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lunes, 2 de enero de 2017

Deirdre McCloskey. Estudiando “el milagro europeo”, en otras palabras “El Gran Enriquecimiento” o "El Gran Mejoramiento", y en otras palabras “la gran divergencia”, y en otras palabras “the rise of capitalism” (“el surgimiento del capitalismo”), y en otras palabras “la revolución Industrial”, etc., etc., etc.:



  • The Bourgeois Virtues: Ethics for an Age of Commerce (June 2006), University of Chicago Press (Las virtudes burguesas. Ética para la era del comercio, Fondo de Cultura Económica)

  • Bourgeois Dignity: Why Economics Can't Explain the Modern World (November 2010), University of Chicago Press

  • Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital or Institutions, Enriched the World (April 2016), University of Chicago Press
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Deirdre McCloskey escribe sobre las causas que permitieron surgir al capitalismo y que provocaron la época de mayor crecimiento económico y enriquecimiento de la historia, dejando pequeños todo crecimiento y enriquecimiento previos.

McCloskey denomina al capitalismo "mejoramiento tecnológico e institucional a ritmo frenético, sometido a prueba por intercambios no forzados entre todas las partes involucradas", y también "el increíblemente exitoso liberalismo, en el sentido europeo clásico, aplicado al comercio y la política, a la ciencia y la música, a la pintura y la literatura", o simplemente "el extraordinario progreso inducido por el libre comercio". Algunos todavía creen en el nacionalismo, en el socialismo, en la proliferación de las regulaciones... y están en las garras del pesimismo acerca del crecimiento, el consumismo, el medio ambiente, la desigualdad... tendrían que reconsiderar sus supersticiones, sobre todo por el bien de los más pobres.

La inmensa mayoría de los seres humanos están hoy increíblemente mejor de lo que sus antepasados estaban en 1800. En los dos siglos transcurridos desde 1800 los bienes y servicios disponibles para la persona promedio en Suecia o en Taiwán se incrementaron en un factor 100. No el 100 %, entendido como simple duplicación, sino como multiplicador 100, que implica un 10.000 por ciento. El gran enriquecimiento de los dos últimos siglos ha reducido a la insignificancia cualquiera de los enriquecimientos anteriores a lo largo del tiempo. Explicarlo es el cometido fundamental de la economía y la historia económica, y tarea importantísima para cualquiera de las otras ciencias sociales y para la comprensión de la historia reciente.

¿Cómo explicar ese portento? Las causas no fueron el carbón, el ahorro, el transporte, los altos salarios de los hombres, los bajos salarios de las mujeres y los niños, la plusvalía, el capital humano, la geografía, los ferrocarriles, las instituciones, la infraestructura, el nacionalismo, la aceleración del comercio, el impulso de la baja edad media, el individualismo renacentista, la primera gran divergencia o milagro europeo, la muerte o peste negra, la plata americana, la acumulación originaria de capital, la piratería, los imperios, la mejora eugenésica, la aplicación de las matemáticas para la comprensión de la mecánica, la enseñanza técnica ni el respeto de los derechos de propiedad.

Tales condiciones ya se dieron en las principales sociedades organizadas de Eurasia, en el antiguo Egipto y China, en el Japón del shogunato Tokugawa y el Imperio Otomano e incluso en Mesoamérica y los Andes.

Tales condiciones no pueden explicar el evento más extraño de la historia humana, que comenzó con la dignidad burguesa en Holanda, después de 1600, se afianzó en Inglaterra a partir de 1700 y se extendió por el noroeste de Europa y el resto del planeta a partir de 1800. El mundo moderno se ha construido a partir de una pausada revolución en las convicciones éticas acerca de las virtudes y los vicios; sobre todo por un incremento de la tolerancia hacia las personas que progresaban, permitiéndoles hacer tratos mutuamente beneficiosos e incluso respetando y admirando su éxito. El gran cambio fue la aparición de una civilización de negociantes, en la que se acepta y honra el proyecto burgués: "permítanme hacer dinero en el primer acto y en el tercer acto os haré a todos ricos". Gran parte de la élite, y luego también una parte considerable de la no-élite, del noroeste de Europa llegó a aceptar e incluso admirar los valores de la propiedad, el comercio y los contratos. Los Estados y las Iglesias dejaron al menos de oponerse a dichos valores, como habían hecho hasta entonces con toda su capacidad de violencia. Sobre todo no se combatió la emergencia de la nueva cultural en los recién creados Estados Unidos. Luego, de la misma forma, las élites, y a continuación la gente común, de la mayor parte del mundo siguieron la misma senda, inclusive en este momento, y sorprendentemente, en China e India. La mayor parte de la gente aceptó respetar, o al menos no obstaculizar con estúpidas regulaciones, a la burguesía.


¿Por qué la Revolución Burguesa, el Gran Enriquecimiento posterior a 1800, siguió al incremento del comercio de los siglos XVI, XVII y XVIII? Fue a causa del afortunado cisne negro de la reacción del noroeste de Europa ante la crisis de la Edad Moderna. En el noroeste de Europa encontramos "las Cuatro Erres" (Reading, Reform, Rebellion y Revolution). Los dados fueron arrojados por Gutenberg (Reading), Lutero (Reform), Guillermo de Orange (Rebellion), y Oliverio Cromwell (Revolution). Por un golpe de suerte para Inglaterra los efectos de las Cuatro Erres se superpusieron en ella finales del siglo XVII. Ninguna de los Cuatro Erres tuvo profundas causas europeas o inglesas. Los dados podrían haber sido arrojados en otra parte. Fue algo extraño e impredecible. En 1400 o incluso en 1600 un observador astuto podría haber apostado por una revolución industrial y un enriquecimiento en la tecnológicamente avanzadísima China o en el vigoroso Imperio Otomano y no en la atrasada y pendenciera Europa. Un resultado de las Reading, Reform, Rebellion y Revolution fue una quinta Erre, la Revaluation de la burguesía, primero en Holanda y luego en Gran Bretaña. Esa Revaluation produjo una reevaluación igualitaria de la gente común... El mejoramiento de la condición de los burgueses produjo su liberación económica y su dignificación social, de modo que, por ejemplo, alguien como Richard Arkwright, peluquero e hijo de un peluquero y fabricante de pelucas de Preston, Lancashire, pudo inventar el telar mecánico y llegar a ser, a su muerte en 1792, caballero y poseedor de una de las mayores fortunas burguesas de Inglaterra. La revolución industrial y, sobre todo, el gran enriquecimiento se produjeron por la liberación de los plebeyos del servicio obligatorio a una élite hereditaria, como el señor del castillo o el abad del monasterio, o de la obediencia obligada a un funcionario del Estado, tal como el planificador económico de un ayuntamiento. Y los trajeron los antes despreciados plebeyos de Preston, de Osaka o de “Lake Wobegon”, ejerciendo su libertad de disfrutar de sus inventos y capacidades.