.               Ophrys tenthredinifera Willd. - UF55 / PF / Claros de matorral. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
13.               Orchis coriophora L. - UF55 / F / Pastizales de suelos margosos.
14.               Orchis italica Poiret - UF55 / PF / Claros de matorrales. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
15.               Orchis mascula (L.) L. subsp. olbiensis (Reuter ex Grenier) Aschetson & Graebner - UF65 / F / Suelos pedregosos y rellanos de rocas. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
16.               Orchis morio L. subsp. champaneuxii (Barn.) Camus - UF55 / PF / Suelos pedregosos. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
17.               Orchis papilionacea L. - UF65, UF55 / PF / Pastizales de suelos margo-calizos.
18.               Orchis saccata Ten. (Orchis collina) - UF55 / F / Claros de matorral y suelos pedregosos.
19.               Orchis tridentata Scop. - UF65 / R / Suelos pedregosos y rellanos de rocas.
20.               Serapias perviflora Parl. - UF55 / F / Herbazales de suelos margosos muy húmedos. (localizada el 09/04/2016 en la subida a Jarapalo desde el Tiro de Pichón)
ABUNDANCIA
Muy rara: MR
Rara: R
Poco frecuente: PF
Frecuente: F
Muy frecuente: MF

Abundante: A

Arecaceae Livistona fulva Parque de Málaga

Livistona fulva (Arecaceae) en el Parque de Málaga el diez de abril de 2016.


martes, 5 de abril de 2016

Entrevista a Francisco Capella por Eladio García para Students for Liberty Madrid (Publicado el 4 ene. 2016)

Livistona australis en John Leslie Dowe

http://researchonline.jcu.edu.au/24103/2/02part-1-of-2.pdf

John Leslie Dowe (2001) «Studies in the genus Livistona (Coryphoideae: Arecaceae)».


Tronco de hasta 25 metros del alto, diámetro a la altura del pecho 25-40 cm, marrón, anillos en relieve, espacio entre anillos 2-12 cm, fisuras longitudinales conspicuas, restos conservados de las bases de los peciolos de unos 50 cm, por lo demás deciduos. Hojas de 35 a 60 en una corona abierta a densa; peciolos de 150-250 cm de longitud, 10-20 mm de anchos, con una cresta poco marcada por el haz y redondeados por el envés, de bordes lisos o provistos de cortas espinas solitarias curvadas agrupadas en la porción proximal, una delgada línea verde claro usualmente presente en la cara abaxial; fibras de la base de la hoja prominentes, finamente tejidas, con aspecto de láminas, persistentes; limbo de la hoja ± circular, 100-130 cm de largo, cartáceo, con haz verde oscuro, brillante, con envés de color verde ligeramente más claro, no céreo; segmentos regulares, 80-100, con extremos péndulos, libres en el 49-69% de su longitud, de ápice hendido en el 50-63% de la longitud de la parte libre del segmento, lóbulos agudos; nervios paralelos más prominentes, c. 8 a cada lado del nervio central; venillas transversales no tan prominentes, delgadas, que atraviesan 2-3 nervios paralelos, con una densidad de c. 23 por unidad de superficie de 15 × 10 mm. Inflorescencia no ramificada en la base, de 140-250 cm de longitud; 6-9 inflorescencias de segundo grado, ramificadas hasta cinco veces; sin brácteas pedunculares; brácteas del raquis flojamente tubulares, densamente flocosas; raquillas glabras de 5-25 mm de longitud. Flores solitarias o en racimos de 2-4, en forma de embudo, de color blanco cremoso a amarillo pálido; sépalos triangulares, 1.2-2 mm de largos, carnosos, agudos; pétalos de triangulares a ovados, 2-3.5 mm de largos, carnosos, subagudos a obtusos; estambres 2.5 mm de largos. Fruto globoso, 12-22 mm de diámetro, marrón rojizo a negro mate, ocasionalmente glaucos; epicarpio con poros dispersos lenticulares; línea de sutura casi tan larga como el fruto; pedicelo 2-3 mm. Semilla globosa, 10-16 mm de diámetro. Eofila con cinco nervios.

Bertrand de Jouvenel: «Los intelectuales europeos y el capitalismo» V



V
La gran mejora en las condiciones de los trabajadores obtenida a lo largo de los últimos cien años la atribuyen muchos a la presión sindical y a buenas leyes que han corregido un mal sistema. Por otra parte, podemos preguntar si esta mejora se habría verificado sin los éxitos de este mal sistema y si la acción política no se limitó a hacer caer del árbol el fruto que aquél había madurado. La búsqueda de la causa verdadera tiene su importancia, ya que una errónea atribución del mérito puede conducir a la convicción de que el fruto se produce sacudiendo el árbol. Finalmente podemos preguntarnos si los “tiempos duros”, que con tanto rencor se recuerdan y de los que se hace culpable al capitalismo, fueron característica específica del desarrollo capitalista o, más bien, fueron un aspecto de un rápido desarrollo industrial (sin ayudas exteriores) que se encuentra en cualquier sistema social. ¿Acaso la Magnitogorsk de los años 1930 aventaja tanto a la Manchester de 1930? Es extraño que el historiador no logre “perdonar” los horrores de un proceso que ha tenido una parte evidente en lo que él llama “progreso”, cabalmente en una época enferma de “historicismo”, cuando se encuentran comúnmente excusas para explicar los horrores que se verifican hoy justificándolos con la afirmación de que conducirán a algo bueno, afirmación que por ahora no se puede demostrar. Indiscutiblemente la indignación estaría más justificada si se dirigiera contra lo que hoy ocurre, contra acontecimientos sobre los que podemos esperar tener cierta influencia, más bien que contra lo que ya no se puede remediar. Y, sin embargo, vienen con facilidad a la mente ejemplos de escritores que han cargado el acento sobre las privaciones de la clase trabajadora británica en el siglo XIX, mientras nada tienen que decir sobre el forzoso encuadramiento de los campesinos rusos en los koljoz. Aquí el prejuicio es descarado. ¿Existen razones específicas que expliquen el prejuicio del historiador? Creo que no. La actitud del historiador presentaría un problema especial sólo si se pudiera demostrar que él fue el primero que puso de relieve los males del capitalismo, que los demás intelectuales no habían percibido anteriormente, induciéndoles de este modo a cambiar su punto de vista. Pero en realidad no ocurrió así. Concepciones negativas del capitalismo, sistemas enteros de pensamiento contrarios a él prevalecían en amplios sectores del mundo intelectual antes de que los historiadores expusieran las injusticias pasadas del capitalismo o antes incluso de que prestaran atención a la historia social. El mayor éxito de Marx es probablemente el haber dado origen a este estudio, que nació y creció en un clima anticapitalista. El historiador no busca hechos sin un fin: su atención se fija en ciertas cuestiones bajo la influencia de sus problemas o de otros problemas corrientes relacionados con su época y éstos le inducen a buscar ciertos datos que tal vez han sido descartados por anteriores generaciones de historiadores en cuanto considerados como de escasa importancia; él los examina empleando esquemas mentales y juicios de valor que comparte al menos con algunos de los pensadores contemporáneos suyos. El estudio del pasado lleva así siempre la impronta de las opiniones del presente. La ciencia histórica cambia con el tiempo y está sujeta al proceso histórico. Ninguna filosofía de la historia es posible si no es aplicando la filosofía a la historia. Resumiendo, la actitud del historiador refleja una actitud difundida entre los intelectuales en general. De ahí que sea a la actitud de los intelectuales a la que debemos dirigir nuestra atención.

Arecaceae Livistona rotundifolia Málaga Parque de los Ángeles

Livistona rotundifolia (Arecaceae) en el Parque de los Ángeles (Málaga) el veintitrés de marzo de 2014.