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jueves, 11 de mayo de 2017

Intervención de Antonio Escohotado en la Conferencia Mundial de la Ayahuasca, celebrada el 25 y el 27 de septiembre de 2014 en el Palacio de Congresos de Santa Eulària, en Ibiza. (Ayahuasca: aspectos filosóficos de la experiencia). Intervienen también Jonathan Ott1 y Fernando Sánchez Dragó, pero no se transcriben sus palabras.

Rara vez se le da a un estudioso de la lógica la oportunidad de ver qué relación tiene el leguaje con las cosas a las cuales el lenguaje alude. Aquí la tengo, así como un amable público que soporta las paridas ocasionales de una mente descarriada.
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Ser es la partícula que permite conectar todos los elementos lingüísticos. Vamos a precisar los elementos lingüísticos brevemente: verbos, que son acciones, sustantivos o nombres, que vienen a representar lo que Jonathan llamaba protones y neutrones (núcleos), adjetivos, adverbios, conjunciones y preposiciones. Algunas lenguas no utilizan preposiciones porque, como el alemán y el griego, las sitúan al final de las palabras y entonces es cuando nos enteramos del género, del número… eso no importa. Las personas, cuando se ponen a hablar, quieren de alguna manera remarcar, poner el acento, no saben ellos muy bien si en sí mismos o en las cosas a las que se refieren y entonces usan ampliamente esa parte del lenguaje que llamamos adjetivos. Los adjetivos tienen un pequeño problema, que es que son polares. Digo tienen un pequeño problema en relación con lo que le pasa a los verbos y lo que le pasa a los sustantivos. Si yo digo caballo, caballo; pero si digo no caballo, no pasa nada. No caballo no existe. Yo digo televisión… ahí tenemos una sustancia. Digo no televisión… no hay sustancia. Sin embargo cuando hablo de adjetivos, si no tengo el contrario no tengo nada: alto-bajo, bueno-malo, simpático-antipático. Liberado de la polaridad, el verbo y el nombre, en el lenguaje, son más fieles al ser, que a su vez es una nube de probabilidad que se diluye en todo y que permite conectar una cosa con otra. Estoy completamente de acuerdo con lo que ha dicho Jonathan de que la solidez sólo existe muy parcialmente en las sustancias. Las sustancias concentran la solidez del Universo… las sustancias son muy pocas. La principal (y por cierto que yo pongo en duda que sea la principal) sería el ser mismo. A mí me parece que es una operación no virtuosa y sofística de Martin Heidegger, coger el verbo ser y sustantivarlo. Creo que el verbo no se puede sustantivar, porque el verbo es la parte de la acción y la sustancia es la parte de la acción ya realizada, la acción que, como el capital, no necesita gastarse inmediatamente. El resto de las partículas lingüísticas necesita ir siendo gastado y por eso tenemos sus contrarios, por eso metemos adverbios, por eso las conjunciones conectan las palabras. A mi entender la esencia de la realidad (fíjense ustedes, esencia… los alemanes dicen Wesen…)… esencia, como todo, como sustancia… todo viene del verbo ser. Sustancia es lo que el ser es, lo que el ser era… sido. Es un participio del verbo ser. Esencia es la reflexión del ser sobre sí mismo: el ser propiamente como ser. La esencia de la realidad es todo lo contrario de lo que hemos soñado, pensado, imaginado, deseado, querido… Es lo que pasa, lo que pasa… Da la casualidad de que ahora esta tapa está en este preciso punto, aquí; que no podemos, jamás, acercarnos remotamente a la variable de espontaneidad que tiene el mundo real, el mundo físico. Hay un mundo soñado, el mundo de las utopías, hay un mundo deseado… y hay el mundo que es. Soportar el mundo que es, esa es la tarea de cualquier mente racional, que lentamente se ha ido formando y aprendiendo no sólo sus límites, sino la infinitud del universo. Comíamos hace poco en un restaurante y yo pensaba que el origen de una palabra era barbariensis, y en realidad es barbadensis… ¡qué tontería! Una erre por una de. Luego alguien más en la mesa aclaró que Bahamas, que parece tan anglosajón, en realidad viene de bajamar… de un marinero andaluz que de aquello dijo bajamar… debió de haber una subida y una bajada. La realidad se distingue del mundo imaginado, del mundo de la fantasía, porque la realidad va siempre más allá, porque la realidad es infinita en todas direcciones. Ustedes me podrán decir ¿cuántas direcciones hay? Y yo les diré: infinitas. Estamos hablando de una dimensión transfinita constantemente. En esa dimensión estamos. Es el honor de todo lo que ha llegado a ser, pero aún mucho más el honor de lo que ha llegado a ser y, encima, tiene consciencia de sí, es decir, es esencia, es reflexión. Los latinos decía amor veritas, amor rei: si amas la verdad es que amas las cosas como son, y las cosas, como son, son impredecibles; las cosas, como son, son inconcebiblemente densas. Nosotros no somos nada pero, eso sí, tenemos una ventaja: no hay nada más que nosotros. Somos unos miserables ladrillos, pero no hay más que ladrillos. Luego, todo lo demás, corrientes fabulosas de realidad fabulosa.
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Y aquí vienen las drogas. Estamos acostumbrados a mentirnos. Una droga en particular, la dietilamida del ácido lisérgico, hace imposible mentirse. Por eso buena parte de la humanidad no debe tomarla nunca, porque tiene demasiada mentira dentro para poder seguir viviendo. ¿A otros? A otros les ayuda a no seguir mintiéndose. Pero cuando se habla de que la LSD es alucinógeno, tengo que volver a la genialidad de Jonathan y decir: ¡no! La LSD es el anti-alucinógeno por excelencia. Alucinógeno es el programa de los partidos políticos. Si no podemos mentirnos… y no podemos mentirnos después de tomar LSD y otras muchas sustancias… Baudelaire decía: el que nunca toma vino tiene un secreto importante que esconder a sus semejantes, porque el alcohol es una droga des-inhibidora y hay personas que no se pueden desinhibir, porque si se desinhibe, alguno puede ser hasta pedófilo… y son cosas que no son de recibo. Las drogas están ahí, como el resto de las energías potenciales de la naturaleza, para hacer que el hombre sea más culto, más controlado, más honrado y, sobre todo, más consciente de sí y de esta tarea de humildad de aceptar lo infinito de la realidad, es decir, que el mundo no nos obedece. Que lo más que podemos hacer es conocer el mundo, pero que la obsesión de mandarle siempre contiene una secreta obsesión de individuos a quienes deberíamos de meter en la cárcel, porque quieren ser domadores de personas. Y como mucho aceptamos el circo y que domen un oso o una pulga, pero no que domen personas. Este tipo de individuos lleva unos cinco mil años fastidiando al resto de la condición humana de manera insistente. Las drogas deben hacernos más controlados. Las drogas deben honrarnos. Deben hacernos más exigentes. Jonathan es como mi hermano pequeño y los dos tenemos una pequeña batalla personal (Fernando también… pero es mi hermano mayor)… tenemos una pequeña batalla personal para que todo esto nos haga bien, para que toda esta freedom, todo este estar abierto a la realidad nos ayude a morir mejor y a que las personas luego digan: fueron buena gente… porque no se puede pedir nada más. El que pida otra cosa es un demente. No sólo un demente, sino un demente peligroso. ¿La ayahuasca? La ayahuasca es una LSD flojita. Está bien. Yo la desecaría toda y creo que evitaría buena parte de las peristalsis, pero eso afectaría a toda la parte del ritual que ahora preside este tipo de fármacos y entonces probablemente desautorizaría a los administradores, que en vez de fiarse de los verbos y los sustantivos, que son la esencia del lenguaje, prefieren apoyarse en los adjetivos, sin darse cuenta de que todos ellos son polares y lo mismo fu que fa. Si lo verdaderamente real es esa profundidad infinita, esa independencia infinita que tiene el mundo físico… los griegos decían … queriendo referirse a esa espontaneidad continua y renovada, a ese asombro, ese ¡oh!, que dice en inglés… ese temor reverencial que debe suscitar… Einstein dice: yo, de pequeño, cuando vi unas limaduras de hierro atraídas por un imán, ya me di cuenta de que aquello era todo misterio. Pero hay tantas personas que no se han dado cuenta de que todo es misterio… Pero no misterio del que puede resolver un mago sacando un conejo de la chistera. Misterio que puede despejar el paciente estudio, el conocimiento, la humildad, el respeto. Entonces, si cambiamos la situación y empezamos a decir: mira, a lo mejor yo no voy a escribir nunca más adjetivos; voy a apoyarme solamente sobre verbos y sustantivos (con sus correspondientes preposiciones)… también voy a suprimir los adverbios… nos encontraremos con que el mundo no es más que sustancia (lo de siempre, lo permanente) y accidentes. En el tránsito de sustancia a accidente y de accidente a sustancia, a mí me parece que está todo.
NOTAS

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